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“Algas”: un clásico renovado por tres jóvenes andaluzas

Mónica, Raquel y Consuelo son tres jóvenes emprendedoras que han logrado poner en marcha un proyecto pionero: la comercialización de algas gaditanas.

Esta es una historia con un principio de sobra conocido por todos: tres jóvenes estudiantes, casi terminando su carrera y buscando qué hacer después. La localización: Bahía de Cádiz, un entorno privilegiado de la naturaleza rico en recursos a los que nuestras protagonistas deciden mirar. Las algas. Han estado desde siempre presentes en al gastronomía japonesa y aquí, en Andalucía, pueblan las salinas y antiguos esteros dificultando además el trabajo de recogida de los salineros. Entonces, ¿por qué no intentar incorporarlas a nuestra dieta y de paso ampliar el abanico de la economía local más allá de sus usos y costumbres tradicionales?

 

De esta idea-semilla surge la empresa "Innova Vegetalia del Mar", creada por tres jóvenes licenciadas en Ciencias del Mar: Mónica Medina, Raquel Velázquez y Consuelo Guerra, que se convierten en las primeras en comercializar las algas de las salinas gaditanas. El respaldo y apoyo de diversas entidades y empresas fueron determinantes para que el proyecto se difundiera y conseguiese así los necesarios apoyos económicos.

 

Con el “Atreveté 2008”, un certamen de ideas convocado por la Universidad de Cádiz, lograron 1.000 euros. Después, consiguieron el premio  "Uniproyecta", del Banco Santander -dotado con 10.000 euros-, que constituyó un verdadero espaldarazo. Además, el Instituto Andaluz de la Juventud les reconoció también su mérito como jóvenes emprendedoras al otorgarles el premio "Andalucía Joven", en 2012.

 

Gracias a estos premios en metálico y a endeudarse en cierta medida, lograron finalmente reunir un capital inicial que invirtieron en la puesta en marcha del proyecto. Tres años de trabajo les llevó dar forma a la idea por su complejidad técnica inicial y curiosamente, al ser las algas un producto de consumo poco conocido en España, por la falta de legislación sobre el tema. Cuando todos los trámites administrativos y permisos sanitarios estuvieron listos, en el verano de 2010, se facturaron los primeros envíos en una nave de la Escuela de Empresas de San Fernando con el nombre comercial de "Sur Algae".

 

De las plantas que comercializan, la más conocida es la "lechuga de mar" por su parecido con la de campo; y otra muy común en los esteros que rodean San Fernando, Chiclana, Puerto Real y El Puerto, la "salicornia" o "espárrago de mar", una planta silvestre que se parece por su forma y sabor a los espárragos.

 

Esta idea original se convierte en la práctica en negocio "sostenible" en términos de biodiversidad y explotación de recursos locales. Por un lado, se pone en valor un producto como las algas hasta ahora no aprovechado en el entorno y de gran valor nutritivo; y por otra parte, al limpiar las salinas de plantas y algas, los salineros pueden hacer mejor su trabajo de recolección de sal y cría de peces.

 

La jornada de estas tres chicas comienza temprano. Con una nevera llegan a las salinas para recolectar las algas. En las instalaciones de San Fernando, se preparan para comercializarlas. Las frescas se someten a un proceso de limpieza y depuración con agua de mar esterilizada con ozono. Se sirven a tiendas y restaurantes porque hacen buen maridaje con mariscos y pescados. Al igual que las verduras de tierra, hay que consumirlas en un plazo de tiempo corto: una o dos semanas. Por eso, han desarrollado técnicas que ya se utilizaban en otros lugares donde se comercializan las algas, como la deshidratación. En una especie de hornos, a las algas se les quita parte de su contenido en agua y así, pueden conservarse hasta tres años. En casa de los clientes, las algas se meten en agua y se rehidratan, con lo que vuelven a adquirir su textura y consistencia originales. Innova Vegetalia del Mar ha puesto en marcha una tercera fórmula "las algas en sal",  un producto a medio camino entre el fresco y el desecado, pero que dura seis meses. Para el proceso, utilizan sal de las salinas artesanales de Bartivas, en Chiclana.

 

Han surgido también algunos otros productos originales como las algas en polvo, que sirven para condimentar o incluso empanar y rebozar, sobre todo, pescado, lo que le da un sabor muy especial. Otra novedad son los picos y panes de algas. En su composición, junto a la harina y levadura tradicionales, llevan algas y agua de mar, que suelen servirse para acompañar todo tipo de platos dándole sabor a mar.

 

El final de esta historia, con un arranque común, es ya el futuro de estas tres emprendedoras: ir aumentando la carta de productos y seguir aprovechando los recursos naturales de la zona, donde, en la actualidad, se llevan a cabo numerosos proyectos de investigación en esta misma línea desde la Universidad de Cádiz.


Escrito por Multiplicador Cualificado Eurodesk, Instituto Andaluz de la Juventud

 

Publicado: Mie, 12/11/2014 - 14:33


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