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LAS HABILIDADES SOCIALES Y LA ASERTIVIDAD PARA VENCER LOS CONFLICTOS

Los conflictos son los espacios de tiempo en los que salen a flote las diferencias entre dos o más implicados.

Los conflictos ofrecen un potencial educativo muy aprovechable ya que la mayoría de ellos inciden en la socialización y en la convivencia. Los monitores y educadores deben adecuar las soluciones de dichos conflictos para que sirvan de aprendizaje, mediación y de establecimiento de acuerdos consensuados. 

Las consecuencias de los conflictos pueden ser negativas o positivas, dependiendo de cómo se gestione. La violencia es una forma negativa y destructiva de gestionar un conflicto. Los modos más frecuentes de afrontar un conflicto son los siguientes:

  1. Afrontamiento no punitivo: Se prescinde del castigo y se busca clarificar las conductas en positivo.
  2. Manejo de la voz y los gestos en términos no reprobatorios, sin dureza en las expresiones.
  3. Tiempo fuera: Apartar de una situación o a actividad a uno o varios por su mal comportamiento, procurando que la separación no resulte demasiado angustiosa.
  4. El castigo explícito: Hay que tener en cuenta que muchas veces el castigo no consigue una reacción positiva; por lo que para poderse imponer se debe estar seguro que ayudará realmente al cambio.

Los conflictos son algo que forma parte de las relaciones humanas, al igual que las emociones negativas. Se trata de algo inevitable derivado de la diversidad y las diferencias entre las personas. Por ello, hay que intervenir para que estas situaciones se repitan lo menos posible.

Es necesario la disposición de habilidades sociales en la solución de conflictos, ya que éstas son conductas que se aprenden para establecer relaciones favorables entre las personas con las que se interactúa.

En concreto cuando hablamos de relaciones adecuadas también hablamos de asertividad, que sería el término contrario al conflicto, hacia el cual debemos tender nuestra intervención como educadores. La asertividad implica la expresión de los propios sentimientos, la defensa de los derechos propios y ajenos; así como las conductas y la autoafirmación.

Muchas de las dificultades que surgen entre los iguales, provienen, de no resolver los conflictos de forma asertiva, y en este sentido, aquellos que lo logran; gozan de unas relaciones más placenteras y tranquilas.

El comportamiento asertivo no representa, algo que únicamente haya que enseñar a los niños y jóvenes; sino que este tipo de habilidades se pone en cuestión en todas las relaciones que el ser humano establece, y, por tanto, los primeros que deberían tenerla son los propios padres y educadores.

Estas habilidades sociales, como la mayor parte de aprendizajes que el individuo adquiere durante su desarrollo, se adquieren en la familia, de forma que el valor que la familia otorga a estas habilidades determina en gran medida el desarrollo socioafectivo.

Estas habilidades son conductas que se aprenden; por lo que un joven poco habilidoso (violento o irascible) es aquel a quien el medio no le ha proporcionado suficientes experiencias y modelos correctos para aprender.

 

De manera que aquellas familias, que aceptan y hablan sobre emociones en el hogar, tienen hijos más capaces de autorregular sus emociones y más capaces socialmente.

 

Es función de la familia, el sistema educativo y del conjunto de la sociedad, encargarse de brindar a los sujetos en proceso de socialización y formación, las herramientas de análisis y la crítica, tanto positivas como negativas, necesarias para una adecuada convivencia. 

 

Escrito por Multiplicador Cualificado Eurodesk, Ayuntamiento de Conil de la Frontera

Publicado: Mar, 03/10/2017 - 11:52


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