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Discurso sobre el estado de la Unión 2013

European Commission - SPEECH/13/684   11/09/2013

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Comisión Europea

José Manuel Durão Barroso

Presidente de la Comisión Europea

Discurso sobre el estado de la Unión 2013

Sesión plenaria del Parlamento Europeo / Estrasburgo

11 de septiembre de 2013

Señor presidente,

Presidencia del Consejo,

Señorías,

señoras y señores:

Dentro de ocho meses los votantes de toda Europa juzgarán lo que hemos hecho juntos en estos cinco últimos años.

En este tiempo, Europa ha estado más presente en las vidas de los ciudadanos que nunca antes. Se ha hablado de Europa en las cafeterías y en las tertulias televisivas de todo el continente.

Hoy, quiero pasar revista a lo que hemos conseguido juntos y a lo que aún nos queda por hacer. Asimismo me gustaría presentar las que considero son las ideas principales de un verdadero debate político europeo de cara a las elecciones del año próximo.

Señorías:

Hace exactamente cinco años, el gobierno de los Estados Unidos absorbió a Fannie Mae y Freddie Mac y rescató a AIG, y Lehman Brothers solicitó el procedimiento concursal.

Estos acontecimientos provocaron la crisis financiera mundial, que evolucionó hacia una crisis económica sin precedentes y se ha convertido en una crisis social con consecuencias dramáticas para muchos de nuestros ciudadanos. Estos hechos han agravado el problema de la deuda, que sigue preocupando a nuestros gobiernos. Han provocado un aumento alarmante del desempleo, especialmente entre los jóvenes, y siguen siendo un lastre para nuestros hogares y nuestras empresas.

A pesar de todo, Europa ha dado la batalla. En estos cinco años, hemos dado una respuesta decidida. La crisis nos afectó a todos. Fuimos conscientes de que teníamos que luchar juntos. Así lo hemos hecho y lo seguimos haciendo.

Si echamos la vista atrás y pensamos en todo lo que hemos hecho juntos en estos cinco últimos años para unir a Europa en medio de la crisis, creo que es justo decir que nunca lo habríamos creído posible.

Estamos llevando a cabo una reforma integral del sector financiero para que los ahorros de los ciudadanos no corran peligro.

Hemos mejorado la manera en que los gobiernos colaboran entre sí, cómo restablecen unas finanzas saneadas y modernizan sus economías.

Hemos movilizado más de 700 000 millones de euros para sacar a los países ahogados por la crisis del pozo en que se encontraban, el mayor esfuerzo de estabilización entre países jamás realizado.

Aún recuerdo perfectamente la reunión que mantuve el año pasado con economistas principales de muchos de nuestros mayores bancos. La mayoría de ellos creían que Grecia abandonaría el euro y todos temían que la zona del euro se desintegrase. En la actualidad, podemos dar una clara respuesta a esos temores: ningún país ha salido del euro o ha sido obligado a abandonar la moneda común. Este año la Unión Europea se ha ampliado: de 27 ha pasado a tener 28 Estados miembros. El año próximo la zona del euro pasará de 17 a 18 miembros.

Lo importante ahora es qué hacemos con estos avances. ¿Sacamos pecho por lo logrado o le quitamos importancia? ¿Cogemos confianza por lo logrado para continuar con lo iniciado o minimizamos los resultados de nuestros esfuerzos?

Señorías:

Acabo de regresar de la cumbre del G20 celebrada en San Petersburgo y puedo decirles que, al contrario de lo sucedido estos últimos años, en esta ocasión los europeos no hemos recibido lecciones de otras partes del mundo sobre cómo resolver la crisis, sino halagos y palabras de aliento.

Y no porque se haya superado la crisis, que no es así. Se seguirá sometiendo a prueba la resiliencia de nuestra Unión, pero lo que estamos haciendo genera confianza en que estamos superando la crisis, siempre que no caigamos en la complacencia.

Nos estamos enfrentando juntos a los retos.

Tenemos que hacerlo juntos.

En un mundo como el nuestro en el que las placas tectónicas de la geoeconomía y la geopolítica están en continua evolución, estoy convencido de que solo unidos, como Unión Europea, podemos colmar las aspiraciones de nuestros ciudadanos: que protejamos y fomentemos nuestros valores, nuestros intereses y nuestra prosperidad en la era de la globalización.

Así pues, ahora es el momento de que superemos cuestiones puramente nacionales e intereses de estrechas miras para avanzar decididamente en pos del ideal europeo y aportar una verdadera perspectiva europea al debate con las circunscripciones nacionales.

Es el momento de que todos aquellos que defienden la idea de Europa, independientemente de su posición política o ideológica, o de su procedencia, hablen en su favor.

Si nosotros mismos no lo hacemos, tampoco podemos esperar que otros lo hagan.

Señorías:

Hemos recorrido un largo camino desde que comenzara la crisis.

En el discurso sobre el estado de la Unión del año pasado, afirmaba: «a pesar de todos estos esfuerzos, nuestras respuestas aún no han convencido a los ciudadanos, a los mercados ni a nuestros socios internacionales.».

Un año después, los hechos nos muestran que nuestros esfuerzos han empezado a dar fruto. Las primas de riesgo presentan un descenso generalizado. Los países más vulnerables están pagando menos para financiarse. La producción industrial crece. Vuelve la confianza de los mercados. Las bolsas muestran buenos resultados. Las perspectivas económicas presentan una mejoría constante y aumenta súbitamente la confianza de los consumidores.

Observamos que los países más vulnerables a la crisis y que más están haciendo por reformar sus economías, están empezando a registrar resultados positivos.

En España, fruto de las reformas de gran calado y del incremento de la competitividad, las exportaciones de bienes y servicios suponen ahora un 33 % del PIB, más que nunca desde la introducción del euro. Irlanda ha podido financiarse en los mercados de capitales desde el verano de 2012, se espera que en 2013 la economía crezca por tercer año consecutivo y las empresas manufactureras irlandesas vuelven a crear empleo.

En Portugal, se espera ahora que la cuenta corriente externa, que era estructuralmente negativa, presente una situación de equilibrio en términos generales y se comienza a crecer tras muchos trimestres en rojo. En solo tres años, Grecia ha llevado a término un saneamiento presupuestario realmente reseñable, vuelve a ganar competitividad y por vez primera en décadas se acerca a un superávit primario. También Chipre, que empezó el programa más tarde, lo está ejecutando de la forma prevista, condición imprescindible para volver a crecer.

En Europa, se vislumbra la recuperación.

Huelga decir que tenemos que permanecer atentos: «una golondrina no hace verano». Seamos realistas en nuestro análisis. No sobrestimemos pero tampoco subestimemos lo logrado. Registrar buenos resultados un trimestre no significa que hayamos salido de la tormenta económica, pero demuestra que estamos en el buen camino. Teniendo en cuenta las cifras y la evolución tal como la percibimos ahora, contamos con buenas razones para tener confianza.

Ello debe darnos un espaldarazo para continuar con nuestros esfuerzos. Se lo debemos a aquellos para los que la recuperación aún no se vislumbra, a quienes aún no se benefician de la evolución positiva. Se lo debemos a nuestros 26 millones de parados; especialmente a los jóvenes que nos miran con esperanza. Esperanza y confianza también forman parte de la ecuación económica.

Señorías:

Si estamos hoy aquí, es porque todos nosotros hemos tenido el coraje de adaptar tanto nuestras estrategias como nuestras políticas a las lecciones extraídas de la crisis.

Y cuando digo «todos nosotros», quiero decir realmente «todos nosotros»: se ha tratado realmente de un esfuerzo conjunto.

En todas y cada una de las distintas fases, el Parlamento Europeo, es decir, ustedes, ha desempeñado un papel decisivo en lo que ha constituido uno de los hitos legislativos más impresionantes de la historia. Personalmente, creo que los ciudadanos de Europa no son lo suficientemente conscientes de esta ingente tarea y ustedes merecen un mayor reconocimiento por ello.

Por eso, sigamos trabajando juntos para reformar nuestras economías, para que crezcan y generen puestos de trabajo, y adaptando nuestra arquitectura institucional. Solo si así lo hacemos seremos también capaces de superar esta nueva fase de la crisis.

Es mucho lo que aún podemos lograr juntos, en el actual mandato de este Parlamento y esta Comisión.

Lo que tenemos que hacer en primer lugar es, vayamos al grano, lograr la unión bancaria. Se trata de la fase inicial y más urgente de la profundización de nuestra unión económica y monetaria, tal como se perfiló en el Plan director de la Comisión presentado el otoño pasado.

El proceso legislativo del mecanismo único de supervisión casi ha llegado a término. El próximo paso es la valoración independiente de los activos de los bancos por parte del BCE, antes de asumir su función supervisora.

Es urgente que prestemos atención al mecanismo único de resolución. La propuesta de la Comisión está encima de la mesa desde julio y juntos hemos de hacer todo lo posible para que sea adoptada aún en esta legislatura.

Con ello garantizaremos que los contribuyentes ya no sean los primeros en pagar por el colapso de los bancos. Es así como avanzaremos en la disociación del riesgo bancario del riesgo de la deuda soberana.

Es así como se resuelve una de las consecuencias más alarmantes e inaceptables de la crisis: la creciente fragmentación del sector financiero y los mercados de crédito de Europa, lo que constituye incluso una renacionalización implícita.

Y, además, es así como se contribuye a restablecer el crédito normal a la economía, especialmente para las PYME, ya que, a pesar de una política monetaria acomodadiza, el crédito sigue sin fluir suficientemente a la economía en toda la zona del euro. Este problema ha de abordarse con decisión.

En último término, todo gira en torno a una cosa: el crecimiento. Creciendo podremos poner remedio a nuestro problema más acuciante, el desempleo. El actual nivel de desempleo es económicamente insostenible, políticamente insoportable y socialmente inaceptable. Por ello, todos nosotros en la Comisión – y me alegro de que me acompañen hoy aquí todos mis comisarios – deseamos trabajar sin desmayo con ustedes y con los Estados miembros para avanzar todo lo que podamos en nuestra agenda de crecimiento. Estamos movilizando todos los instrumentos, pero, para ser sinceros, no todos se desarrollan a escala europea, algunos son a nivel nacional. Deseo centrarme en la ejecución de las decisiones en materia de empleo juvenil y financiación de la economía real. Tenemos que evitar una recuperación sin creación de empleo.

Por consiguiente, Europa debe acelerar el ritmo de las reformas estructurales. Nuestras recomendaciones específicas para cada país indican lo que los Estados miembros han de hacer al respecto.

A escala de la UE, pues hay cosas que se pueden hacer a escala nacional y otras a escala de la UE, se debe prestar atención prioritaria a lo más importante para la economía real: aprovechar todo el potencial del mercado único.

Contamos con un mercado único de bienes que funciona correctamente y percibimos sus beneficios económicos. Tenemos que ampliar la fórmula a otros ámbitos: movilidad, comunicaciones, energía, finanzas y comercio electrónico, por mencionar unos pocos. Tenemos que eliminar los obstáculos que lastran a las empresas y personas más dinámicas. Tenemos que terminar de conectar a Europa.

Me gustaría anunciar que en el día de hoy adoptaremos formalmente una propuesta que dará un gran impulso al mercado único de las telecomunicaciones. Los ciudadanos son conscientes de que Europa ha logrado rebajar sustancialmente los costes de la itinerancia en las comunicaciones móviles. Nuestra propuesta reforzará las garantías, supondrá precios más bajos para los consumidores y brindará nuevas oportunidades a las empresas. Sabemos que en el futuro el comercio será cada vez más digital. ¿No es una paradoja que tengamos un mercado interior de bienes y 28 mercados nacionales distintos por lo que respecta a la economía digital? ¿Cómo podemos aprovechar todas las oportunidades que la economía digital abrirá en el futuro si no concluimos este mercado interior?

La misma lógica subyace a la más amplia agenda digital: resuelve problemas reales y mejora la vida cotidiana de los ciudadanos. La fortaleza de la futura base industrial de Europa depende de que exista una buena interconexión entre personas y empresas. Mediante una buena combinación de la agenda digital con la protección de datos y la defensa de la intimidad, nuestro modelo europeo refuerza la confianza de los ciudadanos. Tanto por lo que respecta a factores internos como externos, adoptar la legislación propuesta en materia de protección de datos reviste la máxima importancia para la Comisión Europea.

El mercado único es una baza clave para la competitividad y el empleo. Con la adopción de todas las propuestas restantes en el marco del Acta del Mercado Único I y II, y ejecutando en los próximos meses el Mecanismo «Conectar Europa», sentamos los cimientos de un futuro próspero para años venideros.

Nos estamos adaptando también a una transformación dinámica a escala planetaria, por ello hemos de fomentar este dinamismo innovador a escala europea. Esa es la razón de que debamos invertir también en innovación, en tecnología y en el papel de la ciencia. Tengo gran fe en la ciencia, en la capacidad de la mente humana y en una sociedad creativa para resolver los problemas. El mundo está evolucionando de forma radical y estoy convencido de que muchas de las soluciones llegarán, tanto dentro como fuera de Europa, de los nuevos saberes científicos, de las nuevas tecnologías. Me gustaría que Europa liderara ese esfuerzo a escala mundial. Por ello, hemos (Parlamento y Comisión) dado prioridad a la política de innovación Horizonte 2020 en los debates del presupuesto de la UE.

Por ello utilizamos el presupuesto de la UE para invertir en cualificaciones, educación y formación profesional, dinamizando y apoyando al talento. Por eso hemos dado un espaldarazo a Erasmus Plus.

Y esta es la razón de que, este mismo otoño, vayamos a presentar propuestas de una política industrial que sea idónea para el siglo XXI y movilicemos el apoyo para las PYME. Estamos convencidos de que una base industrial robusta y dinámica es indispensable para que la economía europea sea fuerte.

Además, al tiempo que luchamos contra el cambio climático, nuestros objetivos 20-20-20 han puesto a nuestra economía en la senda del crecimiento ecológico y la eficiencia de recursos, reduciendo costes y creando puestos de trabajo.

Antes de que finalice este año, presentaremos propuestas concretas en relación con nuestro marco energético y climático de aquí a 2030. Y seguiremos perfilando la agenda internacional pergeñando con nuestros socios para 2015 un tratado global sobre el clima que sea exhaustivo y jurídicamente vinculante. Europa no puede por sí sola luchar contra el cambio climático. Sinceramente, necesitamos que otros se unan a nuestro esfuerzo. Al mismo tiempo, seguiremos trabajando en relación con el impacto de los precios de la energía sobre la competitividad y la cohesión social.

Todos estos vectores del crecimiento forman parte de nuestra agenda «Europa 2020»; su plena y rápida ejecución es más urgente que nunca. En algunos casos tenemos que ir más allá de la agenda 2020.

Ello significa que también hemos de desarrollar nuestra activa y decidida agenda comercial. El objetivo es establecer lazos más estrechos con los mercados terceros emergentes y garantizar nuestro lugar en la cadena mundial de suministro. Al contrario de lo que parece, pues la mayor parte de nuestros ciudadanos piensan que perdemos terreno en el comercio mundial, contamos con un significativo y creciente superávit comercial de más de 300 000 millones de euros al año: hablamos de bienes, servicios y agricultura. Tenemos que apoyarnos en esta baza. Ello exigirá también toda nuestra atención en los próximos meses, especialmente con la Asociación Transatlántica sobre Comercio e Inversión con los Estados Unidos y las negociaciones con Canadá y Japón.

Y, por último, aunque no por ello sea menos importante, tenemos que echar toda la carne en el asador del marco financiero plurianual, el presupuesto europeo. El presupuesto de la UE es la baza más concreta de que disponemos para fomentar las inversiones. En algunas de nuestras regiones, el presupuesto de la Unión Europea es la única forma de realizar inversión pública pues no disponen de recursos a nivel nacional.

Tanto el Parlamento Europeo como la Comisión deseaban contar con más recursos. Hemos luchado juntos codo con codo, pero con todo y con eso, un único año del presupuesto de la UE representa más dinero, a precios de hoy, que la totalidad del plan Marshall en su día. Ahora hemos de asegurarnos de que los programas pueden comenzar el 1 de enero de 2014, que los resultados son palpables sobre el terreno y que utilizamos las posibilidades de la financiación innovadora, desde instrumentos que ya se han puesto en marcha, a los fondos del BEI, pasando por la emisión de bonos para proyectos.

Hemos de cumplir el compromiso que suscribimos en julio. Por parte de la Comisión, estaremos a la altura. Así, por ejemplo, aún este mes presentaremos el segundo presupuesto rectificativo para 2013. No hay tiempo que perder, por lo que insto especialmente a los Estados miembros para que no retrasen el proceso.

Por mucho que lo repita no lo subrayaré suficientemente: no convenceremos a los ciudadanos con frases huecas y promesas, sino con un buen puñado de logros comunes. Tenemos que mostrar los muchos ámbitos en los que Europa ha resuelto los problemas de los ciudadanos. Europa no es la causa de los problemas, sino parte de la solución.

Desgrano con mayor detalle lo que aún nos queda por hacer en la carta remitida hoy al presidente del Parlamento Europeo, que también habrán recibido ustedes. No voy a entrar ahora en pormenores en relación con el programa para el año próximo.

Lo que me interesa subrayar hoy es lo mucho que aún nos queda por conseguir juntos antes de las elecciones. No es el momento de tirar la toalla, sino que de nos remanguemos.

Señorías:

Nada de esto es fácil. Atravesamos tiempos difíciles que suponen una verdadera prueba para la UE. La senda de las reformas permanentes y profundas es tan exigente como inevitable. No nos equivoquemos: no hay vuelta atrás a lo ya conocido. Algunos piensan que, después de esto, todo volverá a ser como antes. Se equivocan. Esta crisis es distinta. No es esta una crisis cíclica, sino estructural. No volveremos a la antigua normalidad; tenemos que forjar una nueva. Atravesamos un periodo histórico de grandes transformaciones. Tenemos que entenderlo, no solo decirlo. Pero tenemos que sacar todas las consecuencias que de ello se derivan, también en nuestro ánimo, y definir cómo reaccionamos ante los problemas.

Por los primeros resultados obtenidos vemos que es posible.

Y, por experiencia, todos sabemos que es necesario.

En el momento en que nos encontramos, en medio de una frágil recuperación, el mayor riesgo que percibo es de carácter político: la falta de estabilidad y de decisión. En estos últimos años hemos visto cómo cualquier sombra de duda que se ciña sobre los compromisos de reforma de los gobiernos resulta instantáneamente penalizada. Por el lado positivo, cualquier decisión que sea sólida y convincente tiene un impacto significativo e inmediato.

En esta fase de la crisis, es tarea de los gobiernos aportar la certidumbre y previsibilidad de que siguen careciendo los mercados.

Sin duda, todos ustedes conocen a Justus Lipsius. Como saben, es el nombre del edificio del Consejo en Bruselas. Justus Lipsius fue un prominente humanista y estudioso del siglo XVI, que escribió un libro de gran trascendencia, De Constantia.

Como puede leerse en él, «la constancia es un recto e inmutable vigor de ánimo, que ni se vanagloria ni se abate con los sucesos exteriores o fortuitos». Como afirmaba el erudito, solo el «vigor de ánimo», sostenido sobre el «juicio y la recta razón», puede guiarnos en tiempos de tribulación y alarma.

Espero que en estos tiempos, estos difíciles tiempos que corren, los representantes de los gobiernos que se reúnen en el edificio Justus Lipsius den muestras de esa determinación, esa perseverancia a la hora de ejecutar las decisiones adoptadas. En este contexto, uno de los retos que se nos plantean es que debemos ser coherentes, es decir, no solo tomar decisiones, sino llevarlas posteriormente a la práctica.

Señorías:

No es de extrañar que en estos últimos años nuestros esfuerzos por superar la crisis económica hayan oscurecido todo lo demás.

No obstante, nuestra idea de Europa necesita ir mucho más allá de la economía. Somos mucho más que un mercado. El ideal europeo toca los cimientos mismos de la sociedad europea. Es un ideal sustentado en los valores, y subrayo el término valores. Está basado en una firme creencia en las normas políticas, sociales y económicas, enraizado en nuestra economía social de mercado.

En el mundo de hoy, la UE es indispensable para proteger estos valores y normas y fomentar los derechos de los ciudadanos: de la protección de los consumidores a los derechos laborales, de los derechos de la mujer al respeto de las minorías, de las normas medioambientales a la protección de datos y la intimidad.

Ya sea para defender nuestros intereses en materia de comercio internacional, garantizar nuestro abastecimiento energético o restablecer la sensación de justicia entre los ciudadanos luchando contra el fraude y la evasión fiscales, sólo si actuamos a nivel de la Unión podremos dejar sentir nuestro peso en la escena mundial.

Tanto si intentamos garantizar el impacto de la ayuda humanitaria y al desarrollo que destinamos a los países en desarrollo o gestionar nuestras fronteras exteriores comunes, como si deseamos desarrollar una política de seguridad y defensa fuerte en Europa, solo lograremos nuestros objetivos si avanzamos en la integración.

No hay duda de que nuestra coherencia interna va inextricablemente unida a nuestra relevancia internacional. Nuestra atracción económica y nuestro impulso político están estrechamente interconectados.

¿Hay alguien que de verdad crea que de haber fracasado el euro nosotros o nuestros Estados miembros seguiríamos teniendo alguna credibilidad a nivel internacional?

¿Seguimos siendo verdaderamente conscientes de hasta qué punto la ampliación ha sido el mejor bálsamo para las profundas heridas de la historia y la vía más segura para establecer democracias allí donde nadie pensó que sería posible? ¿De cómo la política de vecindad ha sido y sigue siendo el mejor modo de garantizar la seguridad y la prosperidad en regiones de vital importancia para Europa? ¿Dónde estaríamos ahora sin todo ello?

En la actualidad países como Ucrania tratan más que nunca de estrechar sus vínculos con la Unión Europea, atraídos por nuestro modelo económico y social. No podemos volverles la espalda. No podemos tolerar los intentos por limitar las decisiones soberanas de estos países. Es preciso respetar la libre voluntad y el libre consentimiento. Estos son también los principios que constituyen la base de nuestra Asociación Oriental, que queremos impulsar en la cumbre de Vilna.

¿Recordamos aún lo mucho que Europa sufrió en el último siglo por sus guerras y cómo la integración europea ha constituido la respuesta válida?

El próximo año se cumplirá el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. Una guerra que desgarró el continente desde Sarajevo al Somme. No debemos dar nunca por supuesta la paz. Debemos recordar que gracias a Europa antiguos enemigos se sientan ahora en torno a la misma mesa para trabajar juntos, que es únicamente porque se les ofreció una perspectiva europea por lo que incluso Serbia y Kosovo alcanzan ahora un acuerdo con la mediación de la UE.

El Premio Nobel de la Paz nos recordó el año pasado este logro histórico: Europa es un proyecto de paz.

Deberíamos ser más conscientes de ello. A veces creo que no deberíamos avergonzarnos de estar orgullosos. No ser arrogantes, pero sí estar orgullosos. Deberíamos mirar hacia el futuro, pero con la sabiduría acumulada del pasado.

A quienes se alegran de las dificultades de Europa y desean desandar el camino de la integración y volver al aislamiento, permítanme que les diga esto: la Europa de antes de la integración, la Europa de las divisiones, de la guerra, de las trincheras, no es la Europa que la gente desea y merece. El continente europeo no ha conocido en toda su historia un periodo tan dilatado de paz como el que disfrutamos desde la creación de la Comunidad Europea. Es nuestro deber preservarla y profundizarla.

Señorías:

Es precisamente con nuestros valores con los que debemos abordar la insoportable situación de Siria, que ha puesto a prueba de forma tan severa la conciencia mundial estos últimos meses. La Unión Europea ha liderado la respuesta de ayuda internacional movilizando casi 1 500 millones de euros, de los que 850 millones proceden directamente del presupuesto de la UE. La Comisión hará todo lo que sea posible para ayudar al pueblo sirio y a los refugiados en países vecinos.

Recientemente hemos presenciado sucesos que creíamos erradicados desde hace mucho tiempo. El uso de armas químicas es un acto horrible que merece una clara condena y una respuesta firme. La responsabilidad colectiva de la sanción de estos hechos y del fin del conflicto recae en la comunidad internacional, con las Naciones Unidas al frente. La propuesta de dejar fuera de uso las armas químicas de Siria es potencialmente un paso positivo. El Gobierno sirio debe demostrar ahora que lo hará sin dilación. En Europa, creemos que, en última instancia, solo una solución política tiene posibilidades de conducir a la paz duradera que el pueblo sirio merece.

Señorías:

Hay quienes afirman que una Europa más débil haría su país más fuerte, que Europa es una carga y que sin ella vivirían mejor.

Mi respuesta es clara: todos necesitamos una Europa unida, fuerte y abierta.

En el debate que se está desarrollando en toda Europa, la cuestión que se plantea en última instancia es: ¿Queremos mejorar Europa o preferimos renunciar a ella?

Mi respuesta es clara: involucrémonos.

Si no te gusta Europa tal y como es ahora, mejórala.

Busca el modo de hacerla más fuerte, interna y externamente, y encontrarás en mí un apoyo sin fisuras. Busca modos de acomodar la diversidad sin originar discriminación y seré tu más firme aliado.

Pero no des la espalda a la idea de Europa.

Reconozco que, como sucede con cualquier empeño humano, la UE no es perfecta.

Por ejemplo, nunca seremos capaces de zanjar de forma definitiva las controversias sobre la división de las tareas a nivel nacional y a nivel europeo.

Yo valoro enormemente la subsidiariedad. Para mí, la subsidiariedad no es un concepto técnico, es un principio democrático fundamental. Necesitamos una unión más estrecha entre los ciudadanos de Europa, en la que las decisiones se adopten de la forma más abierta y lo más cerca posible de los europeos.

No todos los problemas requieren una solución a escala europea. Europa debe centrarse en aquellas cuestiones en las que puede aportar un mayor valor. No debe inmiscuirse en aquellas en las que no sea así. La UE debe ser grande en las cuestiones grandes y pequeña en las cuestiones pequeñas, algo que tal vez no hayamos entendido en el pasado. La UE debe demostrar que tiene capacidad para establecer prioridades tanto positivas como negativas. Como todos los gobiernos, debemos ser extremadamente cuidadosos con la calidad y la cantidad de nuestra legislación, a sabiendas de que, como dijo Montesquieu, «les lois inutiles affaiblissent les lois nécessaires» (las leyes inútiles debilitan las necesarias).

Pero existen, Señorías, áreas de gran importancia en las que Europa debe mostrar una mayor integración y una mayor unidad. En las que solo una Europa fuerte puede dar resultados.

Tal y como subrayé en el último discurso del estado de la Unión, creo que la unión política debe constituir nuestro horizonte político. No es esta la petición de un europeo apasionado. Se trata de la única vía para consolidar nuestro progreso y garantizar el futuro.

En última instancia, la solidez de nuestras políticas, y en particular la unión económica y monetaria, depende de la credibilidad de la construcción política e institucional que las sustenta.

De modo que en el Plan director para una Unión Económica y Monetaria de la Comisión hemos trazado no solo los aspectos económicos y monetarios, sino también las necesidades, las posibilidades y las limitaciones del refuerzo de nuestra estructura institucional a medio y largo plazo. La Comisión seguirá trabajando para ejecutar el Plan director, paso a paso, una fase tras otra.

Y confirmo, tal y como anuncié el año pasado, la intención de presentar, antes de las elecciones europeas, ideas sobre el futuro de nuestra Unión y sobre el mejor modo de consolidar y afianzar el método comunitario y el enfoque comunitario a más largo plazo. De ese modo se podrán someter a un debate verdaderamente europeo. Estas ideas plantearán los principios y orientaciones necesarios para una verdadera unión política.

Señorías:

Solo podemos responder a los retos de nuestro tiempo si reforzamos el consenso en torno a nuestros objetivos fundamentales.

Políticamente, no deben dividirnos diferencias entre los países de fuera o de dentro de la zona del euro, entre el centro y la periferia, el norte y el sur, el este y el oeste. La Unión Europea debe seguir siendo el proyecto de todos sus miembros, una comunidad de iguales.

Económicamente, Europa siempre ha sido una forma de colmar las diferencias entre países, regiones y ciudadanos. Y debe seguir siéndolo. No podemos hacer el trabajo de los Estados miembros ni asumir sus responsabilidades, pero podemos y debemos completarlas con responsabilidad europea y con solidaridad europea.

Por esa razón, el refuerzo de la dimensión social constituye una prioridad para los meses futuros, que abordaremos junto con nuestros interlocutores sociales. La Comisión presentará el 2 de octubre una comunicación sobre la dimensión social de la unión económica. La solidaridad es un elemento clave de lo que significa Europa, y algo que nos debe enorgullecer.

La Unión Europea se creó para salvaguardar sus valores, como el del Estado de Derecho, desde sus inicios hasta los últimos capítulos de la ampliación.

En el discurso sobre el estado de la Unión del año pasado, en un momento en que el Estado de Derecho estaba amenazado en nuestros propios Estados miembros, me referí a la necesidad de tender un puente entre la persuasión política y los procedimientos de infracción específicos, por un lado, y lo que yo llamo la opción nuclear del artículo 7 del Tratado, es decir, la suspensión de los derechos de un Estado miembro, por otro.

La experiencia ha confirmado la utilidad del papel de la Comisión como árbitro independiente y objetivo. Debemos consolidar esta experiencia a través de un marco más general basado en el principio de la igualdad entre Estados miembros, que intervenga únicamente cuando exista un riesgo grave y sistémico para el Estado de Derecho y se active de forma automática en presencia de parámetros predefinidos.

La Comisión presentará una comunicación sobre este tema. Creo que se trata de un debate clave para nuestra idea de Europa.

No se trata de limitar la soberanía o la democracia nacionales. Pero necesitamos un mecanismo europeo fuerte para influir en la ecuación cuando estén en juego principios comunes básicos.

Hay una serie de valores no negociables que la UE y sus Estados miembros deben defender siempre.

Señorías:

La polarización a que abocó la crisis es un peligro para todos nosotros, para el proyecto, para el proyecto europeo.

Nosotros, legítimos representantes políticos de la Unión Europea podemos revertir esta tendencia. Ustedes, representantes democráticos de Europa, directamente elegidos, deberán liderar el debate político. La cuestión que quiero plantear es saber cuál va a ser la imagen de Europa que se va a presentar a los ciudadanos: ¿La de la foto sin retoques o la de la caricatura?, ¿los mitos o los hechos?, ¿la versión honesta y razonable o la versión extremista y populista? Es una diferencia importante.

Sé que algunas voces acusan a Europa de ser la culpable de la crisis y las dificultades.

Pero podemos recordar a todos que Europa no es el origen de la crisis. Su causa está en la mala gestión de los fondos públicos por los gobiernos nacionales y comportamientos irresponsables en los mercados financieros.

Podemos explicar cómo ha trabajado Europa para superar la crisis, lo que habríamos perdido si no hubiéramos logrado preservar el mercado único, porque estuvo amenazado, y la moneda común (algunos predijeron el fin del euro) si no hubiéramos coordinado los esfuerzos de recuperación y las iniciativas de empleo.

Hay quien dirá que Europa está obligando a los gobiernos a recortar gastos.

Pero podemos recordar a los votantes que la deuda pública se desbocó incluso antes de la crisis y no a causa de Europa, sino a pesar de Europa. Podemos añadir que los más vulnerables de nuestras sociedades y nuestros hijos podrían acabar pagando el precio si no perseveramos ahora. Y la verdad es que países de dentro del euro o de fuera del euro, en Europa o fuera de Europa están haciendo esfuerzos por reducir su ingente gasto público.

Algunos harán campaña diciendo que hemos dado demasiado dinero a los países vulnerables. Otros dirán que hemos dado demasiado poco dinero a los países vulnerables.

Pero todos nosotros podemos explicar lo que hicimos y por qué lo hicimos: existe un vínculo directo entre los préstamos de un país y los bancos del otro, entre las inversiones de un país y los negocios de otro, entre los trabajadores de un país y las empresas de otro. Este tipo de interdependencia significa que solo funcionan las soluciones europeas.

A la gente le digo que cuando vas en el mismo barco, no puedes decir: tu extremo del barco se está hundiendo. Íbamos en el mismo barco cuando las cosas iban bien y seguimos juntos en él cuando se ponen difíciles.

Algunos harán campaña diciendo que Europa ha acaparado demasiado poder.

Habrá quien afirme que Europa siempre hace demasiado poco, demasiado tarde. Lo que resulta interesante es que a veces los mismos que dicen que Europa no hace lo suficiente son los mismos que no dan más medios para que Europa haga lo que tiene que hacer.

Pero podemos explicar que son los Estados miembros los que han transferido las funciones y conferido las competencias de que Europa dispone. La Unión Europea no es un poder extranjero. Es el resultado de decisiones democráticas adoptadas por las instituciones europeas y por los Estados miembros.

Al mismo tiempo, es preciso admitir que en algunos ámbitos Europa sigue careciendo de competencias para hacer lo que se le pide. Algo que olvidan fácilmente los que – y son muchos- gustan siempre de nacionalizar los éxitos y europeizar los fracasos.

En última instancia, lo que tenemos y lo que no tenemos, es el resultado de la toma de decisiones democrática. Y creo que es preciso recordárselo a la gente.

Señoras y Señores,

Sr. Presidente,

Señorías,

Espero que el Parlamento Europeo acepte este reto con todo el idealismo que encierra, con todo el realismo y la determinación que estos tiempos exigen de nosotros.

Los argumentos están ahí.

Los hechos están ahí.

La agenda está ahí.

Dentro de ocho meses decidirán los votantes.

Ahora nos corresponde a nosotros defender Europa.

Podemos hacerlo aprovechando los próximos 8 meses para concluir todo el trabajo que podamos. Todavía queda mucho por hacer.

Adoptar y ejecutar el presupuesto europeo, el MFP. Esto es fundamental para la inversión en nuestras regiones en todo el territorio europeo. Es indispensable para impulsar nuestra prioridad máxima: la lucha contra el desempleo, en particular el desempleo juvenil.

Avanzar y llevar a la práctica la unión bancaria. Esto es esencial para abordar el problema del crédito a la economía y las PYME.

Estas son nuestras claras prioridades: empleo y crecimiento.

Porque, Señorías, las elecciones no es un asunto que afecte solo al Parlamento Europeo, a la Comisión Europea o al Consejo, o a tal o cual personalidad.

Estas elecciones afectan a Europa.

Se nos juzgará en conjunto.

Así que trabajemos y luchemos juntos: por Europa.

Con pasión y con determinación.

No olvidemos que hace cien años Europa iba sonámbula hacia la catástrofe de la guerra de 1914.

El próximo año, 2014, espero que Europa camine dejar atrás la crisis y avanzar hacia una Europa más unida, fuerte y abierta.

Muchas gracias por su atención.


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