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Comisión Europea

Androulla Vassiliou

Comisaria Europea de Educación, Cultura, Multilingüismo y Juventud

Las lenguas todavía son importantes

Conferencia sobre multilingüismo en Europa

Limassol, 27 Septiembre 2012

Sr. Ministro

Sr. Vicepresidente del Parlamento Europeo

Estimados colegas

Señoras y señores

Bienvenidos a Chipre. Es para mi un gran honor verlos a todos reunidos en mi país de origen, y les deseo una feliz y memorable estancia en nuestra isla. Bienvenidos también a este maravilloso edificio situado en el corazón de Limassol. No puedo pensar en un mejor ejemplo de actividad floreciente que este viejo molino de algarrobas que hoy nos acoge.

Nuestro anfitrión, la Fundación Lanitis, perpetúa con orgullo una tradición familiar de apoyo a la educación y a las artes en la comunidad local. El ya fallecido Evagoras Lanitis, una conocida personalidad de la vida pública chipriota, estaba convencido de que las empresas, además de hacer beneficios, debían contribuir también a la sociedad en su conjunto. Su esposa e hijos han recogido el testigo de esta filosofía. Espero que estén de acuerdo conmigo en que el centro Lanitis constituye un marco ideal para nuestra conferencia.

En primer lugar, permítanme dar las gracias a mis servicios, en particular a la unidad de Multilingüismo, por haber organizado un programa tan interesante, que sin duda, propiciará un animado debate, ideas nuevas y, espero, nuevas amistades. Sé hasta qué punto han trabajado todos ustedes para organizar esta conferencia y les agradezco su esfuerzo.

Señoras y señores

Vivimos un momento crucial para las lenguas en Europa. Seguimos celebrando el Día Europeo de las Lenguas con la mirada puesta en el pasado y también en futuro.

Hace diez años, en Barcelona, los líderes de la Unión Europea suscribieron una visión ambiciosa del aprendizaje de lenguas y su contribución a la educación de los niños. El objetivo era claro: mejorar el dominio de las competencias básicas, en particular mediante la enseñanza de al menos dos lenguas extranjeras desde una edad muy temprana.

Hoy es natural que tratemos de hacer balance y nos preguntemos: ¿Ha sido útil el objetivo de Barcelona? ¿Qué progresos hemos realizado hasta la fecha? ¿Cuál es la siguiente etapa? Estas son algunas de las cuestiones que debatiremos entre hoy y mañana.

Sin embargo antes de hablar de lo que debe hacerse, creo que deberíamos pararnos a reflexionar sobre dónde nos encontramos actualmente. Para ser más precisos, creo que es el momento oportuno para abordar el papel que ocupan las lenguas en la Unión Europea. Dicho sin rodeos, ¿siguen siendo importantes las lenguas? y, en caso afirmativo, ¿por qué?

Mi respuesta es simple: el día en que dejen de hablarse la multitud de lenguas que existen en Europa, esta dejará de existir en tanto que idea o proyecto.

A pesar de la profunda crisis económica que ha sacudido a la Unión Europea hasta sus cimientos, nuestro objetivo fundamental sigue siendo el mismo: trabajar juntos en favor de una sociedad mejor respetando plenamente nuestras diferencias. Seguimos creyendo que la libertad, la igualdad, la solidaridad y la diversidad tienen cabida en un proyecto común.

Las lenguas son fundamentales en esta misión. Si dejamos de esforzarnos por aprender la lengua de nuestros vecinos, mucho menos podremos entender sus preocupaciones, y aún menos estaremos dispuestos a ayudarles. La experiencia nos enseña que tendemos a sacrificarnos por aquellos que conocemos y en los que confiamos. Hoy más que nunca, la cultura y la lengua son factores determinantes de pertenencia a una comunidad.

Pienso que el papel de las lenguas es incluso más profundo que todo esto: tiene que ver con la relación que mantenemos con nuestros semejantes y nuestra empatía hacia ellos. Hoy en día, la ciencia nos ayuda a comprender el funcionamiento de la mente humana, y nos habla de un fenómeno especialmente interesante para el debate sobre el aprendizaje de lenguas: el acto de imitar.

Creo que muchos de nosotros estamos de acuerdo en que la imitación nos ayuda a aprender una nueva lengua. Resulta interesante y curioso ver cómo tratamos de imitar, de manera instintiva, el sonido de la voz de otra persona, su acento, entonación o estilo. La imitación es una de las competencias humanas más esenciales, y las nuevas ciencias neurológicas nos ayudan a comprender su importancia.

El científico y antiguo profesor de Inglés Ian McGilchrist ha desarrollado esta idea:

«La imitación humana no es servil. No es un proceso mecánico –inmóvil, perfecto, acabado– sino que introduce variedad y carácter único. La grandeza de la capacidad humana de imitación es que nuestro cerebro nos permite escapar de los límites de nuestra propia experiencia y entrar directamente en la experiencia del otro.

De esta manera, podemos salvar lo que nos separa, compartir lo que otra persona siente y hace y, en definitiva, ponernos en su lugar».

Creo que estas ideas tienen repercusiones importantes en el debate sobre el aprendizaje de las lenguas y el lugar que ocupa en la sociedad europea. La ciencia nos descubre multitud de aspectos de nuestra mente y su manera de gestionar importantes funciones sociales, como la lengua y nuestra relación con otras personas.

Dicho de manera muy sencilla, si perdemos el interés en aprender lenguas extranjeras, y si dejamos de intentar imitar a nuestros vecinos de esta manera sana y natural, dejaremos de entrar en su mundo y de comprender lo que piensan y sienten. Esta es, a mi juicio, la razón más profunda y urgente, por la que, quizá ahora más que nunca, Europa debe animar a la gente a aprender idiomas. Perpetúa nuestra misión histórica de llevar la paz a nuestros pueblos.

Tras examinar brevemente el funcionamiento de la mente humana, regresemos ahora a la escena mundial y al funcionamiento de las relaciones internacionales. Cuando debatimos la importancia de aprender nuevas lenguas nos referimos al papel que ocupa la Unión Europea en el mundo. Y es aquí donde radica gran parte de mi optimismo.

En efecto, si pensamos que este siglo XXI debe caracterizarse por una mayor integración económica y tecnológica, la continua expansión de nuestras redes de comunicación y una creciente movilidad entre nuestros pueblos, es muy probable que la Unión Europea esté mucho mejor equipada para prosperar en este nuevo mundo de lo que mucha gente cree.

Europa tiene una larga tradición en gestionar su propia diversidad, incluidas sus diferencias culturales y lingüísticas. Por supuesto, este camino no ha estado salpicado solo de éxitos, muy al contrario. La Unión Europea fue, en su origen, la respuesta a una incapacidad catastrófica de resolver los conflictos. Aún hoy no podemos ignorar la propagación de ideas populistas, e incluso a veces xenófobas, en nuestras políticas nacionales.

Pero creo que podemos y lograremos superar estas tensiones, precisamente porque nuestra diversidad se ha convertido en una parte esencial de nuestra identidad. Está inscrita en nuestro ADN. Nuestro debate político, tanto nacional como europeo, gravita en torno a la cuestión de cómo conciliar la libertad, la igualdad y la solidaridad en una sociedad multicultural. Es el tema de conversación eterno en toda Europa: existe desde hace muchos años y continuará existiendo durante muchos más, y define quiénes somos.

En la Unión Europea conviven hoy en día veintitrés lenguas oficiales, veinticuatro el año que viene con la incorporación de Croacia, y cerca de sesenta lenguas regionales y minoritarias, por no mencionar más de cien lenguas habladas por los inmigrantes. Algunas siempre se hablarán más que otras, pero las valoramos a cada una de ellas por igual. Cada lengua representa una identidad cultural única, y ninguna debe sacrificarse en aras de la eficacia.

En este punto, me gustaría rendir homenaje a los servicios de traducción e interpretación de la Comisión Europea y el Parlamento Europeo, cuyos Directores Generales están hoy aquí con nosotros. Ninguna otra organización en el mundo funciona en tantas lenguas como la nuestra, y deberíamos estar orgullosos del excelente servicio que proporcionamos a nuestros ciudadanos cada día, a menudo en condiciones difíciles.

Nuestro compromiso con la diversidad cultural y lingüística responde al modelo político único que la Unión Europea ha presentado al mundo en el último medio siglo. La apertura de Europa, tanto entre sus propias naciones como hacia el resto del mundo, constituye, en mi opinión, la base de nuestro «poder blando» para los próximos años.

Por supuesto, no soy ingenua y reconozco que la crisis económica actual ha planteado serias dudas sobre el futuro de la integración europea. Acepto que nuestro sentido de la solidaridad está llegando a sus límites, y que muchas personas cuestionan los beneficios de una economía cada vez más globalizada. Pero, a pesar de estas preocupaciones, estoy convencida de que la respuesta única que ha dado Europa a lo largo de su historia a la cuestión de la diversidad nos prepara adecuadamente para la nueva sociedad basada en el conocimiento.

Llegado este punto, permítanme poner en duda, como lo han hecho otros recientemente, que el predominio del inglés como lengua franca en todo el mundo es inevitable y no tiene límites. No cabe duda de que durante muchos años todavía el inglés seguirá siendo la lengua dominante en las relaciones internacionales, pero los libros de historia nos enseñan que este tipo de tendencias no son irrefutables.

En palabras del gran lingüista Nicholas Ostler:

«Ninguno de nosotros vive lo suficiente para ver la evolución completa de una lengua en el mundo, aunque sí podemos ser testigos de algunos de los eventos más sobresalientes que la acompañan. Pienso en la recuperación del hebreo en Israel, la supresión del ruso en las escuelas de los países Bálticos, o el dominio del inglés entre los estudiantes japoneses.

Así, tenemos la impresión inevitable de que estos cambios relativamente repentinos se producen donde está la acción y, por ende, esto mismo nos lleva a pensar que una evolución que ha durado siglos, como es la progresión del inglés, es definitiva e imparable. Pero estas impresiones son falsas».

Junto a la cuestión de Europa en el mundo encontramos la de nuestro futuro económico. Más allá de la tarea urgente de resolver las crisis de la zona del euro, también debemos abordar los profundos desequilibrios entre nuestras economías y reflexionar sobre el tipo de economía que queremos construir. Y esto nos lleva a la cuestión de la educación.

La Comisión Europea calcula que, de aquí a 2020, alrededor de quince millones de nuevos puestos de trabajo en Europa exigirán cualificaciones de alto nivel. En 2020, aproximadamente un tercio de todos los puestos de trabajo requerirán estas capacidades. Estas son las necesidades reales y las opciones políticas que se derivan de la sociedad del conocimiento.

La cuestión a que se enfrenta la Unión Europea es a la vez simple y difícil: ¿invertimos lo suficiente en la modernización de nuestros sistemas educativos para que todos nuestros jóvenes, con independencia de su condición social y medios económicos, puedan desarrollar plenamente su potencial como seres humanos?

La educación ocupa ya un lugar central en la política económica de la Unión Europea. Muchos de ustedes conocen la estrategia «Europa 2020», nuestra hoja de ruta para salir de la crisis y emprender la senda de un crecimiento inteligente, sostenible e integrador. Entre sus cinco metas principales, «Europa 2020» insta a los Estados miembros a ampliar la enseñanza superior al 40 % de los jóvenes y a reducir la tasa de abandono escolar prematuro a menos del 10 %.

Ahora, cada año, la Comisión Europea presenta recomendaciones políticas a todos los Estados miembros, en las que les indica la manera de abordar los retos más urgentes para su economía, entre otras cosas, a través de la educación y la formación.

Seamos claros: esta nueva promoción de la educación en la elaboración de las políticas europeas es crucial si queremos que el aprendizaje de lenguas se convierta en uno de los pilares fundamentales de la educación en la sociedad del conocimiento.

Esto explica por qué el futuro programa de la Unión Europea para la educación y la formación: «Erasmus para todos», incluye el aprendizaje de las lenguas y la diversidad lingüística como uno de sus seis objetivos. Y me complace anunciar que, en sus negociaciones sobre dicho programa, el Parlamento Europeo y los Estados miembros apoyan plenamente este nuevo papel reforzado para las lenguas.

Señoras y señores

En el transcurso de los dos próximos días, tendrán la oportunidad de debatir el programa «Erasmus para todos» con más detalle, por lo que seré breve al respecto.

Ante todo hemos previsto financiar tres tipos de actividades, cada una de las cuales promoverá el aprendizaje de lenguas y la diversidad lingüística.

En primer lugar, la movilidad. Desde su creación hace veinticinco años, el programa «Erasmus» ha permitido a más de dos millones de jóvenes europeos estudiar en el extranjero. Con el nuevo presupuesto que los Estados miembros están negociando este otoño, queremos ampliar esta oportunidad para que un grupo mucho más amplio de personas pueden estudiar, formarse o trabajar en el extranjero.

«Erasmus para todos», representa, por lo tanto, una oportunidad histórica para impulsar el aprendizaje de lenguas en toda la Unión Europea. De aquí a 2020, alrededor de 900 000 personas podrán realizar cada año un intercambio financiado por la UE, ya sean alumnos, profesores, estudiantes, personas en formación, jóvenes voluntarios o profesionales. Nuestro deseo es integrar el aprendizaje de idiomas en cada experiencia de movilidad en todos los sectores de la educación. Si lo logramos, conseguiríamos aumentar drásticamente el número de personas de todas las edades expuestas a nuevas lenguas.

El segundo pilar de «Erasmus para todos» apoyará la cooperación y las asociaciones entre organizaciones. Nuestro objetivo es la innovación. Los proyectos transnacionales fomentan la apertura y la excelencia, y facilitan el intercambio de buenas prácticas entre instituciones.

Seguiremos apoyando las redes paneuropeas para el aprendizaje de lenguas y la diversidad lingüística. Se trata de estudiar cómo interactúan las lenguas con otros muchos objetivos políticos en el ámbito de la educación. Desde la educación y la enseñanza preescolar hasta las TIC, el aprendizaje de idiomas debe desempeñar un papel relevante.

El tercer pilar de «Erasmus para todos» apoyará la reforma política. Una de las principales ventajas de la elaboración de políticas a escala europea es nuestra capacidad para aprender los unos de los otros. La UE no puede interferir en las políticas nacionales en materia de educación y lenguas, ya que lo prohíbe el Tratado, pero podemos ayudar a identificar políticas que funcionen. Podemos orientar a los Estados miembros sobre esta cuestión y proponerles nuevas ideas.

Señoras y señores

Concluyo con una visión más práctica de las lenguas en la Unión Europea. Nuestro nuevo enfoque para la educación y la formación, consagrado en el programa «Erasmus para todos», responde a las necesidades urgentes de la sociedad europea y a la situación desesperada de los jóvenes en Europa.

Pero déjenme ser clara sobre una cosa: la atención que prestamos al papel económico de las lenguas no merma en modo alguno nuestro compromiso con la diversidad lingüística como un objetivo en sí misma. Al contrario.

Hoy en día, el deber de la Unión Europea de proteger y promover la diversidad es más firme que nunca. Nuestra carta de los Derechos Fundamentales prohíbe cualquier discriminación por razón de lengua, y declara que la Unión debe respetar la diversidad lingüística.

Nos corresponde garantizar que nuestro compromiso con estos valores se corresponde con un compromiso equivalente de que se lleven a la práctica en la vida cotidiana. Puedo asegurarles que la Comisión Europea está dispuesta a actuar precisamente en ese sentido y tenemos una herramienta muy poderosa con «Erasmus para todos».

Diez años después de Barcelona, es el momento para evaluar los progresos y extraer enseñanzas y, al mismo tiempo, para mirar hacia el futuro y vislumbrar nuevas oportunidades. Estoy convencida de que podemos hacerlo con determinación y optimismo.

Este año se ha llevado a cabo la primera encuesta europea sobre competencias lingüísticas, así como un importante sondeo entre la opinión pública, el Eurobarómetro. Ambas encuestas han permitido elaborar un amplio y exhaustivo conjunto de estudios que nos ayudarán a diseñar un nuevo patrón de referencia europeo en materia de aprendizaje de idiomas. La Comisión tiene intención de ponerlo en marcha en un futuro próximo.

El Eurobarómetro y la encuesta sobre las competencias lingüísticas nos revelan una historia fascinante, que tendrán la oportunidad de conocer detalladamente mañana.

El mensaje más importante que he sacado de las encuestas es que tenemos que desplegar enormes esfuerzos si queremos una Europa más multilingüe, pero que los ciudadanos reconocen la importancia de esta tarea.

Al comenzar mi discurso me preguntaba si las lenguas son todavía importantes. En opinión de nuestros ciudadanos, las lenguas nunca han sido tan importantes como ahora. La Comisión Europea está totalmente de acuerdo con ellos.

Gracias por su atención.


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