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Adicciones sin drogas ¿es posible?

Es frecuente que la palabra adicción la asociemos a la palabra droga ya que parece que una palabra va de la mano de la otra. Pero lo cierto es que el fenómeno de las adicciones es mucho más amplio y complejo.

Las adicciones pueden ir de la mano de hábitos de conducta aparentemente inofensivos que pueden convertirse en adictivos e interferir gravemente en la vida cotidiana de las personas afectadas. Son las conocidas como adicciones psicosociales sin sustancias, de conducta, socioadicciones o adicciones psicológicas.

¿Qué le pasa a algunos chicos si se dejan el teléfono móvil en casa?, ¿qué pasa cuando no se pueden conectar a internet?, ¿qué nos ocurre si nos pasamos el día calculando las caloría de todo lo que comemos y averiguando cuántas calorías quema un determinado ejercicio?, ¿qué nos ocurre si el “uso” que hacemos del trabajo, el ejercicio, la alimentación, las actividades de ocio y tiempo libre nos hace vulnerables, nos genera soledad, angustia, inseguridad o nos altera el humor?, ¿tendrá o no una adicción?

En este punto no ha lugar a otra pregunta: ¿cuándo podemos hablar por lo tanto de adicción? No cabe duda de que no toda persona que usa el teléfono, accede a internet, va al gimnasio, va de compras o trabaja es una persona adicta. No podemos hablar de dos extremos adicción y no adicción; no es algo dicotómico, es más bien un continuo. Un hábito o conducta se puede convertir en adicción cuando pasa a ser  dañina; se pierde la capacidad de controlar la conducta a voluntad conviritiéndose en un  deseo constante perdiendo interés por otras actividades.

No se trata de patologizar nuestras conductas habituales o saludables, sino visibilizar cómo algunas conductas habituales pueden volverse no saludables teniendo en cuenta la intensidad, el tiempo dedicado, el grado de interferencia en la vida social, familiar, escolar o laboral de las personas.

Una de las claves para prevenir estas adicciones es proporcionar  información y  asesoramiento;  hablar de estos temas es el inicio para poder estar alerta ante este tipo de situaciones. Sin duda, la educación y promoción de un ocio saludable es otra de las claves fundamentales; promover y fomentar el uso creativo del ocio y del tiempo libre, educar en el disfrute de aficiones enriquecedoras y variadas.

Las familias pueden actuar como factores de protección. En la familia se pueden reforzar ciertas conductas, se pueden premiar aspectos como es desarrollo del espíritu crítico, las habilidades frente a la presión mediática, la empatía, las habilidades sociales, el espíritu cooperativo, la solidaridad, etc.

Es trabajo de todos y todas que la gente joven se desarrolle de forma saludable para que puedan realizar sus actividades diarias  sin ataduras y sin llegar a convertirse en una adicción.


Escrito por Multiplicador cualificado Eurodesk, Xunta de Galicia.


 

Publicado: Mar, 20/05/2014 - 09:18


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