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CRISIS DE REFUGIADOS - CRISIS DE LA POLÍTICA COMUNITARIA DE ASILO

refugees welcome
La gestión de la llegada masiva de refugiados ha mostrado alguna de los principales problemas de la UE, como la falta de política migratoria y de asilo comunes, pero también el compromiso solidario de buena parte de su sociedad civil.

Tras cinco años de conflicto armado, la guerra civil siria ha provocado 270.000  muertos, la destrucción del país y  la mayor catástrofe humanitaria tras la segunda guerra mundial.  Más de la mitad de sus 23 millones de habitantes ha tenido que abandonar sus casas. De ellos, 7,6 millones se han desplazado forzosamente a otras zonas del país y 4,8 millones fuera de Siria. Los países vecinos soportan la mayor presión migratoria por causa de esta guerra. A la cabeza, Turquía con 2,5 millones de refugiados sirios (el 3% de su población), seguida por  Líbano con más de un millón (que han incrementado en un 28% su población), Jordania 640.000 (que representan el 10% de la población), Irak 250.000 y Egipto 120.000.

 

En 2015 la guerra en Siria se recrudece; la población  pierde toda esperanza en el final del conflicto; el éxodo masivo se multiplica. Los paises vecinos, principales receptores de la oleada de refugiados, asi como los organismos internacionales (ACNUR) y los trabajadores humanitarios que trabajan sobre el terreno están desbordados e insuficientemente financiados. Cientos de miles de sirios confluyen a orillas  del Mediterráneo con refugiados de otras procedencias, principalmente afganos, eritreos e iraquíes. Todos escapan de la guerra, de la persecución política y religiosa o simplemente del hambre y la miseria extrema. Casi la mitad son menores de edad. Buscan un destino seguro donde salvar su vida y las de sus familias, donde encontrar una oportunidad para rehacer esas vidas. Sus miradas están puestas en  Europa.

 

Comienzan a embarcarse en frágiles lanchas y en  botes hinchables  para alcanzar desde la costa turca las islas griegas. La  vía marítima entre Libia e Italia, aunque secundaria, también  incrementa  este tránsito. Las mafias convirtieron el deseo de los refugiados por llegar a Europa a través del mar en un inmenso negocio. Se suceden los naufragios;  3770 personas murieron  ahogadas durante 2015 en esta huida desesperada y 400 en 2016.

 

Hasta junio de 2015 llegan por mar a Italia, y sobre todo a Grecia tantos refugiados como en todo el año 2014. A partir de julio, las cifras se disparan. Al final de 2015  más de un millón de migrantes irregulares  han entrado en  Europa. La mayoría llegan al continente por Grecia para intentar alcanzar Alemania y los países escandinavos por la ruta de los Balcanes, un viaje traumático a través de Macedonia, Serbia, Croacia, Eslovenia y Hungría, hasta Austria. Muy pocos piden asilo en el país de llegada o en los países de tránsito. El sistema europeo común de asilo entra en crisis.

 

El caos es total. Las escenas dramáticas se repiten.La imagen del cadáver del niño de tres años Aylan Kurdi, ahogado en una playa turca el 3 de septiembre, golpea las conciencias de los europeos y se convierte en el símbolo de la tragedia humanitaria.  La sociedad civil se moviliza exigiendo la reacción de sus dirigentes. Los gobiernos de la U.E. intentan consensuar medidas de emergencia, profundamente divididos en la forma de abordar esta crisis. Sólo se consigue un acuerdo  de mínimos, absolutamente insuficiente, para reasentar a 120.00 refugiados,  mientras los mayores esfuerzos se dirigen al refuerzo del control de fronteras y a la contención del flujo migratorio.

 

Tras recibir 1,2 millones de peticiones  de asilo Europa empieza a cerrarse. Más de un tercio de los refugiados han solicitado asilo en Alemania, pero son Hungría con 175.000 y Suecia con 160.000 los que reciben más peticiones por habitante. Muy lejos de esas cifras, España recibió 14.000 peticiones y a principios de 2016 sólo ha recibido a 18 refugiados de los 8.000 que se comprometió a realojar.

 

Desde otoño pasado, se levantan vallas y  se imponen restricciones en los pasos fronterizos. Primero lo hizo Hungría, provocando el desvío de la ruta por Eslovenia. También Bulgaria selló su frontera con Turquía. Austria estableció cupos y elaboró un proyecto de ley para restringir el derecho de asilo y declarar el "estado de emergencia migratorio" Finalmente, en marzo pasado, Macedonia cierra su frontera con Grecia lo que supone la clausura definitiva de la ruta de los Balcanes. Miles de refugiados quedan atrapados en Grecia, Serbia y Croacia.

 

Esta involución está estrechamente relacionada con el auge del populismo xenófobo y antieuropeísta en buena parte de Europa central y del este. La propia Alemania, que ha soportado el mayor peso de la crisis,  abriendo sus puertas a los refugiados y recibiendo  a un millón de personas, ha acabado endureciendo su política de asilo, acosada por el aumento de la islamofobia, los ataque racistas y el ascenso electoral de la extrema derecha.

 

El 18 de marzo de 2016 la U.E. firma un acuerdo con Turquía, por el que los migrantes irregulares que lleguen a partir del 20 de marzo desde ese  país a Europa serán devueltos a Turquía, si no presentan solicitud de asilo o si esta es inadmitida o rechazada por un procedimiento de urgencia. La Unión Europea se compromete a financiar el sostenimiento de los refugiados con 6.000 millones € en los próximos tres años y a  reasentar un sirio declarado en situación de vulnerabilidad por cada sirio retornado a territorio turco.   Turquía obtiene además la exención de visado para que sus ciudadanos viajen por Europa a partir de junio y una aceleración de su proceso de adhesión a la Unión.

 

Se produce un cambio radical en la gestión de la crisis migratoria. Los centros de acogida y registro deben ser evacuados para convertirse en campos de detención. Los 50.000 refugiados atrapados en Grecia que llegaron antes de la firma del acuerdo deben inscribirse en el programa de reubicación en otros países comunitarios, que sigue siendo de cumplimiento voluntario y que hasta ahora solo ha conseguido reasentar a  700 personas de las 160.000 comprometidas.

 

En el Parlamento europeo, la mayor parte de los grupos expresaron dudas legales y morales sobre los términos del acuerdo, que también fue duramente criticado por organizaciones de derechos humanos y organismos de la propia ONU. El Tribunal de Justicia de la UE tuvo que avalar mediante sentencia que el derecho comunitario permite a un estado miembro enviar refugiados a un tercer país considerado seguro, concediendo esta condición a Turquía. Un estado que, aunque firmó la Convención sobre el Estatuto del Refugiado de 1951 sólo concede esta categoría a ciudadanos europeos y ofrece una protección irregular a los procedentes de otros países como Siria (aunque los expertos comunitarios consideran esta protección como "equivalente" a la de refugiado). Además, existen serias dudas de que Turquía acabe con las restricciones a las libertades y la vulneración de derechos humanos que han aumentado en los dos últimos años y que  el acuerdo exige corregir para liberalizar los visados, condición impuesta por Turquía para aceptar la devolución de refugiados.

 

El futuro de los refugiados es notablemente incierto. El futuro de la construcción europea también lo es. El mantenimiento de una Europa sin fronteras, como  espacio de  Libertad, Justicia y Seguridad creado  con el Acuerdo de Schengen es incompatible con la prolongación de cierres de fronteras y restricciones a la libre circulación adoptadas estos últimos meses. Las visiones enfrentadas sobre la crisis y las resistencias opuestas desde estrechos intereses nacionales, han impedido la aplicación de una política europea de inmigración y el desarrollo de un sistema de asilo común. Un sistema que permita solicitar y obtener asilo en la Unión Europea y no necesariamente en uno de sus estados miembros.

 

Europa se ha visto superada por la mayor crisis humanitaria a la que se ha enfrentado en su historia común. La presión migratoria, sumada a los efectos de la crisis económica y  la austeridad sobre las poblaciones han espoleado el antieuropeísmo y la xenofobia.  Pero seguimos siendo mayoría quienes creemos en la necesidad de una Europa más democrática, más social, mas solidaria con el mundo. La construcción europea debe retomarse y completarse recuperando esos principios fundacionales. Corresponde a la ciudadanía y especialmente a la juventud, trasladar a nuestros gobiernos este deseo mayoritario.

 

Escrito por Multiplicador Cualificado Eurodesk, Instituto Aragonés de Juventud

Publicado: Mie, 04/05/2016 - 11:12


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