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Redes-cubriendo sensaciones…

¿Quieres salir conmigo?. Eran tres palabras que todo/a adolescente deseaba oír de boca de su objeto de deseo. Hoy por hoy son palabras para el recuerdo.

El deseo de encontrar “pareja”, sigue y seguirá siendo uno de los objetivos primordiales en la vida de las personas, porque de forma innata, todos tenemos la necesidad y capacidad de recibir y ofrecer; ternura, afecto, cuidados, placer.


Ello nos lleva a querer encontrar a la persona por la que sentirnos deseados y a la que desear. Con la que compartir nuestra sexualidad y/o nuestro mundo en general.


Igual que se perdió la atracción innata por el olor de las feromonas, a causa del consumo de geles, perfumes, desodorantes…, en este mundo cada vez más técnico e informatizado, se va perdiendo la ilusión y la esperanza de los encuentros que se dan espontáneamente entre dos personas receptivas de las señales “erótico-ambientales” del momento, del lugar.


Los encuentros van ganando terreno que surgen tras las “búsquedas” por Internet. Las páginas de contacto nos ofrecen un gran abanico de opciones sin salir de casa, a la hora de buscar “escaparates” donde encontrar el “producto” deseado. La cuestión es no caer en el error de reducir exclusivamente nuestra “búsqueda”, en el mundo de la seducción, al camino más rápido, el virtual. Llegando hasta el punto de sistematizar tecnológicamente algo tan instintivo y natural como es la atracción sensorial y emocional, “encarcelando” los sentidos detrás de una pantalla, dejándolos “presos” e inhabilitados del disfrute de la mayoría de sus facultades más primates: oler, tocar, saborear… Porque cuando se trata de interacciones humanas, “virtualizar” el terreno”, implica reducir la intensidad del sentir.


También tenemos que tener cuidado con el tiempo que dedicamos a “lo virtual” y hasta qué punto, ello está controlando y condicionando nuestra conducta y emociones. Fijaros en las horas que dedicamos a whatssapear, twittear, cotillear en Facebook… Tiempo que perdemos para “encontrarnos” con nosotros mismos o quedar con personas que alegran nuestros días. Además, cuando algo es buscado, requiere previamente una importante dedicación de tiempo, por lo que si el resultado no es satisfactorio nos invade la frustración. Lo efectivo y saludable es saber gestionar, tanto el tiempo, como la implicación emocional.


Por todo ello, no está de más refrescar el modo tradicional de “encontrarnos”. Aquel que hizo que nuestros padres, abuelos, bisabuelos… “conectaran”. Aquel que hoy en día queda “cubierto” por las redes virtuales. Ese modo tradicional en el que el hecho de estar en el lugar adecuado, en el momento oportuno, transforma miradas en redes inalámbricas, sin miedo a perder la cobertura, llena todos los gigabytes que puede soportar el más potente ordenador (nuestro cerebro), a través de los sentidos y da opción de experimentar la fusión y el calor de dos cuerpos que están cerca, tanto como quieran permitirse.



Pensemos que si el instinto de “encontrarnos” es innato, ¿por qué no seguir creyendo en nuestra capacidad de poder conocer a alguien en la espontaneidad del presente real?. No existe otra forma de poder disfrutar del encuentro en su mayor dimensión, si no es sintiendo, viviendo todos y cada uno de los estímulos del momento. Esos momentos que dejan promesas tatuadas en la piel, con “tintes” de deseo y “mensajes” de placer. Momentos que suelen hacerse cortos para dar sentido al deseo de volver a suceder.


Abramos el abanico de nuestra “búsqueda amatoria”. Recordad que si buscamos nos frustramos, si vivimos, sentimos. Por tanto, sonriamos a la vida allá donde pisemos, porque tal vez justo ahí, estemos sin saberlo en el lugar adecuado, en el momento oportuno y sin querer formular nada, sintamos cómo la “química” del momento nos atrapa.


Escrito por Multiplicador Cualificado Eurodesk, Alicante

Publicado: Jue, 18/06/2015 - 08:19


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