Navigation path

Left navigation

Additional tools

Comisión Europea - Discurso - [Solo es auténtico el discurso pronunciado]

Estado de la Unión 2015: La hora de la sinceridad, la unidad y la solidaridad

Estrasburgo, 9 de septiembre de 2015

Jean-Claude Juncker
Presidente de la Comisión Europea

Excelentísimo señor Presidente,

Señorías,

Tengo hoy el honor, por vez primera durante mi mandato como presidente de la Comisión Europea, de dirigirme a esta Asamblea para analizar el estado de nuestra Unión Europea.

Quisiera por ello recordar la importancia política que reviste esta extraordinaria ocasión institucional.

El discurso sobre el estado de la Unión está explícitamente previsto en el Acuerdo Marco que rige las relaciones entre el Parlamento Europeo y la Comisión Europea. En virtud del mismo, «[c]ada año, en el primer período parcial de sesiones del mes de septiembre, se celebrará un debate sobre el estado del Unión en el que el Presidente de la Comisión expondrá un balance del año en curso y una previsión de las prioridades para los años siguientes. A este fin, el Presidente de la Comisión transmitirá en paralelo por escrito al Parlamento los principales elementos rectores de la preparación del programa de trabajo de la Comisión para el año siguiente».

El discurso sobre el estado de la Unión exige que el Presidente de la Comisión haga balance de la situación actual de la Unión Europea y establezca las prioridades para el futuro.

Pone en marcha el proceso interinstitucional que desemboca en el nuevo programa de trabajo de la Comisión Europea para el año siguiente.

Esta mañana he enviado, junto con el vicepresidente primero, Frans Timmermans, una carta a los responsables de ambas ramas del poder legislativo europeo: al presidente Martin Schulz, y al primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, que ostenta en la actualidad la Presidencia rotativa del Consejo. En esa carta se exponen con detalle las numerosas medidas que pretende adoptar la Comisión, mediante disposiciones legislativas e iniciativas de otro tipo, desde este mismo momento hasta el final de 2016. Vamos a proponer un programa legislativo intenso, focalizado y ambicioso, que exigirá que la Comisión, el Parlamento y el Consejo colaboren estrecha y efectivamente.

No entraré ahora en los detalles de nuestro programa legislativo. En las semanas venideras mantendremos un diálogo estructurado al respecto con el Parlamento y el Consejo.

Considero que hoy no es el momento para hablar de ello.

Soy eI primer presidente de la Comisión cuya designación y elección es el fruto directo de los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2014.

Tras haber hecho campaña como candidato, como Spitzenkandidat, antes de las elecciones, he tenido la oportunidad de ser un presidente más político.

Ese rol político está previsto en los Tratados, y mediante él los Estados miembros hacen de la Comisión la defensora de los intereses generales de la Unión. No obstante, los años de crisis han menoscabado la conciencia de ese cometido.

Por este motivo, en septiembre pasado dije ante esta Asamblea que pretendía dirigir una Comisión política. Una Comisión muy política.

Y lo dije así no porque crea que podamos y debamos politizar todo.

Lo dije porque creo que los inmensos retos que afronta Europa, tanto en el interior como en el exterior, no nos dejan otra alternativa que afrontarlos desde una perspectiva de marcado carácter político, de manera muy política y teniendo muy presentes las consecuencias políticas de nuestras decisiones.

Los últimos acontecimientos han confirmado la urgente necesidad de adoptar tal planteamiento político en la Unión Europea.

No es momento de dejar las cosas como están.

No es momento de ir tachando listas o comprobar si tal o cual iniciativa sectorial ha quedado reflejada en el discurso sobre el estado de la Unión.

No es momento de contar cuántas veces las palabras social, económico o sostenible figuran en el discurso sobre el estado de la Unión.

En su lugar, es la hora de la sinceridad.

Es hora de hablar francamente sobre los grandes retos que afronta la Unión Europea

 

Porque el estado de la Unión Europea no es bueno.

 

No hay suficiente Europa en esta Unión.

Ni hay suficiente Unión en esta Unión.

 

Tenemos que cambiar esta situación y hemos de hacerlo ahora.

 

La crisis de los refugiados: el imperativo de actuar como una Unión

No importa lo que digan los programas de trabajo o las agendas legislativas: la primera prioridad en la actualidad es y debe ser hacer frente a la crisis de los refugiados.

Desde principios de año, casi 500 000 personas han llegado a Europa. La gran mayoría están huyendo de la guerra en Siria, el terror del Estado Islámico en Libia o la dictadura en Eritrea. Los Estados miembros más afectados son Grecia, con más de 213 000 refugiados, Hungría, con más de 145 000, e Italia, con más de 115 000.

Las cifras son impresionantes. Para algunos, son muy inquietantes.

Pero no es momento de tener miedo. Es momento de que la Unión Europea, sus instituciones y todos los Estados miembros actúen de manera audaz, decidida y concertada.

Se trata, ante todo, de una cuestión de humanidad y de dignidad humana. Y se trata también, para Europa, de una cuestión de equidad histórica.

Los europeos bien hemos de recordar que Europa es un continente en el que casi todo el mundo ha sido en algún momento un refugiado. Nuestra historia común se caracteriza por los éxodos de millones de europeos huyendo de las persecuciones religiosas o políticas, la guerra, la dictadura o la opresión.

Los hugonotes que huyeron de Francia en el siglo XVII.

Los judíos, las poblaciones sinti y romaní y muchos otros huyeron de la Alemania nazi durante los horrores de los años 30 y 40.

Los republicanos españoles huyeron a los campamentos de refugiados del sur de Francia a finales de la década de los 30, tras su derrota en la Guerra Civil.

Los revolucionarios húngaros huyeron a Austria después de que los tanques soviéticos aplastaran su levantamiento contra el régimen comunista en 1956.

Ciudadanos checos y eslovacos tuvieron que exiliarse en otros países europeos huyendo de la represión de la Primavera de Praga en 1968.

Miles de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares tras las guerras de Yugoslavia.

¿Acaso hemos olvidado la razón por la que viven más McDonalds en los Estados Unidos que en Escocia? ¿La razón por la que el número de O’Neills y Murphys en los Estados Unidos es muy superior al de los que viven en Irlanda?

¿Hemos olvidado que 20 millones de personas de ascendencia polaca viven fuera de Polonia, como consecuencia de la emigración económica y política tras los numerosos cambios de fronteras, las expulsiones forzosas y los reasentamientos que se han ido produciendo en Polonia a lo largo de su historia, a menudo dolorosa?

¿De verdad hemos olvidado que la devastación de la II Guerra Mundial se saldó con 60 millones de refugiados en Europa? ¿Que, como resultado de esa terrible experiencia europea, se estableció un régimen de protección mundial, la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, para conceder asilo a quienes habían franqueado los muros escapando de la guerra y la opresión totalitaria en Europa?

Los europeos deberíamos saber mejor que nadie, y no olvidar nunca, por qué es tan importante dar refugio y respetar el derecho fundamental al asilo.

En ocasiones anteriores me he referido al escaso orgullo que expresamos por nuestro patrimonio europeo o por nuestro proyecto europeo.

Sin embargo, y a pesar de nuestra fragilidad y de la percepción subjetiva de nuestras debilidades, Europa es hoy el lugar elegido como sitio de refugio y exilio.

Europa es hoy un faro de esperanza, un oasis de estabilidad a los ojos de las mujeres y hombres de Oriente Próximo y África.

Esto tiene que inspirar en nosotros orgullo, no miedo.

A pesar de las muchas diferencias entre sus Estados miembros, Europa es hoy en día el continente más estable y más rico del mundo, con diferencia.

Tenemos medios suficientes para ayudar a las personas que huyen de la guerra, el terror y la opresión.

Sé que muchos estarán pensando que todo esto está muy bien, pero que Europa no puede acoger a todo el mundo.

Es verdad que Europa no puede hacerse cargo de todos los necesitados del mundo, pero seamos sinceros y pongamos las cosas en perspectiva.

Es cierto que un número sin precedentes de refugiados se dirige a Europa en estos momentos. Sin embargo, siguen siendo solamente un 0,11 % del total de la población de la UE. En el Líbano, los refugiados representan el 25 % de la población. Y eso en un país en el que la población dispone tan sólo de una quinta parte de la riqueza de que disfrutamos en la Unión Europea.

También hemos de ser claros y sinceros con nuestros a menudo preocupados, ciudadanos: mientras no cese la guerra en Siria y el terror en Libia, la crisis de los refugiados no podrá resolverse.

Podemos construir muros, podemos levantar vallas. Pero imaginemos por un momento que somos nosotros quienes llevamos en brazos a nuestro hijo después de ver cómo se ha desmoronado nuestro mundo. No hay precio que no pagaríamos, muro que no treparíamos, mar que no surcaríamos, ni frontera que no cruzaríamos por huir de la guerra y la barbarie del denominado Estado Islámico.

Es hora de actuar para gestionar la crisis de los refugiados. No hay alternativa.

Durante las pasadas semanas hemos asistido a un intenso cruce de reproches. Los Estados miembros se han acusado mutuamente de no hacer lo suficiente o de no hacer lo correcto. Con demasiada frecuencia el dedo acusador se ha dirigido a Bruselas desde las capitales nacionales.

A todos irrita este juego de echar la culpa al otro, pero cabe preguntarse a quién beneficia nuestra irritación. Enfadarse no ayuda a nadie. Culpar a los demás a menudo es síntoma de que los políticos se ven superados por acontecimientos imprevistos.

Es preferible recordar lo que se ha convenido que puede ayudar en la situación actual. Es hora de analizar las propuestas sobre la mesa y avanzar sin demora.

No empezamos de cero. Desde principios de la década de 2000, la Comisión ha venido presentando de forma ininterrumpida medidas legislativas para construir un Sistema Europeo Común de Asilo. Y el Parlamento y el Consejo han ido adoptando gradualmente esta legislación. El último acto legislativo acaba de entrar en vigor en julio de 2015.

Europa dispone ahora de normas comunes que establecen las formas de acogida de los solicitantes de asilo, respetando su dignidad, y de tramitación de sus solicitudes de asilo. También cuenta con criterios comunes que nuestros sistemas judiciales independientes utilizan para determinar si una persona tiene derecho a protección internacional.

Estas normas deben ser aplicadas y respetadas en la práctica. Pero claramente no es el caso, como podemos ver a diario en la televisión. Antes del verano, la Comisión tuvo que iniciar una primera serie de 32 procedimientos de infracción para recordar a los Estados miembros lo que previamente habían acordado. En los próximos días se pondrá en marcha una segunda serie. La legislación europea debe ser aplicada por todos los Estados miembros, algo que debe ser evidente en una Unión basada en el Estado de Derecho.

Como ya afirmaron la Comisión, el Parlamento y el Consejo esta primavera, las normas comunes de asilo son importantes pero no suficientes para hacer frente a la actual crisis de refugiados. En mayo la Comisión presentó una amplia Agenda Europea de Migración, pero decir que desde entonces las cosas no han cambiado sería faltar a la verdad.

Hemos triplicado nuestra presencia en el mar y salvado más de 122 000 vidas. Aunque cada vida perdida es una catástrofe en sí misma, se han salvado muchas que de otra forma también se habrían perdido (un aumento del 250 %). 29 Estados miembros y países asociados a Schengen participan en las operaciones conjuntas coordinadas por Frontex en Italia, Grecia y Hungría. La primera medida de la acción solidaria europea cuenta con 102 agentes de 20 países; 31 buques; 3 helicópteros; 4 aeronaves de ala fija; 8 coches patrulla, 6 vehículos equipados con cámaras termográficas y 4 vehículos de transporte. Pero será necesario hacer más.

Hemos redoblado nuestros esfuerzos en la lucha contra los traficantes y el desmantelamiento de las organizaciones de trata de seres humanos. Se ha hecho más difícil acceder a barcos baratos con la consiguiente reducción del número de personas que arriesgan su vida a bordo de embarcaciones de fortuna no aptas para la navegación. Ello ha permitido estabilizar la ruta del Mediterráneo central, por la que llegaron en torno a 115 000 personas durante el mes de agosto, el mismo número que el año pasado. Ahora tenemos que conseguir la misma estabilización en la ruta de los Balcanes, que ha sido claramente ignorada por todos los responsables políticos.

La Unión Europea es también el primer donante en los esfuerzos mundiales por mitigar la crisis de los refugiados sirios. Unos € 4 000 millones han sido movilizados por la Comisión Europea y los Estados miembros para ayuda humanitaria, económica, de desarrollo y de estabilización destinada a los sirios en su país, así como a los refugiados y sus comunidades de acogida en los países vecinos del Líbano, Jordania, Irak, Turquía y Egipto. Hoy mismo hemos puesto en marcha dos nuevos proyectos para facilitar la escolarización y la seguridad alimentaria de 240 000 refugiados sirios en Turquía.

Nos hemos comprometido colectivamente a reasentar a más de 22 000 personas procedentes de fuera de Europa durante el próximo año, mostrando así la solidaridad con nuestros vecinos. Por supuesto, este esfuerzo sigue siendo muy modesto en comparación con los esfuerzos hercúleos realizados por Turquía, Jordania y Líbano, que acogen a más de 4 millones de refugiados sirios. Me conforta saber que algunos Estados miembros están dispuestos a intensificar considerablemente los esfuerzos europeos de reasentamiento. Esto nos permitirá presentar próximamente un sistema estructurado de puesta en común de los esfuerzos europeos de reasentamiento de manera más sistemática.

Sin embargo, si en un ámbito Europa no ha estado claramente a la altura de las circunstancias, ese ha sido el de la solidaridad común con los refugiados que llegan a nuestro territorio.

A mi juicio, es evidente que los Estados miembros a los que llega la mayoría de los refugiados —en estos momentos, Italia, Grecia y Hungría— no pueden hacer frente a este reto por sí solos.

Esta es la razón por la que, ya en mayo, la Comisión propuso un mecanismo de emergencia para reubicar inicialmente a 40 000 personas que buscan protección internacional desde Italia y Grecia a otros puntos de la Unión.

Y ésta es la razón por la que hoy proponemos un segundo mecanismo de emergencia para reubicar a otras 120 000 desde Italia, Grecia y Hungría.

Esto requiere un gran esfuerzo de solidaridad europea. En las semanas anteriores al verano no recibimos el respaldo que esperaba de los Estados miembros. Pero veo que el panorama está cambiando. Y creo que ya era hora.

Insto a los Estados miembros a que adopten las propuestas que la Comisión presentará para la reubicación de un total de 160 000 refugiados en la sesión extraordinaria del Consejo de Ministros de Interior, el 14 de septiembre. Es preciso actuar ya. No podemos abandonar a Italia, Grecia y Hungría con este problema del mismo modo que no abandonaríamos a cualquier otro Estado miembro de la UE. Si hoy huyen de Siria y Libia, mañana podrían huir también de Ucrania.

No deben subestimarse la urgencia y la necesidad de nuestra actuación. A medida que se acerque el invierno habrá que pensar en las familias que duermen en parques y estaciones de ferrocarril en Budapest, en tiendas de campaña en Traiskirchen o en las costas de Cos. ¿Qué será de ellos en las frías noches de invierno?

Obviamente, la reubicación por sí sola no resolverá el problema. Es cierto que también es necesario diferenciar mejor entre aquellas personas con una clara necesidad de protección internacional y que más posibilidades tienen de obtener el asilo, y quienes abandonan su país por otras razones que no entran en el ámbito de aplicación del derecho de asilo. Esta es la razón por la que la Comisión propone hoy una lista común de la UE de países de origen seguros. Esta lista permitirá a los Estados miembros acelerar los procedimientos de asilo para los ciudadanos de los países que se consideran seguros para vivir. Esta presunción de seguridad debe, en nuestra opinión, aplicarse a todos los países que por decisión unánime del Consejo Europeo cumplen los criterios de Copenhague para la adhesión a la UE, en particular por lo que respecta a la democracia, el Estado de Derecho y los derechos fundamentales. Asimismo, debe aplicarse a otros países candidatos potenciales de los Balcanes Occidentales, a la vista de sus progresos para acceder al estatuto de país candidato.

Soy muy consciente de que el uso de la lista de países seguros contribuye únicamente a simplificar los procedimientos. No puede suprimir el derecho fundamental de asilo de los solicitantes de asilo de Albania, Bosnia y Herzegovina, la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Kosovo, Montenegro, Serbia y Turquía. No obstante, permite a las autoridades nacionales centrarse en aquellos refugiados que más posibilidades tienen de obtener el asilo, en especial los procedentes de Siria. Este enfoque es muy necesario en la situación actual.

También creo que, más allá de las medidas inmediatas necesarias para abordar la actual situación de emergencia, es hora de preparar una modificación de mayor calado del tratamiento que se da a las solicitudes de asilo y, en particular, del sistema de Dublín que exige que las solicitudes de asilo sean tratadas en el primer país de entrada.

Necesitamos más Europa en nuestra política de asilo. Necesitamos más Unión en nuestra política de refugiados.

Una verdadera política europea de refugiados y de asilo requiere anclar definitivamente la solidaridad en nuestro enfoque político y en nuestras normas. Esta es la razón por la que, hoy, la Comisión propone también un mecanismo de reubicación permanente, que nos permita hacer frente a situaciones de crisis más rápidamente en el futuro.

Una política de refugiados y de asilo común requiere una mayor aproximación de las políticas de asilo en la fase posterior a la concesión del estatuto de refugiado. Los Estados miembros deben revisar sus políticas de apoyo, integración e inclusión. La Comisión está dispuesta a estudiar la forma en que los fondos de la UE pueden apoyar estos esfuerzos. Y estoy totalmente a favor de que los solicitantes de asilo puedan trabajar y obtener sus propios ingresos mientras esperan la respuesta a sus solicitudes de asilo.

Una política unida de refugiados y asilo también necesita reforzar los esfuerzos conjuntos para asegurar nuestras fronteras exteriores. Afortunadamente, hemos abandonado los controles fronterizos entre los Estados miembros del espacio Schengen con el fin de garantizar la libre circulación de personas, un símbolo único de la integración europea. Pero la otra cara de la moneda de la libre circulación la constituye la necesidad de trabajar más estrechamente en la gestión de nuestras fronteras exteriores. Esto es lo que esperan los ciudadanos. La Comisión lo dijo en mayo y yo lo dije durante mi campaña electoral: es preciso dar un fuerte impulso a Frontex para que se convierta en un sistema europeo de guardia costera y de fronteras plenamente operativo. Sin duda es viable, pero cuesta dinero. La Comisión opina que es un dinero bien invertido. Por esta razón propondremos medidas ambiciosas para avanzar hacia el establecimiento de una guardia costera y de fronteras europea antes de finales de año.

Una política de migración europea verdaderamente unida también significa que tenemos que buscar la apertura de canales legales para la migración. Seamos claros: ello no ayudará a resolver la actual crisis de refugiados, pero si existen vías más seguras y controladas para acceder a Europa podremos gestionar mejor la migración y hacer menos atractiva la actividad ilegal de los traficantes de seres humanos. No olvidemos que somos un continente que envejece y se encuentra en declive demográfico. Necesitaremos el talento de los migrantes. Con el tiempo, la migración debe pasar de ser un problema que hay que abordar a un recurso bien gestionado. Con este fin, la Comisión presentará un paquete sobre migración legal bien definido a principios de 2016.

Una solución duradera sólo será posible si se abordan las causas profundas, las razones por las que nos enfrentamos actualmente a esta importante crisis de refugiados. La política exterior europea debe ser más firme. Ya no podemos permitirnos el lujo de ignorar o de no adoptar una posición unitaria frente a la guerra o la inestabilidad que afecta a las regiones de nuestro entorno.

En Libia, la UE y los Estados miembros deben esforzarse por estrechar la colaboración con los socios regionales a fin de asegurarse de que pronto pueda estar en pie un Gobierno de acuerdo nacional. Debemos estar dispuestos a ayudar con todos los instrumentos de la UE disponibles a dicho Gobierno para que pueda ofrecer la seguridad y los servicios necesarios a la población tan pronto como haya sido nombrado. La ayuda humanitaria y al desarrollo de la UE habrá de tener carácter inmediato y exhaustivo.

También me gustaría señalar que estamos entrando en el quinto año de la crisis siria sin que se aviste solución alguna. Hasta la fecha, la comunidad internacional le ha fallado al pueblo sirio. Europa le ha fallado al pueblo sirio.

Hoy hago un llamamiento a una ofensiva diplomática europea para abordar la crisis en Siria y en Libia. Necesitamos una Europa más fuerte en política exterior. Y me alegro de que Federica Mogherini, nuestra resuelta Alta Representante, haya abonado el terreno para esta iniciativa con el éxito diplomático de las conversaciones nucleares con Irán. Y de que esté dispuesta a colaborar estrechamente con los Estados miembros en pro de la paz y la estabilidad en Siria y Libia.

Para facilitarle el trabajo a Federica, hoy la Comisión propone establecer un fondo fiduciario de emergencia con una dotación inicial de €1 800 millones de los recursos financieros comunes de la UE para hacer frente a las crisis en las regiones del Sahel y del lago Chad, el Cuerno de África y el norte de África. Queremos ayudar a crear una estabilidad duradera, mediante, por ejemplo, la creación de posibilidades de empleo en las comunidades locales y, de este modo, abordar las causas profundas de desestabilización, desplazamiento forzoso e inmigración ilegal. Espero que todos los Estados miembros de la UE aporten su contribución y estén a la altura de nuestras ambiciones.

No quiero suscitar vanas esperanzas de que la crisis de los refugiados pueda resolverse a corto plazo. No lo haré. Pero expulsar los barcos de los muelles, incendiar campos de refugiados o ignorar la existencia de personas pobres y desamparadas – eso no es Europa.

Europa es el panadero de Cos que da su pan a seres exhaustos y hambrientos. Europa son los estudiantes que en las estaciones de tren de Múnich y Passau dan ropa a los recién llegados. Europa es la policía de Austria que da la bienvenida a los refugiados agotados que cruzan la frontera. Esta es la Europa en la que quiero vivir.

La crisis es grave y el viaje es aún largo. Cuento con ustedes, en esta Cámara y con todos los Estados miembros para avanzar haciendo gala de la valentía que ha caracterizado a Europa, en consonancia con nuestros valores comunes y nuestra historia.

 

Un nuevo comienzo para Grecia, para la zona euro y para la economía europea

Señor presidente, señorías:

He dicho que quería referirme a los grandes temas que nos preocupan hoy en día. Esta es la razón por la que este discurso sobre el estado de la Unión debe abordar la situación en Grecia, así como las lecciones de alcance más general, del quinto año de la crisis griega cuyo impacto sigue haciéndose sentir en la zona euro y en la economía y la sociedad europeas en su conjunto.

Desde comienzos de año, las conversaciones sobre Grecia han puesto a prueba toda nuestra paciencia. Se ha perdido mucho tiempo y mucha confianza. Se han roto puentes. Se han hecho afirmaciones difíciles de retirar.

Hemos sido testigos de maniobras políticas, disputas e insultos irreflexivos.

Con demasiada frecuencia, hemos visto como algunos trataban de imponer sus puntos de vista sin tener en cuenta los de la otra parte.

Hemos visto democracias enfrentadas entre sí en la zona euro. La recuperación y la creación de empleo producidas el año pasado en Grecia han desaparecido durante estos meses.

Colectivamente, nos hemos asomado al abismo.

Y una vez más, sólo cuando hemos estado al borde del precipicio hemos sido capaces de recuperar la perspectiva y estar a la altura de nuestras responsabilidades.

Al final, se alcanzó un acuerdo, se lograron y respetaron compromisos y se empezó a recuperar la confianza, aunque todavía siga siendo muy frágil.

No estoy orgulloso de todos los aspectos de los resultados obtenidos. Sin embargo, sí lo estoy de los equipos de la Comisión Europea que trabajaron día y noche hasta finales de agosto para reducir las diferencias existentes entre posiciones muy distantes y hallar soluciones en interés de Europa y de los ciudadanos griegos.

Sé que no todo el mundo está de acuerdo con lo que hizo la Comisión.

A muchos políticos griegos no gustó que insistiéramos en determinadas reformas, en particular en lo que se refiere al sistema de pensiones insostenible y a un régimen fiscal injusto.

Otros muchos políticos europeos no entendieron por qué la Comisión siguió negociando. Algunos no entendieron por qué no dejamos sencillamente todas las conversaciones en manos de los técnicos del Fondo Monetario Internacional. Por qué a veces también nos referimos al componente social de los compromisos políticos y modificábamos éstos para tener en cuenta los efectos sobre los miembros más vulnerables de la sociedad. O que yo personalmente dijera una y otra vez que el euro, y la participación en el euro, tienen carácter irreversible.

 

Señor Presidente, Señorías:

El mandato de la Comisión en las negociaciones del programa con un país como Grecia dispone de una base muy clara: el Tratado de la Unión Europea, en el que se pide a la Comisión que fomente el interés común de la Unión y cumpla la ley. El mismo Tratado incluye la cláusula acordada por todos los Estados miembros en la que se establece que la adhesión al euro es irrevocable.

Mientras los Estados miembros no modifiquen los Tratados, considero que la Comisión y todas las demás instituciones de la UE tienen un mandato y deber claros de hacer todo lo posible para mantener la integridad de la zona euro.

A la Comisión también le ha sido específicamente encomendada en el Tratado del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el cual ha sido ratificado por todos los Estados miembros de la zona euro, la labor de dirección de las negociaciones del programa con cada Estado miembro. Esta labor debe desempeñarse en cooperación con el Banco Central Europeo y, en la medida de lo posible, conjuntamente con el Fondo Monetario Internacional. Tenemos un mandato claro en este sentido.

Cuando los Tratados se refieren a la Comisión, lo interpreto en el sentido de la Comisión como institución políticamente encabezada por el presidente y el Colegio de Comisarios. Este es el motivo por el que no he abandonado las conversaciones con Grecia únicamente a la burocracia de la Comisión, a pesar de su gran experiencia y del duro trabajo que lleva a cabo sino que también hablé personalmente con nuestros expertos de forma regular, a menudo varias veces al día, para orientar o adaptar su trabajo. Asimismo, me aseguré de que la situación en Grecia se abordara todas las semanas y fuera objeto de un debate extenso y muy político en las reuniones del colegio.

Porque el incrementar el IVA o no de los restaurantes o en los productos alimenticios preparados no se trata únicamente de una cuestión técnica. Se trata asimismo de una cuestión política y social.

No es una cuestión técnica, sino una cuestión profundamente política, si se decide incrementar el IVA de los medicamentos en un país en el que el 30 % de la población ha dejado de estar cubierta por el sistema sanitario público a consecuencia de la crisis. O si en lugar de ello se recorta el gasto militar en un país que sigue teniendo uno de los gastos militares más elevados de la UE.

No se trata en absoluto de una cuestión técnica decidir si se reducen las pensiones de los sectores más pobres de la sociedad o el salario mínimo. O si, en cambio, se impone un gravamen a los armadores griegos.

Naturalmente, los números de lo que ya es el tercer programa griego debían cuadrar. Pero hemos conseguido hacerlo con la justicia social en mente. He leído el informe sobre la Troika del Parlamento Europeo muy cuidadosamente. Espero que vean que hemos extraído las lecciones oportunas y que, por primera vez, hemos realizado una evaluación del impacto social del programa. Aunque sinceramente reconozco que a veces la Comisión también tuvo que hacer concesiones en estas negociaciones.

Lo relevante, a mi juicio, es que, al final, se llegó a una solución transaccional que pudo ser aprobada por los 19 Estados miembros de la zona del euro, incluida Grecia.

Después de semanas de conversaciones, pequeños avances, repetidos reveses, muchos momentos de crisis y frecuentes y generosas dosis de drama, el 19 de agosto logramos firmar un nuevo programa de apoyo para la estabilidad de Grecia.

Ahora que ya contamos con un nuevo programa, deseo que sea un nuevo comienzo para Grecia y para la zona euro en su conjunto.

Seamos muy sinceros: estamos sólo al principio de un largo viaje.

En el caso de Grecia, la clave consiste ahora en aplicar el Acuerdo que fue aprobado. Para ello es necesario un amplio compromiso político.

Recibí en mi despacho a los dirigentes de los principales grupos políticos griegos antes de la conclusión del acuerdo final. Todos ellos prometieron apoyar el acuerdo y dieron una primera prueba de su compromiso cuando votaron a favor del nuevo programa y de las tres primeras tandas de reformas en el Parlamento heleno. Confío en que mantengan su palabra y cumplan el acuerdo, gobierne quien gobierne. Un amplio apoyo y una ejecución a tiempo de las reformas es lo que Grecia necesita para restablecer la confianza de los ciudadanos y de la economía del país.

El programa es un elemento, pero no basta para encaminar a Grecia en la senda del crecimiento sostenible. La Comisión asistirá a Grecia para asegurarse de que se llevan a cabo las reformas. Y ayudaremos a Grecia a desarrollar una estrategia de crecimiento de la que asuma la propiedad y la dirección.

Partiendo de la modernización de la administración pública y la independencia de la administración tributaria, la Comisión proporcionará asistencia técnica a medida, junto con la ayuda de los socios europeos e internacionales. Esta será la tarea principal del nuevo Servicio de Apoyo a la Reforma Estructural que establecí en julio.

El 15 de julio, la Comisión presentó también una propuesta para limitar la cofinanciación nacional en Grecia y anticipar la financiación de proyectos de inversión faltos de liquidez: un paquete de 35 000 millones de euros para el crecimiento. Se trata de una tarea urgente para la recuperación tras meses de dificultades financieras. Este capital llegará a la economía real, a las empresas y a las autoridades para invertir y contratar.

La Comisión trabajó sin descanso para poner esta propuesta sobre la mesa. Los Parlamentos nacionales se reunieron en varias ocasiones a lo largo del mes de agosto. Por lo tanto, confío en que el Parlamento Europeo desempeñe también su papel, en consonancia con compromisos anteriores. Nuestro programa de crecimiento para Grecia se encuentra sobre la mesa de esta Cámara desde hace dos meses. En caso de aprobarse, tendrán que pasar aún varias semanas hasta que el primer euro llegue a la economía real de Grecia.

Les pido que sigan el ejemplo del Consejo que aprobará este programa de crecimiento a finales de este mes. El Parlamento Europeo debería ser al menos tan rápido como el Consejo en este asunto.

 

He dicho que deseaba que el nuevo programa represente un nuevo comienzo no sólo para Grecia sino también para la zona euro en su conjunto, ya que hemos de extraer importantes lecciones de una crisis que nos ha afectado durante demasiado tiempo.

La situación económica y social habla por sí misma: más de 23 millones de personas siguen desempleadas en la Unión Europea y de ellas, más de la mitad ha estado en el paro durante un año o más. En la zona euro, más de 17,5 millones de personas se encuentran sin trabajo. Nuestra recuperación se ve obstaculizada por la incertidumbre global. La deuda pública de la UE ha alcanzado más del 88 % del PIB de media, casi el 93 % en la zona euro.

La crisis no ha acabado. Sólo se ha interrumpido.

Esto no equivale a decir que no sucede nada. Las cifras de paro están mejorando, el PIB crece al tipo más alto registrado desde hace años y las condiciones de financiación de los hogares y las empresas se han recuperado de forma significativa. Además, varios de los Estados miembros que en un pasado reciente se vieron en una situación difícil, como Letonia, Irlanda, España y Portugal, y que recibieron asistencia financiera europea están ahora creciendo de forma sostenida y consolidando sus economías.

A pesar de estos progresos, la recuperación sigue siendo demasiado lenta, frágil y dependiente de nuestros socios exteriores.

Aún más fundamentales son las grandes diferencias que la crisis ha generado en la zona euro y en la UE en su conjunto. Ha dañado nuestro potencial de crecimiento. Se ha añadido a la tendencia a largo plazo de aumento de las desigualdades. Todo esto ha alimentado dudas sobre el progreso social, el valor del cambio y las ventajas de la pertenencia a una misma comunidad.

Lo que necesitamos es crear de nuevo un proceso de convergencia, tanto entre los Estados miembros como en el seno de las sociedades, cuya espina dorsal sea la productividad, la creación de empleo y la justicia social.

Necesitamos más Unión en nuestra Europa.

Para la Unión Europea, y en particular para mi Comisión, esto significa dos cosas: en primer lugar, invertir en las fuentes de empleo y crecimiento de Europa, principalmente en el mercado único; y, en segundo lugar, completar nuestra Unión económica y monetaria para crear las condiciones necesarias para una recuperación duradera. Estamos actuando en ambos frentes.

Junto con esta Cámara y los Estados miembros, se puso en marcha el Plan de Inversiones para Europa de 315 000 millones EUR con un nuevo Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas (FEIE).

Menos de un año después de que anunciara este plan ya están despegando los primeros proyectos:

40 000 hogares en toda Francia verán su factura energética reducida y se crearán 6 000 empleos, gracias a la ayuda del Fondo, para la mejora de la eficiencia energética de edificios.

Los pacientes de clínicas de Barcelona tendrán acceso a un mejor tratamiento con nuevas terapias derivadas del plasma financiado por el Fondo.

En Limerick y otras localidades de Irlanda, se mejorará el acceso de las familias a los servicios sociales y a la asistencia sanitaria primaria a través de catorce nuevos centros de atención primaria. Esto es sólo el principio; a éstos seguirán otros muchos proyectos.

Al tiempo que desplegamos nuestro plan de inversión, estamos mejorando nuestro mercado único para crear más oportunidades para las personas y las empresas de los 28 Estados miembros. Gracias a proyectos de la Comisión, como el del mercado único digital, la Unión de los mercados de capitales y la Unión energética, estamos reduciendo los obstáculos a las actividades transfronterizas y aprovechando el tamaño de nuestro continente para estimular la innovación, poner en contacto el talento y ofrecer una mayor variedad de productos y servicios.

Pero, nuestros esfuerzos por prosperar fracasarán si no aprendemos una lección importante: aún no hemos convencido a la población de Europa ni al resto del mundo de que no hemos hecho una Unión tan sólo para que sobreviva, sino para que se desarrolle y prospere.

No nos engañemos: nuestra incapacidad colectiva para proporcionar una respuesta clara y rápida a la crisis griega en los últimos meses nos ha debilitado a todos. Ha dañado la confianza en nuestra moneda única y la reputación de la UE en el mundo.

De nada sirve que soplen vientos favorables si no sabemos cuál es nuestro puerto de destino. Tenemos que fijar el rumbo que debemos seguir.

Este es, en esencia, el mensaje que quería transmitir el informe sobre la terminación de la Unión económica y monetaria que presenté en junio con los otros presidentes de las instituciones europeas.

No me cabía duda de que tenía que incluir en este importante cometido al presidente Schulz. Después de todo, el Parlamento es el corazón de la democracia a nivel de la UE, al igual que los Parlamentos nacionales lo son a nivel nacional. El Parlamento Europeo es, y debe seguir siendo, el Parlamento de la zona euro. A él le tocará, en su papel de colegislador, decidir sobre las nuevas iniciativas que la Comisión va a proponer en los próximos meses para profundizar nuestra Unión económica y monetaria. Me complace pues que, por primera vez, hayamos redactado no un «informe de los cuatro presidentes», sino un «Informe de los Cinco Presidentes».

Pese a los meses de debates hasta altas horas de la noche que fueron necesarios para alcanzar un acuerdo sobre Grecia, entre mayo y junio pudimos redactar el informe, que marca el rumbo en pos de un futuro más sólido. Los Cinco Presidentes de las principales instituciones de la UE acordaron una hoja de ruta que nos permitirá estabilizar y consolidar la zona euro a más tardar a principios de 2017, para emprender a continuación, sobre la base de una convergencia renovada de nuestras economías, una reforma más en profundidad y pasar, ahí donde sea posible, de la ra la crisis a la apertura de nuevas perspectivas de crecimiento.

Como esperábamos, el Informe de los Cinco Presidentes ha suscitado un animado debate en toda Europa. Hay voces que defienden un Gobierno de la zona euro. Otras reclaman más disciplina y un mayor respeto de la normativa. Estoy de acuerdo con ambas posiciones: necesitamos un mayor grado de responsabilidad colectiva, un mayor sentido del bien común y el pleno respeto y puesta en práctica de lo acordado colectivamente. Sin embargo, no comparto que ello suponga multiplicar las instituciones o poner el euro en piloto automático, como si la creación de nuevas instituciones o la aplicación de pócimas mágicas pudieran obtener más o mejores resultados.

No es posible gestionar una moneda única solamente sobre la base de normas y estadísticas. Se necesita una evaluación estratégica constante que sustente las nuevas opciones de las políticas económicas, presupuestarias y sociales.

El Informe de los Cinco Presidentes incluye una agenda de trabajo integrada para los próximos años. Mi deseo es que avancemos rápidamente en todos los frentes: una Unión económica, financiera, presupuestaria y política. Algunos esfuerzos tendrán que circunscribirse a la zona euro, mientras que otros deberán estar abiertos a los 28 Estados miembros, habida cuenta de su estrecha interacción con el mercado único.

Permítanme destacar cinco ámbitos en los que la Comisión presentará en breve ambiciosas propuestas y en los que se deberían registrar avances ya este otoño.

Primero: los Cinco Presidentes coincidieron en que necesitamos un sistema común que garantice que los depósitos bancarios de los ciudadanos estén siempre protegidos hasta un límite de 100 000 EUR por persona y cuenta. Este es el elemento que falta en nuestra Unión Bancaria.

Ya existen regímenes de protección de este tipo, pero todos son de ámbito nacional. Lo que necesitamos ahora es un sistema más europeo, desconectado de los Gobiernos nacionales, que permita a los ciudadanos tener la certeza absoluta de que sus ahorros están a buen recaudo.

Todos vimos lo que ocurrió en Grecia este verano: como era de esperar, los ciudadanos retiraban sus ahorros porque tenían poca confianza en la capacidad financiera del Estado para apoyar su sistema bancario. Esta situación no se debe repetir.

Se necesita la implantación urgente de un régimen de garantía de depósitos más común, por lo que la Comisión presentará antes de finales de año una propuesta legislativa sobre los primeros pasos que han de darse en este sentido.

Me consta, claro está, que aún no existe consenso en esta materia. Pero también sé que muchos de ustedes están convencidos, como yo lo estoy, de la necesidad de avanzar en este sentido. A los más escépticos les diría que la Comisión es plenamente consciente de que existen diferencias en las posiciones de partida de los Estados miembros. Algunos de ellos han desarrollado y financiado adecuadamente sus sistemas nacionales de garantía de depósitos. Otros aún están en el proceso de creación. Hemos de tener en cuenta estas diferencias. Por ello, el Informe de los Cinco Presidentes no aboga por la plena mutualización, sino por un nuevo enfoque basado en un sistema de reaseguro. En las próximas semanas presentaremos más detalles sobre esta cuestión.

Segundo: es necesaria una mayor presencia del euro en la escena mundial. ¿Cómo es posible que la zona euro, que tiene la segunda divisa más importante del mundo, siga sin poder hablar con una sola voz sobre asuntos económicos en las instituciones financieras internacionales?

Consideren por un momento cómo se trabaja en el Fondo Monetario Internacional, cuya importancia es conocida de todos. Pues bien, en vez de hacerse oír con una sola voz como zona euro, Bélgica y Luxemburgo, por ejemplo, han de acordar su posición de voto con Armenia e Israel, mientras que España forma parte de un grupo con los países de América Latina.

¿Cómo puede ser que los europeos, que tenemos una fuerte presencia en instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial, sigamos actuando como una minoría?

¿Cómo es posible, por poner un ejemplo, que al crearse en Asia un nuevo banco de inversión en infraestructuras de importancia estratégica, los Gobiernos europeos, en lugar de coordinar sus esfuerzos, se dediquen a competir para ver quién es el primero en adherirse a esta entidad?

Necesitamos madurar y poner nuestros intereses comunes por delante de los nacionales. En mi opinión, el presidente del Eurogrupo debe ser el portavoz natural de la zona euro en las instituciones financieras internacionales, como el FMI.

Tercero: necesitamos un sistema de supervisión económica y presupuestaria más eficaz y democrático. Me gustaría que el Parlamento Europeo, los Parlamentos nacionales, así como los interlocutores sociales a todos los niveles, sean agentes clave en el proceso. También deseo que el interés de la zona euro en su conjunto se refleje mejor y desde el inicio en las políticas tanto nacionales como de la UE: el interés del conjunto no es sólo la suma de sus partes. Así se hará constar en nuestras propuestas para racionalizar y reforzar el Semestre Europeo de coordinación de las políticas económicas.

Quiero que en el futuro nuestras recomendaciones respecto a la orientación económica de la zona euro en su conjunto dejen de ser palabras vacías y que sirvan realmente de guía, sobre todo en la orientación presupuestaria de la zona euro.

Cuarto: tenemos que fomentar la equidad en nuestras políticas fiscales. Para ello se requiere una mayor transparencia y equidad para los ciudadanos y las empresas. En junio presentamos un plan de acción, cuyo contenido esencial es el siguiente: las empresas deben tributar en el país en el que generan sus beneficios.

Un primer paso hacia este objetivo es la labor que estamos desarrollando para crear una base consolidada común del impuesto de sociedades. Gracias a esta simplificación, será más difícil evadir impuestos.

También estamos trabajando intensamente con el Consejo con aras a concluir, a más tardar a finales de año, un acuerdo sobre el intercambio automático de información relativa a las resoluciones fiscales.

Al mismo tiempo, esperamos que las investigaciones realizadas en los distintos regímenes nacionales den resultados muy pronto.

Además, estamos luchando duramente para conseguir que los Estados miembros adopten, antes de que acabe el año, las modalidades de un impuesto sobre las transacciones financieras.

Necesitamos más Europa, más Unión y más equidad en nuestra política fiscal.

Quinto: tenemos que redoblar los esfuerzos encaminados a conseguir un mercado laboral justo y verdaderamente paneuropeo. En este contexto, equidad significa promover y salvaguardar la libre circulación de los ciudadanos como un derecho fundamental de nuestra Unión, evitando al mismo tiempo los casos de abusos y el riesgo de dumping social.

La movilidad laboral es bienvenida y necesaria para que prosperen la zona euro y el mercado único, pero ha de basarse en normas y principios claros. El principio fundamental que ha de guiar nuestra actuación debe ser garantizar la misma remuneración por el mismo trabajo realizado en el mismo lugar.

En el marco de estos esfuerzos, tengo la intención de desarrollar un pilar europeo de derechos sociales que tenga en cuenta las cambiantes realidades de las sociedades europeas y el mundo del trabajo y que pueda servir de guía para una convergencia renovada en la zona euro.

Este pilar europeo de los derechos sociales debería complementar lo que ya hemos conseguido conjuntamente en materia de protección de trabajadores en la UE. Los interlocutores sociales están llamados a desempeñar un papel decisivo en este proceso. Creo que es acertado que pongamos en marcha esta iniciativa en la zona euro, permitiendo que los otros Estados miembros de la UE que lo deseen se adhieran a ella posteriormente.

Como se menciona en el Informe de los Cinco Presidentes, también tendremos que mirar hacia adelante con el fin de emprender medidas de carácter más fundamental en la zona euro. La Comisión presentará un Libro Blanco sobre esto en la primavera de 2017.

Sí, con el tiempo tendremos que crear un Tesoro de la zona euro que rinda cuentas a nivel europeo. Creo que debe basarse en el Mecanismo Europeo de Estabilidad que creamos durante la crisis, con un volumen de crédito potencial de 500 000 millones EUR, una capacidad de intervención tan importante como la del FMI. El MEDE debe asumir progresivamente una función de estabilización macroeconómica más amplia a fin de afrontar mejor las perturbaciones que no pueden ser gestionadas de forma aislada a nivel nacional. Prepararemos el terreno para que esto ocurra en la segunda mitad del presente mandato.

La Unión Europea es un proyecto dinámico. Un proyecto encaminado a servir a sus ciudadanos. No debe haber ganadores ni perdedores. Todos obtenemos más de lo que aportamos. Es un proyecto global. Este mensaje va también dirigido a nuestros socios del Reino Unido, a los que he tenido especialmente en cuenta al considerar los grandes desafíos políticos que nos esperan en los próximos meses.

 

Un acuerdo justo para Gran Bretaña

Desde mi entrada en funciones, las cosas se han venido perfilando con más claridad en que se refiere al Reino Unido: antes de que acabe 2017 se convocará un referéndum para decidir si el Reino Unido permanece o no en la Unión. La decisión está, por supuesto, en manos de los votantes de ese país. Pero no sería honesto ni realista afirmar que esa decisión no será de importancia estratégica para la Unión en su conjunto.

Siempre he afirmado que quiero que el Reino Unido siga en la Unión Europea y que estoy dispuesto a trabajar conjuntamente con el Gobierno británico para alcanzar un acuerdo justo para ese país.

Los británicos se plantean preguntas fundamentales sobre la UE: ¿aporta la UE prosperidad a sus ciudadanos?; ¿se centra su actuación en ámbitos en que pueden obtenerse resultados tangibles?; ¿está abierta la UE al resto del mundo?

La UE tiene respuestas a estas preguntas, y no sólo para el Reino Unido. Los 28 Estados miembros de la UE quieren que la UE sea moderna y que se centre en el beneficio de todos sus ciudadanos. Todos estamos de acuerdo en que la UE debe cambiar y adaptarse a los grandes retos y crisis que afrontamos en la actualidad.

Para ello estamos completando el mercado único, reduciendo la burocracia y mejorando el clima de inversión para las pequeñas empresas.

Para ello estamos creando un mercado único digital de modo que, sea cual sea el lugar en que uno se encuentre en la UE, no haya diferencias en el precio que se paga al reservar un vehículo por internet. Estamos modernizando la normativa sobre derechos de autor de la UE para mejorar el acceso de los ciudadanos a los contenidos culturales en línea, velando al mismo tiempo por que los autores obtengan una remuneración justa. Y hace tan solo dos meses, la UE se comprometió a suprimir las tarifas de itinerancia a partir del verano de 2017, una medida que muchos turistas y viajeros, en particular del Reino Unido, han venido reclamando desde hace años.

Para ello estamos negociando acuerdos comerciales con países importantes, como la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión. Para ello estamos abriendo mercados y suprimiendo obstáculos para las empresas y los trabajadores en los 28 Estados miembros de la UE.

Me he comprometido personalmente a mejorar la forma en que la Unión colabora con los Parlamentos nacionales. Consigné en las cartas de misión de todos los miembros de mi Comisión la obligación de interactuar más estrechamente con los Parlamentos nacionales. Estoy convencido de que el fortalecimiento de nuestras relaciones con ellos acercará la Unión a los ciudadanos a los que sirve. Me consta que el primer ministro David Cameron comparte también este anhelo y confío en que sabremos encontrar una respuesta común.

Hace más de un año, cuando hacía campaña para convertirme en presidente de la Comisión, hice el voto de que, como presidente, buscaría un acuerdo justo para Gran Bretaña, y justo también para los otros 27 Estados miembros.

Quiero garantizar que preservamos la integridad de las cuatro libertades del mercado único y que al mismo tiempo buscamos formas que permitan una mayor integración de la zona euro a fin de reforzar la unión económica y monetaria.

Para ser justos con el Reino Unido, parte de este acuerdo consistirá en reconocer que no todos los Estados miembros participan en todas las políticas de la UE. La posición del Reino Unido se define en protocolos especiales, por ejemplo en relación con el euro o la justicia y los asuntos de interior. Para ser justos con los demás Estados miembros, las decisiones del Reino Unido no deben impedirles una mayor integración cuando lo consideren oportuno.

Buscaré un acuerdo justo para el Reino Unido y lo haré por una sola razón: porque creo que la UE está mejor con el Reino Unido como miembro, y que el Reino Unido está mejor dentro de la UE.

En ámbitos clave, podemos lograr mucho más actuando juntos que por separado. Este es el caso, en particular, de los enormes desafíos de política exterior a los que se enfrenta Europa en estos momentos y que voy a abordar a continuación.

 

Unidos con Ucrania

Europa es una pequeña parte del mundo. Si algo tenemos que ofrecer, es nuestro conocimiento y nuestra capacidad de liderazgo.

Hace un siglo aproximadamente, uno de cada cinco habitantes del mundo era europeo; hoy lo es uno de cada nueve; en otro siglo lo será uno de cada veinticinco.

Creo que podemos y debemos desempeñar el papel que nos corresponde en la escena mundial, no sólo movidos por vanidad, sino porque realmente tenemos algo que ofrecer. Podemos mostrar al mundo la fuerza que procede de la unión y el interés estratégico que reviste la actuación conjunta. Nunca antes ha sido tan urgente y apremiante hacerlo.

Hay en el mundo más de 40 conflictos sin resolver. Mientras sigan abiertos, mientras sigan rompiéndose familias y sus hogares sigan quedando reducidos a escombros, no puedo dirigirme a ustedes, casi 60 años después de la creación de la Unión Europea, con la cantinela de la paz, y no puedo hacerlo sencillamente porque el mundo no está en paz.

Si queremos un mundo más pacífico, necesitamos más Europa y más Unión en nuestra política exterior. Esta necesidad es imperiosa en el caso de Ucrania.

El reto de ayudar a Ucrania a sobrevivir, a emprender reformas y a prosperar, es un reto europeo. En última instancia, el sueño ucraniano, el sueño de Maidán, es un sueño europeo: vivir en un país moderno, con una economía estable y un sistema político sólido y justo.

A lo largo de los últimos doce meses, he llegado a conocer bien al presidente Poroshenko, en una cumbre, cenando en su casa, en numerosas reuniones y en incontables llamadas telefónicas. Ha puesto en marcha la transformación de su país y lucha por la paz. Merece nuestro apoyo.

Ya hemos hecho mucho, otorgando préstamos por valor de 3 410 millones EUR en tres programas de ayuda macrofinanciera, contribuyendo a alcanzar un acuerdo que garantizará el suministro de gas durante el invierno y ofreciendo asesoramiento sobre la reforma del poder judicial. Si queremos que nuestra actuación se vea coronada con éxito, la UE y todos sus Estados miembros deben contribuir.

También tendremos que mantener nuestra unidad.

Necesitamos mantenernos unidos en lo que respecta a la seguridad de los Estados miembros orientales, en particular los países bálticos. La seguridad y las fronteras de los Estados miembros de la UE son intocables. Quiero que esto se entienda cabalmente en Moscú.

Necesitamos más unidad en lo que respecta a las sanciones. Las sanciones impuestas a Rusia por la UE tienen un coste para cada una de nuestras economías y afectan a sectores importantes, como la agricultura, pero son una poderosa herramienta para hacer frente a la agresión y a la violación del Derecho internacional. Deben mantenerse hasta que se cumplan en su totalidad los acuerdos de Minsk. Debemos permanecer serenos y unidos.

Pero también debemos seguir buscando soluciones.

En la Cumbre del G20 en Brisbane, hablé con el presidente Putin en un encuentro bilateral que se prolongó durante toda la noche hasta primeras horas de la mañana. Recordamos cuánto tiempo hace que nos conocemos y cómo han cambiado las cosas. El espíritu de cooperación que reinaba entre la UE y Rusia ha dado paso a un clima de sospecha y desconfianza.

La UE debe mostrar a Rusia el coste de la confrontación, pero también debe dejar claro que está dispuesta a asumir compromisos.

No quiero una Europa en los márgenes de la historia. Quiero una Europa que ejerza liderazgo. Cuando la Unión Europea se mantiene unida, podemos cambiar el mundo.

 

Unidos en el liderazgo en la lucha contra el cambio climático

Un ejemplo en el que Europa ocupa ya una posición de primer orden es la labor sobre el cambio climático.

En Europa todos sabemos desde hace años que el cambio climático es un gran reto mundial.

El planeta que compartimos —con su atmósfera y su clima estable— no puede soportar el uso que estamos haciendo de él.

Algunas partes del mundo han estado viviendo por encima de sus posibilidades, creando deuda de carbono y viviendo de ella. Como nos enseña la economía y la gestión de crisis, vivir por encima de nuestras posibilidades no es un comportamiento sostenible.

Pronto, la naturaleza nos pasará factura. En algunas partes del mundo, el cambio climático está introduciendo nuevas fuentes de conflicto; el control de una presa o un lago puede ser de mayor importancia estratégica que una refinería de petróleo.

El cambio climático es asimismo una de las causas profundas de un nuevo fenómeno migratorio. Si no actuamos con celeridad, los refugiados climáticos se convertirán en un nuevo reto.

Dentro de noventa días, representantes de todo el mundo se reunirán en París para tratar de llegar a un acuerdo sobre las medidas necesarias con vistas al cumplimiento del objetivo de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 grados centígrados. La UE va por buen camino y asumió el pasado mes de marzo un compromiso claro: un objetivo vinculante de reducción de las emisiones aplicable al conjunto de la economía de al menos el 40 % de aquí a 2030, en comparación con los niveles de 1990. Se trata de la contribución más ambiciosa propuesta hasta la fecha.

Otros países están siguiendo esta línea, aunque algunos muestran reticencia.

Voy a ser muy claro con nuestros socios internacionales: la Unión Europea no va a firmar cualquier acuerdo. Mi prioridad, la prioridad de la UE, es adoptar un acuerdo mundial sobre el clima que sea ambicioso, sólido y vinculante.

Esta es la razón por la que mi Comisión y yo hemos venido destinando parte de este primer año a recabar apoyo a un acuerdo ambicioso en París. El pasado mes de mayo, en Tokio, insté al primer ministro Abe a trabajar con nosotros para que París sea un digno sucesor de Kioto.

En junio, en la Cumbre del G7, los líderes acordaron desarrollar estrategias de bajo carbono a largo plazo y abandonar los combustibles fósiles antes de finales del siglo.

Más tarde me reuní con el premier chino, Li Keqiang, para preparar la reunión de Paris y poner en marcha una asociación destinada a garantizar que las ciudades de hoy estén diseñadas para satisfacer las necesidades del futuro en materia de energía y clima.

Además, en coordinación con la alta representante, los miembros del colegio de comisarios han participado en los esfuerzos de diplomacia climática. Hoy mismo, el comisario Arias Cañete se encuentra en Papúa Nueva Guinea debatiendo los planes para París con los dirigentes del Foro de las Islas del Pacífico. Si no se adoptan medidas correctivas para hacer frente al cambio climático, el nivel del mar subirá y esas islas se convertirán en el canario de la mina de carbón.

No obstante, si la cumbre de París llega a buen término, la humanidad dispondrá por primera vez, de un régimen internacional para luchar eficazmente contra el cambio climático.

París será la próxima parada, pero no la última. Al igual que hay un camino a París, se abre otro camino que parte de París.

La Comisión trabajará para asegurar que Europa mantiene el liderazgo en la lucha contra el cambio climático. Pondremos en práctica lo que predicamos.

No existen panaceas en la lucha contra el cambio climático, pero nuestras normas, como el régimen de comercio de derechos de emisión de la UE, y nuestras acciones, nos han permitido disminuir las emisiones de carbono y mantener al mismo tiempo el crecimiento económico.

Nuestra política climática, dotada de perspectiva de futuro, es igualmente imprescindible para la consecución de los objetivos de la unión de la energía: nos está convirtiendo en líderes mundiales en el sector de las energías renovables, que actualmente emplea a más de un millón de personas en la UE y genera un volumen de negocios de 130 000 millones EUR, incluidos 35 000 millones EUR en exportaciones. Actualmente, las empresas europeas poseen el 40 % de todas las patentes de tecnologías renovables y el ritmo del cambio tecnológico aumenta el potencial del nuevo comercio mundial de tecnologías ecológicas.

Esta es la razón por la que, en la construcción de la unión de la energía, se está imprimiendo un enfoque estratégico a la innovación y la interconexión de nuestros mercados.

Esto es lo que les prometí el año pasado, y esto es lo que la Comisión ha cumplido y seguirá cumpliendo.

La lucha contra el cambio climático no se ganará ni se perderá en los mentideros diplomáticos de París o Bruselas, sino sobre el terreno y en las ciudades donde viven y trabajan la mayoría de los europeos y donde se consume aproximadamente el 80 % de toda la energía producida en Europa.

Por este motivo, he pedido al presidente Schulz que acoja el mes que viene en el Parlamento la reunión del Pacto de los Alcaldes, que reunirá a más de 5 000 alcaldes europeos. Todos ellos se han comprometido a cumplir el objetivo de reducción de CO2 de la UE. Espero que todos los miembros de esta Cámara presten su apoyo a las medidas que las comunidades y municipios de toda Europa están adoptando para que la cumbre de París y su seguimiento lleguen a buen término.

 

Conclusión

Señor Presidente, Señorías:

Son muchas las cuestiones que he pasado por alto hoy. Me hubiera gustado, por ejemplo, hablarles de Chipre y de mi esperanza, mi sueño y mi deseo de ver la isla reunida el próximo año. Después de la larga reunión que mantuve en julio con los presidentes Nikos Anastasiades y Mustafa Akinci en medio de la Línea Verde, confío en que, con la necesaria visión de futuro y voluntad política de los dirigentes de ambas comunidades, este sueño pueda hacerse realidad en las actuales condiciones y con el mantenimiento de una buena coordinación entre los esfuerzos de las Naciones Unidas y los de la UE. Ofreceré todo mi apoyo y asistencia para contribuir a la consecución de este objetivo, porque creo que los muros y las alambradas no tienen lugar en un Estado miembro de la UE.

Tampoco he hablado de los agricultores europeos que han protestado esta semana en Bruselas. Coincido con ellos en que algo no funciona en el mercado cuando el precio de un litro de leche es inferior al de un litro de agua. Pero no creo que podamos ni debamos empezar a gestionar el mercado de la leche desde Bruselas. Hemos de compensar a los agricultores que sufren los efectos de las sanciones impuestas a Rusia. A tal fin, la Comisión va a asignar un paquete de solidaridad de 500 millones EUR para los agricultores. Además, las autoridades de competencia nacionales y europeas deberían analizar en profundidad la estructura del mercado. Algo huele a podrido en el mercado de la leche. Mi impresión es que es preciso romper algunos oligopolios en el comercio al por menor.

Son muchos más los temas que me hubiera gustado tratar, pero en lo que se refiere a las grandes cuestiones y retos a los que nos enfrentamos hoy, si algo tengo claro es que, ya hablemos de la crisis de los refugiados, de la economía o de la política exterior, sólo podemos tener éxito como una Unión.

¿Qué es esta Unión que representa a 507 millones de ciudadanos europeos? No se trata sólo de Bruselas o Estrasburgo. La Unión son las instituciones europeas y los Estados miembros. Son los Gobiernos nacionales y los Parlamentos nacionales.

Basta con que sólo uno de nosotros falle para que todos suframos las consecuencias.

Europa y la Unión han de obtener resultados. Aunque en circunstancias normales soy un ferviente defensor del método comunitario, en tiempos de crisis no soy nada purista: no me importa tanto la forma en que hacemos frente a la crisis — mediante soluciones intergubernamentales o procesos participativos—, con tal de que encontremos una solución y obtengamos resultados en interés de los ciudadanos europeos.

Con todo, si constatamos que un método determinado falla, debemos cambiar de enfoque.

Consideren, por ejemplo, el mecanismo de reubicación de refugiados que propusimos en mayo para Grecia e Italia. La Comisión había propuesto un sistema de solidaridad comunitaria vinculante, pero los Estados miembros optaron por un enfoque voluntario. El resultado está a la vista: nunca se alcanzó la cifra de 40 000 reubicaciones y aún no ha sido reubicada ni una sola persona necesitada de protección, mientras Italia y Grecia siguen solas ante el problema. Sencillamente, no es suficiente.

Consideren las soluciones intergubernamentales, como el Pacto Fiscal de 2011, destinado a reforzar la disciplina presupuestaria, o el Acuerdo de 2014 por el que se crea un fondo de resolución bancaria común. Hoy por hoy, ni un solo Estado miembro ha aplicado completamente el Pacto Fiscal, mientras que sólo 4 de los 19 Estados miembros han ratificado el Acuerdo sobre el fondo de resolución bancaria, que se ha de poner en marcha el 1 de enero de 2016.

Simplemente, esto no es suficiente su queremos afrontar los enormes desafíos actuales.

Tenemos que cambiar nuestra forma de trabajar.

Tenemos que ser más rápidos.

Tenemos que ser más europeos en nuestro método.

No porque anhelemos poder a escala europea, sino porque necesitamos con urgencia mejores y más rápidos resultados.

Necesitamos más Europa en nuestra Unión.

Necesitamos más Unión en nuestra Unión.

Toda mi vida, he creído en Europa. Tengo mis razones, muchas de las cuales afortunadamente no afectan a las jóvenes generaciones.

Al tomar posesión de mi cargo, anuncié que quería reconstruir puentes que estaban empezado agrietarse, allí donde la solidaridad empezaba a flaquear; allí donde los viejos demonios volvían a despertar.

Todavía queda un largo camino por recorrer,

Pero cuando nuestros hijos lean sobre el momento que vivimos en los libros de historia europea, quiero que lean que nos mantuvimos unidos demostrando compasión y que abrimos nuestros hogares a los necesitados.

Que aunamos fuerzas para dar respuesta a los desafíos globales, para proteger nuestros valores y para resolver conflictos.

Que velamos por que los contribuyentes nunca más tengan que pagar por la codicia de los especuladores financieros.

Que, codo con codo, garantizamos el crecimiento y la prosperidad de nuestras economías, de nuestras empresas, y sobre todo de nuestros hijos.

Que lean que forjamos una Unión más fuerte que nunca.

Que lean que juntos hicimos historia europea, una historia que nuestros nietos podrán contar con orgullo.

SPEECH/15/5614


Side Bar

Videos





Photos