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Doctorado Marie Curie en Europa

Alejandra Consejo Vaquero
Doctorado Marie Curie
Alejandra, de 27 años, procedente de Zaragoza, narra su experiencia como becaria del programa ITN Marie Curie para doctorado en Polonia.

Me llamo Alejandra, tengo 27 años y hace dos tuve la suerte de conseguir una beca ITN Marie Curie para  hacer mi doctorado en Polonia. Soy española, de Zaragoza. En mi ciudad estudié la carrera de Física y el máster de Física y tecnologías físicas. En la misma Universidad de Zaragoza empecé a trabajar como investigadora. Fue para el grupo de Tecnologías Fotónicas donde trabajé en un proyecto relacionado con la mejora de la eficiencia de placas solares. Cuando recibí un correo de un antiguo profesor con la oferta de 10 puestos para hacer el doctorado en diferentes países de la Unión Europea, aunque creía que mis posibilidades eran mínimas, pensé que merecía la pena probar. ¡Y vaya si lo merecía! Tan solo cuatro meses después me estaba mudando a Wroclaw.


Wroclaw es una ciudad de tamaño medio en el suroeste de Polonia. Está llena de historia, edificios antiguos, muchos parques y zonas verdes donde pasear cuando hace sol. El centro de la ciudad está lleno de restaurantes y se organizan gran cantidad de eventos culturales cada semana. Aunque el idioma sigue siendo un problema para mí, es un lugar en el que merece la pena vivir.


Pero no decidí cambiar mi cómoda vida, dejar atrás a toda mi familia y mis amigos solo por vivir en una ciudad bonita y diferente. Fue por el reto. El reto de aprender sobre una nueva cultura, una lengua endemoniada, comida distinta a la que estaba acostumbrada y, lo más importante, un nuevo trabajo que era un mundo nuevo para mí. En cuanto aterricé en Wroclaw y me di cuenta de que el agua del río no se movía porque estaba congelada, comprendí que ya no estaba en mi cálida, en todos los sentidos, Zaragoza, y que el desafío acababa de empezar.
Más de 20 personas (10 estudiantes de doctorado, 2 postdoc, 8 profesores universitarios y diferentes colaboradores), 6 países (España, Polonia, Reino Unido, Países Bajos, Suiza y Francia), 5 centros académicos públicos y 4 compañías privadas, con un presupuesto total mayor de 3 millones de euros están involucrados en este proyecto. El objetivo común de todos estos recursos humanos y financieros es claro: estudiar cómo el ojo humano cambia con la edad. Mi papel en este proyecto es diseñar modelos matemáticos para describir la parte anterior del ojo. Es la parte exterior del globo que vemos cada vez que miramos cualquier ojo. Las principales estructuras que lo componen son la córnea y la esclera. La córnea es la lente transparente y central que cubre la parte coloreada del ojo (el iris). La córnea es una superficie curvada, como una bóveda de cristal. La esclera es el blanco del ojo ́. Describir y entender cómo afecta la edad a estas estructuras es el objetivo de mi proyecto de investigación. Es importante en múltiples aplicaciones, como el diseño y la adaptación de lentes de contacto (lentillas). Una de las cosas que más me gustan sobre este proyecto es precisamente su aplicabilidad. Un modelo matemático robusto y fiable que sea capaz de describir con precisión la forma de la parte anterior del ojo, facilitará la adaptación de todo tipo de lentes de contacto. Lo que se traduce para el usuario en no solo un aumento de la comodidad sino también en un ahorro de dinero y tiempo.


ITN de ITN Marie Curie viene de las siglas en inglés ́Initial Traning Network ́ (algo así como ́Red de Formación Inicial ́). Y esas son precisamente otras tres características del proyecto que merece la pena remarcar. Primero, que ha sido diseñado para científicos que están en los primeros años de su carrera investigadora. Segundo, la beca está pensada para ser una ́escuela de investigadores. Tanto mis compañeros como yo hemos hecho muchos y muy variados cursos, y ya no sólo relacionados con el ámbito científico si no también con idiomas y otras disciplinas. Y en tercer lugar, la red. Tener la oportunidad de trabajar en un equipo tan grande y poder asistir a diferentes conferencias y reuniones en diferentes lugares del mundo es una magnífica oportunidad no solo para estar al día y en contacto con el resto de la comunidad científica (y bastante más agradable que leer artículos desde el ordenador), si no también es siempre una puerta abierta a futuras colaboraciones.


Bueno, como mi supervisor me dijo una vez, ser investigador no es un trabajo, es una forma de vida. Significa que no hay horas de trabajo fijas, lo que implica que no puedes acabar de desconectar del todo. Que solo tendrás sueldo mientras tengas la suerte de pertenecer a un proyecto o a una beca y que los periodos de ́sequía ́ son casi imposibles de evitar.  Aunque, por otro lado, probablemente lo mejor de esta opción sea que trabajas para ti mismo y nunca dejas de aprender. Solo necesité escribir mi currículum y una carta de motivación para cambiar mi vida y realmente recomiendo a todo aquel que tenga la oportunidad de hacerlo que lo intente.

 

Alejandra Consejo Vaquero
Estudiante de doctorado en la Universidad Politécnica de Wroclaw (Polonia)

Escrito por Multiplicador Cualificado Eurodesk, Zaragoza

Publicado: Lun, 11/01/2016 - 12:49


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