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El juego como recurso en la educación no formal
El juego como recurso en la educación no formal

El juego como recurso en la educación no formal

El juego como realidad antropológica es una constante de la especie humana, constante que en cada cultura y en cada época ha tenido sus propias características, posibilidades de desarrollo y valoración.

Podemos considerar el juego como indicador cultural y social, ya que buena parte del capital cultural de cada época está recogido en su patrimonio lúdico.

En la infancia, la actividad lúdica es una faceta del comportamiento infantil que desempeña un papel fundamental en el desarrollo. En esta etapa de la vida, el juego favorece la adquisición de la autonomía y la autoconfianza y contribuye a la formación de la personalidad. El juego ayuda a trabajar cinco aspectos fundamentales en el desarrollo del niño y la niña: la afectividad, la motricidad, las capacidades cognitivas, la creatividad y la sociabilidad.

 

De pronto los niños y las niñas crecen y esta actividad generadora de tantos beneficios va desapareciendo. Debemos de profundizar un poco en qué son los juegos y que beneficios proporcionan en las personas para hacer una reflexión seria de si queremos abandonar esta práctica o no, no importa la edad.

 

Sigmund Freud afirma que:

“El juego es un comportamiento que responde a unas necesidades, sometido a unas leyes y presenta una significación que no tiene nada de gratuita.”

Y Johan Huizinga dice lo siguiente:
“El juego es una conducta espontánea, no impuesta, sin reglas, que da origen a asociaciones que tienden a rodearse de misterios o a disfrazarse para destacarse del mundo habitual. Es una acción libre y ejecutada como sí. De esta acción no se obtiene provecho alguno.”

 

El juego es libre, divertido, permite conocer y conocernos mejor, es socializador, creativo, ayuda a crecer, facilita que nos apreciemos a nosotros/as mismas, a querernos más, genera confianza y cooperación entre las personas, mejora nuestra capacidad de comunicarnos y de resolver conflictos, nos enseña a escuchar, nos ayuda a superar nuestras frustraciones... podría seguir enumerando todos los beneficios que nos aporta el juego, seguramente sea una lista difícil de concretar.

 

El juego genera placer, es abierto, libre,  existen juegos de muchos tipos los cuales se pueden adaptar a las necesidades individuales y grupales de las personas y los cuales repercuten directamente en el bienestar de quien las personas que los practican, teniendo ocasión para encontrarnos con nuestro equilibrio emocional, autocontrol, imaginación, creatividad,  compensa la actividad física y mental.

 

Es innegable que el juego puede cumplir todas estas funciones en nuestra vida y nuestro desarrollo, algunas de ellas tan indispensables como indispensable es el juego para desarrollarlas.

Por ello, y aunque de manera absolutamente inconsciente (aunque esto pueda ser rebatible), cuando jugamos estamos respondiendo a una serie de necesidades y tenemos diferentes objetivos para hacerlo.

Freud nos introduce en lo que debe ser nuestro papel, el de la utilización del juego como un recurso, un recurso de posibilidades ilimitadas y tan rico como la vida misma. Un recurso que tiene tanto jugo como se le quiera y se le pueda sacar.

 

Desde estas palabras invitamos a que se haga una reflexión y para hacer consciente todo lo que nos da el juego.

Para que lo que hagamos lo hagamos jugando, no depende tanto de lo que hagamos, sino de cómo lo hagamos, y de la "especial" relación que podamos mantener en ese momento con ese espacio, ese tiempo, y las cosas y las personas que nos rodean, es decir, depende más del comportamiento que desarrollemos en dicho "instante mágico" que de lo que realicemos.

 


El juego está muy presente como herramienta de trabajo en la educación no formal, la mayoría de las prácticas que se llevan a cabo en España tienen ese carácter “de no formalidad” que permiten desarrollarse de una forma ágil y flexible.

Las prácticas en Educación no formal comparten unas características comunes:

•    Desarrollan teorías o principios propios.
•    Se adaptan a sus destinatarios y contextos.
•    Se diseñan, planifican, en cada momento: continua redefinición.
•    Multidisciplinares.
•    La participación es voluntaria.
•    Se desarrollan en espacios diversos, no se circunscriben a un aula.
•    Y utilizan diversidad de medios y recursos entre ellos el juego como herramienta indispensable.

 

Debemos de dar mucha importancia a esta herramienta para que nuestros niños/as y jóvenes adquieran actitudes y aptitudes para un buen desarrollo  personal y colectivo. Por último, debemos tener muy presente que nunca se termina de aprender, así que el juego debe de estar presente en la vida de todas las personas, ya que apostamos por una educación continua y permanente que la educación no formal proporciona a todos y todas.

 

Manual de monitores de tiempo libre
http://www.navarra.es/home_es/Temas/Juventud/Publicaciones/

Revista de estudios de juventud 74.
Jóvenes y educación no formal
http://infojove.caib.es/jovenesyeducacionnoformal.pdf

 

Escrito por Multiplicador Cualificado Eurodesk, Instituto Navarro de la Juventud