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Salinas de Isla Cristina: sostenibilidad y modernidad desde Andalucía

Salinas
La sal, elemento tradicional de la cocina mediterránea, hoy se explota en salinas como las de Biomaris (Huelva), convirtiéndose en motor de las economías locales.

Los romanos empiezan a explotar las salinas del sur de Andalucía nada más asentarse en esta tierra. Apreciada tanto por su valor como condimento como por su poder conservante, la utilizaban también como canje en las transacciones comerciales.  En algunos momentos los soldados eran pagados con sal, de ahí la palabra "salario". De los celtas, aprendieron a conservar en salazón el jamón y otros productos del cerdo. Y vinculada a la actividad guerrera del Imperio, la sal les servía para arrasar los campos después de la batalla; como venganza  evitaban de esta forma que se pudiera volver a cultivar en ellos.


En la provincia de Huelva, la localidad costera de Isla Cristina, tiene una de estas salinas tradicionales. Los datos de extracción de sal en este territorio, se remontan precisamente a la época romana. Ligada a la pesca y a la industria conservera de la salazón, se ha mantenido hasta nuestros días. El depósito de sedimentos del río Carreras, unido a la fuerza de las mareas, ha originado un conjunto de marismas, esteros, canales y llanuras fangosas que ocupan esta franja costera.  La sal, compuesto mineral denominado cloruro sódico, se encuentra de manera natural en el mar y en la tierra.  Aquí la extracción se realiza durante los meses de calor. La actividad comienza a partir del mes de junio y finaliza con la llegada de las lluvias de otoño.


Biomaris es el nombre actual de la salina. Manuela Gómez, su responsable, explica que: " la sal se recoge manualmente y no pasa por ningún proceso industrial,  y posteriormente, se mantiene en sacas durante un año dejando que el sol y el viento la seque para dar un producto puro". Biomaris suele recoger al año, dependiendo de la meteorología, entorno a las 300 toneladas de sal marina de grano gordo y 15 toneladas de Flor de Sal y Escamas de Sal.


Manuela ha tomado el testigo de un negocio en el que se inicio su abuelo, hace ya más de 50 años, de la mano de empresarios alemanes que por aquella época, pusieron en explotación las salinas. Con espíritu emprendedor y buscando abrir nuevos huecos para el mercado de la sal, una de sus apuestas en los últimos años ha sido la de la aromatizar la sal: con curry, romero, salvia, tomillo o incluso rosa, son ya numerosas las variedades que ofrece en su pequeño establecimiento situado en la misma salina.
Junto a los usos tradicionales de la sal, la salina Biomaris dispone de una balsa de sales de magnesio, donde es posible sumergirse y beneficiarse de las propiedades terapéuticas que este mineral tiene para la piel, los músculos, y el cuerpo en general.


 Tradición recuperada y ahora exportada al resto del mundo gracias al empeño de esta mujer y a las nuevas tecnologías, que hoy por hoy, permiten que este producto llegue a todas las cocinas del mundo. De hecho, ya se exportan al extranjero unas 8 toneladas de flor y escamas de sal.

*(con información facilitada por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico y Manuela Gómez responsable de la empresa Biomaris)

 

Escrito por Multiplicador Cualificado Eurodesk, Instituto Andaluz de la Juventud

Publicado: Mar, 06/10/2015 - 12:31


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