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Qué hacer cuando no sabes qué hacer.

Qué hacer cuando no sabes qué hacer.
¿Estudiar otra carrera? ¿Trabajar en algo para lo que no he estudiado? Aprender inglés, cambiar tu vida. La decisión de ser au-pair puede ser una de las más difíciles de tomar, pero para mí, ha sido la mejor experiencia de mi vida.

Llega el gran día, el día de tu graduación. Cuatro años esperando que llegue este momento, pero después… ¿qué? En mi caso lo tenía claro, había que opositar. El problema llega cuando te das cuenta que como tú, hay otras 10.000 personas, y con mejor preparación, el doble. El no tener un futuro claro es lo que nos empuja a muchos jóvenes recién titulados a coger un avión destino a países de habla anglosajona, en mi caso, Inglaterra. Sin embargo, no quería irme con una mano delante y otra detrás, quería tener algo que me asegurara una estancia cómoda sin preocupaciones, al menos al principio.

 

La decisión estaba tomada: me iba de au-pair. Una decisión dura, dejas atrás todo lo que conoces, dejas familia, dejas amigos y de repente te encuentras en un aeropuerto con una señora hablando muy deprisa y una niña de ojos saltones que no dejaba de mirarte. Y te pierdes. Todos los comienzos son duros, y en este caso en un país desconocido, todavía más, y eso que yo contaba con “el colchón” de tener un título de inglés B2. Fue pasar dos horas allí y darme cuenta que de nivel intermedio, nada. Había mucho que aprender y a mí no me faltaban ganas.

 

Llegamos a casa, un pequeño pueblo al oeste de Londres llamado Wooburn Green donde me encontré con dos niñas más, un conejo, dos gatos y mucha incertidumbre. Allí pasé nueve meses con mis pequeñas, Rosie, Clara e Issy, cuidándoles, enseñándoles, y aprendiendo de ellas también. Trabajas, estudias, aprendes inglés y haces amigos, buenos amigos en los que apoyarte cuando te levantas otro día y ves que, inevitablemente, llueve otra vez. Viajas por el país, te adentras en una cultura, una forma de pensar y de actuar muy diferente a la nuestra, y vives.

 

El trabajo, el estar lejos de casa, a veces puede parecer duro, pero compensa cuando recibes una sonrisa o un abrazo de tus pequeñas, o cuando vuelves a casa por Navidad y te das cuenta que lo que antes de irte podía parecer tan difícil ya no lo es, porque lanzarte a la aventura de esta manera te obliga a afrontar las cosas de diferente manera, te obliga a madurar y a día de hoy me siento orgullosa de la decisión que tomé, porque sin duda esa experiencia me ayudó a ser mejor persona y a querer seguir luchando por lo que quiero alcanzar.

 

Escrito por Lucia de Miguel Bartolomé y enviado por Multiplicador Cualificado Eurodesk, Campo de Criptana

Publicado: Mar, 14/03/2017 - 10:30


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