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SPEECH/11/607

José Manuel Durão Barroso

Presidente de la Comisión Europea

Renovación europea – Discurso sobre el estado de la Unión 2011

Parlamento Europeo

Estrasburgo, 28 de septiembre de 2011

Señor Presidente,

Señorías,

Señor Ministro:

Tenemos que ser honestos y totalmente claros al analizar el estado de la Unión.

Considero que nos enfrentamos al mayor reto al que nuestra Unión ha tenido que hacer frente en toda su Historia.

Se trata de una crisis financiera, económica y social, pero también de una crisis de confianza, tanto en nuestros dirigentes en general como en la propia Europa, en nuestra capacidad para encontrar soluciones.

Las raíces de la crisis son conocidas: Europa no ha respondido a los retos de la competitividad. Algunos Estados miembros cayeron en la tentación de vivir por encima de sus posibilidades. En los mercados financieros se produjeron comportamientos irresponsables e inadmisibles. Dejamos que se ampliasen los desequilibrios entre nuestros Estados miembros, especialmente en la zona del euro.

Los seísmos que sacuden el orden internacional y las presiones que ejerce la mundialización han agravado todavía más la situación.

Y el resultado lo tenemos aquí: una honda preocupación en nuestras sociedades. Muchos de nuestros ciudadanos tienen miedo del futuro y existe más que nunca el peligro del repliegue nacional, por no decir del nacionalismo.

Las respuestas populistas cuestionan los grandes logros de la Unión: el euro, el mercado único e incluso la libre circulación de personas.

Creo que puede decirse que la actual crisis de la deuda soberana es ante todo una crisis de confianza política.

Y nuestros ciudadanos, pero también el mundo exterior, nos observan y se preguntan si somos una verdadera Unión y si contamos con los medios y la voluntad de apoyar la moneda única.

¿Los Estados miembros más vulnerables siguen efectivamente dispuestos a aplicar las reformas indispensables? ¿Los Estados miembros más prósperos están realmente preparados para demostrar su solidaridad?

¿Es Europa verdaderamente capaz de generar crecimiento y empleo?

Hoy afirmo ante ustedes que sí, que se trata de una situación grave, pero que existen soluciones.

Europa tiene futuro.

Siempre que restablezcamos la confianza, para lo cual precisamos estabilidad, crecimiento, pero asimismo voluntad política y liderazgo político.

Juntos debemos proponer a nuestros ciudadanos una renovación europea.

Debemos traducir en hechos lo que se afirmó en la Declaración de Berlín, firmada por la Comisión, el Parlamento y el Consejo Europeo con motivo del 50º aniversario de la firma de los Tratados de Roma: «Wir leben heute miteinander, wie es nie zuvor möglich war. Wir Bürgerinnen und Bürger der Europäischen Union sind zu unserem Glück vereint» (Hoy vivimos juntos, de una manera que nunca fue posible en el pasado. Los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea, para fortuna nuestra, estamos unidos). Se trata de una declaración y las palabras cuentan. Hay que trasladar esta voluntad al ánimo de cada día.

Con nuestras instituciones, y no contra ellas, podremos triunfar.

Sabemos bien que algunos insisten en la necesidad de estabilidad, otros insisten en la necesidad de crecimiento.

Pues bien, yo les digo que necesitamos ambos.

Algunos subrayan la disciplina, otros la solidaridad.

Pues bien, yo afirmo que necesitamos ambas.

Se ha acabado el tiempo de los parches, de las soluciones parciales. Necesitamos determinación para soluciones generales. Una mayor ambición para Europa.

Creo sinceramente que hoy nos encontramos en un momento crítico de nuestra historia. Uno de estos momentos en que si no avanzamos en la integración, corremos el riesgo de la fragmentación.

Es por lo tanto una cuestión de voluntad política, una prueba decisiva para toda nuestra generación.

Y afirmo que sí, que es posible salir de esta crisis. No solo es posible, es necesario. En eso consiste el liderazgo político, en hacer posible lo necesario.

Señorías:

Permítanme comenzar por Grecia. Quiero ser claro: Grecia es y seguirá siendo miembro de la zona del euro. Por tanto, debe ejecutar sus compromisos plenamente y respetando los plazos. A su vez, los demás miembros de la zona del euro se han comprometido a ayudar a Grecia y a ayudarse mutuamente. Como ya dijimos con motivo de la Cumbre sobre la Zona del Euro del 21 de julio: «Estamos determinados a seguir proporcionando apoyo a los países sometidos a programas hasta que hayan recuperado el acceso al mercado, con tal que apliquen con éxito esos programas».

Por ello creé el Grupo de Trabajo para Grecia.

Acabamos de lanzar un plan de acción basado en dos grandes pilares:

  • Alrededor de 100 proyectos viables de alta calidad con el fin de invertir en todas las regiones griegas y así utilizar de forma óptima los fondos restantes disponibles para Grecia con arreglo a los Fondos Estructurales.

  • Y medidas decididas para reducir los procedimientos burocráticos aplicables a los proyectos cofinanciados por Europa.

Restan 15 000 millones de euros disponibles para ser invertidos en Grecia procedentes de los Fondos Estructurales. Estos fondos apoyarán a la economía helena mediante un programa urgente de asistencia técnica a la Administración griega.

Ya se está aplicando un programa de 500 millones de euros destinado a garantizar los préstamos del Banco Europeo de Inversiones a las PYME griegas.

La Comisión estudia asimismo la creación de un mecanismo de garantía más amplio que ayude a los bancos a conceder préstamos a la economía real.

Todo ello supone un gran apoyo a Grecia para que se recupere, y el país deberá cosechar resultados concretos. Deberá eliminar prácticas contraproductivas y resistir ante intereses creados.

Pero seamos claros al respecto: se trata de un un maratón, no de sprint.

La responsabilidad de construir una Unión de Estabilidad y Responsabilidad no solo se limita al problema de Grecia.

La situación económica a la que nos enfrentamos es muy difícil. Hemos tenido que soportar los efectos negativos de la actual reevaluación mundial de riesgos. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad recuperar la credibilidad y la confianza en el euro y en nuestra Unión en su conjunto.

Y podemos hacerlo demostrando que somos capaces de tomar todas las decisiones necesarias para la gestión de una moneda común y una economía integrada de forma competitiva, integradora y con un uso eficiente de los recursos. Para ello necesitamos actuar a corto, medio y largo plazo.

El primer paso es decidir rápidamente la forma de responder a la crisis de la deuda soberana.

Esto requerirá mecanismos más sólidos de solución de crisis. Precisamos tanto un arsenal creíble como cortafuegos eficaces para el euro.

Tenemos que basarnos en el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y en el inminente Mecanismo Europeo de Estabilidad.

El Fondo debe lograr inmediatamente más solidez y flexibilidad. Esto es lo que la Comisión ya propuso en enero y lo que los Jefes de Estado y de Gobierno de la zona del euro acordaron el 21 de julio. Solo entonces, una vez ratificado por ustedes, el Fondo será capaz de:

  • actuar cautelarmente,

  • intervenir para apoyar la recapitalización de los bancos,

  • intervenir en los mercados secundarios para ayudar a evitar el contagio.

Con el Fondo ya ratificado, deberemos aprovechar al máximo su dotación financiera. La Comisión está estudiando las distintas opciones al efecto.

Además, debemos velar para acelerar la entrada en vigor del Mecanismo Europeo de Estabilidad.

Y, naturalmente, debemos confiar en que el Banco Central Europeo (respetando plenamente el Tratado) hará todo lo necesario para garantizar la integridad de la zona del euro con el fin de asegurar su estabilidad financiera.

Pero no podemos pararnos ahí. Debemos profundizar la coordinación e integración económicas, en particular en la zona del euro.

Se trata de una gran tarea económica, pero asimismo de una gran tarea política.

Hoy votarán ustedes el denominado paquete de seis propuestas legislativas que les presentamos, a ustedes y al Consejo, hace un año. Este paquete reforma el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y amplía la vigilancia a los desequilibrios macroeconómicos. Estamos otra vez muy próximos al planteamiento inicial de la Comisión. Ustedes han desempeñado un papel decisivo para mantener el nivel de ambición de estas propuestas: les aplaudo por ello y quiero agradecérselo sinceramente.

Esta legislación nos proporcionará unos mecanismos de aplicación mucho más fuertes. Así, ahora podremos debatir los planes presupuestarios de los Estados miembros antes de que se adopten las decisiones nacionales. Esta combinación de disciplina e integración es la clave para el futuro de la zona del euro. Solo con más integración y disciplina podremos contar con una zona del euro realmente creíble.

Señorías:

Se trata efectivamente de importantes pasos adelante, pero debemos seguir avanzando. Es preciso completar nuestra unión monetaria con una unión económica. Debemos cumplir los objetivos de Maastricht.

Fue ilusorio pensar que era posible compartir una moneda común y un mercado único con planteamientos nacionales de la política económica y presupuestaria. Evitemos otro espejismo, el de que podemos tener una moneda común y un mercado único con un enfoque intergubernamental.

Para que la zona del euro sea creíble (y este es el mensaje no solo de los federalistas, este es el mensaje de los mercados) precisamos un enfoque genuinamente comunitario. Necesitamos integrar realmente la zona del euro y completar la unión monetaria con una unión económica real. ¿Y cómo podemos establecer este enfoque genuinamente comunitario? En las próximas semanas, la Comisión se basará en el paquete de seis propuestas legislativas y presentará una propuesta para un marco único y coherente que intensifique la integración y la coordinación económicas, en particular en la zona del euro. Esto se hará de forma que se garantice la compatibilidad entre dicha zona y la Unión en su conjunto. Evidentemente, no queremos que la zona del euro rompa el gran acervo del mercado único y nuestras cuatro libertades.

Al mismo tiempo, podemos consensuar la toma de decisiones para incrementar nuestra competitividad. Esto podría hacerse integrando el Pacto por el Euro Plus en este marco, respetando plenamente las competencias nacionales de ejecución.

Para que todo esto funcione precisaremos, más que nunca, la autoridad independiente de la Comisión que proponga y evalúe las medidas que los Estados miembros deberían tomar. Los Gobiernos, seamos francos, no pueden hacerlo por sí mismos, ni puede lograrse mediante negociaciones entre Gobiernos.

Cabe recordar que, en el marco de las competencias comunitarias, la Comisión es el Gobierno económico de la Unión y está claro que no necesitamos más instituciones para esta tarea.

Los Tratados establecieron instituciones supranacionales por alguna razón. Por algún motivo se crearon la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Tribunal de Justicia. La Comisión es la garante del juego limpio. Además, la Comisión, que naturalmente colabora con los Estados miembros, es sometida a la aprobación de este Parlamento y responde ante el mismo, ante la Cámara elegida directamente tanto por la zona del euro como por la Unión Europea en su conjunto.

Señorías:

Ha llegado también la hora de contar con una representación exterior unificada de la zona del euro. Con arreglo al Tratado, la Comisión presentará propuestas en este sentido.

Una Unión de Estabilidad y Responsabilidad construida sobre esta base y con un planteamiento común permitirá también a los Estados miembros aprovechar plenamente las ventajas de un mercado mayor para la emisión de deuda soberana.

Una vez que la zona del euro esté plenamente equipada con los instrumentos necesarios para garantizar tanto la integración como la disciplina, la emisión conjunta de deuda se considerará un paso natural y ventajoso para todos, siempre que tales «Eurobonos» sean «Bonos de Estabilidad», es decir, que estén diseñados de modo que premien a quienes jueguen limpio y disuadan a quienes no lo hagan. Como ya anuncié ante esta Cámara, en las próximas semanas la Comisión presentará las distintas opciones para la emisión de estos «Bonos de Estabilidad».

Algunas de estas opciones pueden ser aplicadas en el marco del presente Tratado, aunque unos «Eurobonos» propiamente dichos requerirán cambios en el Tratado. Y ello es importante porque, Señorías, podemos hacer mucho con el Tratado de Lisboa vigente. No hay excusa para no hacerlo ni para no hacerlo ahora.

Pero podría ser necesario contemplar nuevas modificaciones del Tratado.

Estoy pensando también, en particular, en la dificultad que representa la unanimidad. La velocidad de nuestro esfuerzo conjunto no puede ser dictada por los más lentos. Actualmente disponemos de una Unión en la que es el miembro más lento el que dicta la velocidad de todos los restantes Estados miembros. Esto tampoco es creíble desde la perspectiva de los mercados y por ello necesitamos resolver este problema de toma de decisiones. Un Estado miembro tiene derecho, por supuesto, a no aceptar decisiones. Es una cuestión, como dicen, de soberanía nacional. Pero un Estado miembro no tiene derecho a bloquear los movimientos de los demás, pues los demás también tienen su soberanía nacional y si quieren avanzar deberían hacerlo.

Nuestra disposición para incorporar cambios en el Tratado no debería ser una vía o excusa para retrasar las reformas que son necesarias en este momento, pero creo que estas perspectivas a más largo plazo reforzarán la credibilidad de las decisiones que tomemos ahora.

Una Unión de Estabilidad y Responsabilidad significa completar rápidamente los trabajos preparatorios de un nuevo sistema de regulación del sector financiero. Necesitamos unos bancos bien capitalizados y responsables que hagan préstamos a la economía real.

Se ha especulado mucho sobre la supuesta vulnerabilidad de algunos de nuestros bancos. La banca europea ha reforzado sustancialmente su capital a lo largo del año pasado y ahora está reuniendo fondos para colmar las lagunas detectadas mediante las pruebas de resistencia realizadas este verano. Esto es necesario para limitar los daños que las turbulencias en los mercados financieros pueden causar en la economía real y el empleo.

Durante los últimos tres años, hemos diseñado un nuevo sistema de normas para el sector financiero.

Recuerden que ya hemos presentado 29 actos legislativos y que ustedes adoptaron varios de ellos, incluida la creación de autoridades de vigilancia independientes que ya están ejerciendo sus funciones. Ahora es importante aprobar nuestras propuestas sobre nuevas normas relativas a:

  • derivados,

  • ventas en corto «desnudas» y permutas de incumplimiento por impago,

  • remuneración equitativa para los banqueros.

Estas propuestas están ahí y deberían ser adoptadas por el Consejo y el Parlamento. Antes de que finalice el presente año, la Comisión presentará las propuestas restantes, especialmente las relativas a:

  • agencias de calificación crediticia,

  • resolución bancaria,

  • responsabilidad personal de los operadores financieros.

Así pues, seremos el primer miembro del G-20 en plasmar nuestro compromiso en pro de los esfuerzos mundiales para regular los mercados financieros.

Señorías:

Durante los tres últimos años, los Estados miembros (o debería decir los contribuyentes) han concedido ayudas y garantías por un total de 4,6 billones de euros al sector financiero. Ya es hora de que el sector financiero devuelva lo que debe a la sociedad. Por esto estoy muy orgulloso de decir que hoy la Comisión ha adoptado una propuesta legislativa relativa a un impuesto sobre las transacciones financieras, un texto muy importante que si se aplica podría generar ingresos superiores a 55 000 millones de euros anuales. Algunos se preguntarán «¿Por qué?». ¿Por qué? Es una cuestión de justicia. Si nuestros agricultores, si nuestros trabajadores, si todos los sectores de la economía, desde la industria hasta la agricultura, pasando por los servicios, si todos ellos pagan sus contribuciones a la sociedad, también la banca debería aportar su contribución a la sociedad.

Y si necesitamos, como sí es el caso, una consolidación fiscal, si necesitamos más ingresos, la cuestión que se plantea es de dónde procederán estos ingresos. ¿Vamos a gravar con más impuestos al trabajo? ¿Aplicaremos mayores impuestos al consumo? Pienso que es más justo gravar las actividades financieras que en algunos de nuestros Estados miembros no aportan una contribución proporcionada a la sociedad.

No solo las entidades financieras deberían contribuir equitativamente. No podemos permitirnos mirar hacia otro lado con respecto a la evasión fiscal. Por ello, es el momento de adoptar nuestras propuestas sobre la fiscalidad del ahorro en la Unión Europea. Pido pues a los Estados miembros que den finalmente a la Comisión el mandato que hemos solicitado con el fin de negociar acuerdos fiscales para el conjunto de la Unión Europea con terceros países.

Señorías:

La estabilidad y la responsabilidad no son suficientes por sí mismas. Precisamos estabilidad, pero también crecimiento. Necesitamos responsabilidad, pero también solidaridad.

La economía solo puede seguir siendo fuerte si produce crecimiento y empleo. Por ello es preciso que liberemos la energía de nuestra economía, en particular de la economía real.

Las actuales previsiones apuntan a un fuerte lentificación.

Ahora bien, un crecimiento significativo en Europa no es un sueño imposible. No llegará mañana por arte de magia, pero podemos crear las condiciones para que el crecimiento renazca. Lo conseguimos en el pasado y podemos conseguirlo de nuevo.

Es cierto que no tenemos mucho margen para un nuevo estímulo presupuestario.

Pero esto no significa que no podamos hacer más para promover el crecimiento.

En primer lugar, quienes dispongan de margen presupuestario deberán explorarlo, pero de manera sostenible.

En segundo lugar, todos los Estados miembros deben promover reformas estructurales de tal forma que podamos incrementar nuestra competitividad en el mundo y promover el crecimiento.

Juntos podemos y debemos aprovechar el potencial del mercado único, explotar todos los beneficios del comercio y movilizar las inversiones a nivel de la Unión.

Permítanme que comience hablando del mercado único.

La plena aplicación de la Directiva sobre servicios podría, por sí sola y de acuerdo con nuestros cálculos, traducirse en hasta 140 000 millones de euros en beneficios económicos.

Pero en la actualidad, dos años después de finalizado el plazo para su aplicación, varios Estados miembros todavía no han adoptado las leyes necesarias.

En consecuencia, no estamos beneficiándonos de todas las posibles ganancias derivadas de una verdadera liberalización de los servicios en Europa.

Pero también podemos hacer más.

Debemos adoptar lo que ya está sobre la mesa. La Comisión Europea ha adoptado el Acta del Mercado Único. Una serie de iniciativas están preparadas ya.

Estamos cerca de contar con una patente europea que reducirá el coste de protección al 20 % de los costes actuales. Espero que este expediente haya finalizado para finales de año.

En el caso del Acta del Mercado Único deberíamos considerar un procedimiento legislativo urgente. Por cierto, en muchos ámbitos deberíamos emplear tal procedimiento urgente porque estamos viviendo en un momento de emergencia real. Esto nos permitirá responder a estas circunstancias extraordinarias.

Y el crecimiento futuro dependerá cada vez más del aprovechamiento de la tecnología de la información. Necesitamos un mercado digital único que supondrá para cada europeo un beneficio anual de unos 1 500 euros (gracias a la utilización de las posibilidades del comercio electrónico para lograr la desaparición, verbigracia, de las tarifas de itinerancia en la telefonía móvil).

Un 10 % suplementario de penetración de la banda ancha podría conllevar entre un 1 % y un 1,5 % de crecimiento anual adicional.

En un mundo competitivo debemos asimismo disponer de una buena formación que nos permita enfrentarnos a estos nuevos retos. Tenemos que innovar. Y debemos actuar de forma sostenible.

Ya hemos presentado propuestas detalladas en materia de innovación, eficiencia de los recursos y consolidación de nuestra base industrial.

La política industrial moderna consiste en invertir en investigación e innovación.

Debemos redoblar nuestros esfuerzos a fin de impulsar la utilización del capital de riesgo para financiar empresas jóvenes e innovadoras en toda Europa.

Surgirán empleos viables si nos centramos en la innovación y las nuevas tecnologías, incluidas las medioambientales. Tenemos que caer en la cuenta de que medio ambiente y crecimiento van de la mano.

Por ejemplo, el sector de las energías renovables creó 300 000 puestos de trabajo en los últimos cinco años en la Unión Europea y el mercado mundial de tecnologías medioambientales se triplicará en el próximo decenio.

Centremos nuestra actuación en lo que tiene un impacto real. El crecimiento del futuro supone igualmente que debemos proseguir de forma activa nuestra agenda «Legislación inteligente», que permitirá un ahorro de 38 000 millones de euros a las empresas europeas, en particular a las PYME, a condición de que los Estados miembros hagan lo que les corresponde en materia de reducción de las cargas administrativas.

Pero también necesitamos inversiones. Estas reformas son importantes, aunque también exigirán cierto tipo de inversión a nivel de Europa.

Una Unión de Crecimiento y Solidaridad necesita infraestructuras modernas e interconectadas.

Para el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) hemos propuesto crear una línea de crédito para conectar Europa mediante redes de energía, de transporte y digitales.

Esta innovadora parte de nuestra propuesta de MFP debe considerarse a la par que otra idea muy importante e innovadora: el proyecto de bonos.

En las próximas semanas, la Comisión publicará sus propuestas de proyecto de bonos de la UE. También propondremos proyectos piloto que nos permitan financiar el crecimiento. Podemos hacerlo incluso antes de que el MFP sea adoptado. De esta forma podremos acometer algunas de las mayores inversiones en infraestructura que Europa necesita.

La Unión y sus Estados miembros deberían considerar urgentemente cómo posibilitar que nuestro banco, que está al servicio de las políticas de la Unión, el Banco Europeo de Inversiones, pueda hacer más (posiblemente mucho más) para financiar inversiones a largo plazo.

A tal efecto debemos estudiar las vías para reforzar los recursos y el capital de base del BEI con el fin de que pueda conceder préstamos a la economía real.

En el año 2000 había disponibles 22 000 millones de euros en capital de riesgo en Europa. En 2010, solo 3 000 millones. Si queremos promover el espíritu empresarial debemos revertir esta tendencia y apoyar especialmente a las PYME.

También podemos lograr un mayor crecimiento gracias a los Fondos Estructurales, aumentando la capacidad de absorción y utilizándolos para apoyar los resultados macroeconómicos. Son esenciales especialmente en lo que se refiere al apoyo a la innovación, a la formación y el empleo, y a las PYME.

Quisiera urgir asimismo a este Parlamento a adoptar antes de que finalice el año las propuestas que presentamos en agosto para incrementar los índices de cofinanciación a los países que cuentan con programas de asistencia. Ello inyectará una financiación esencial en estas economías, reduciendo al mismo tiempo la presión sobre los presupuestos nacionales.

Señorías:

Las reformas de nuestros mercados laborales, de las finanzas públicas y de los sistemas de pensiones exigen un importante esfuerzo a todos los estratos de la sociedad.

Sabemos que estos cambios son necesarios para que podamos reformas nuestra economía social de mercado y conservar nuestro modelo social. Pero es imperativo que preservemos nuestros valores, valores de equidad, integración y solidaridad.

Ahora mismo necesitamos dar esperanzas concretas a uno de cada cinco de nuestros jóvenes que no pueden encontrar trabajo. En algunos países, su situación es, simplemente, dramática. Quiero hacer un llamamiento a las empresas para que hagan un esfuerzo especial y ofrezcan períodos de prácticas a los jóvenes, para lo que podrán recibir apoyo del Fondo Social Europeo.

Si conseguimos que las empresas, los interlocutores sociales, las autoridades nacionales y la Unión colaboren en una «Iniciativa de Oportunidades para los Jóvenes», podremos marcar la diferencia. Considero que este es el asunto social más urgente, pues debemos responder a la ansiedad de nuestros jóvenes que no pueden hallar un trabajo y es mucho mejor realizar un aprendizaje o un período de prácticas que lanzarse a las calles a expresar esa falta de confianza en la Unión en su conjunto.

Debemos acelerar las partes más urgentes de nuestro Plan de Crecimiento y Empleo Europa 2020. En sus recomendaciones específicas por país del próximo año, la Comisión se centrará en la situación de los jóvenes en cada Estado miembro.

Pienso que debemos dar una oportunidad real a nuestro futuro.

En este momento tenemos que actuar igualmente para ayudar a los 80 millones de europeos que se enfrentan al riesgo de pobreza. Esto significa que el Consejo debe aprobar finalmente nuestra propuesta de programa de la UE de suministro de alimentos a las personas más necesitadas. Quiero agradecer a este Parlamento el apoyo político que ha dado a nuestra propuesta de solución.

Señorías:

En octubre hará exactamente 50 años que 12 países de Europa se reunieron para firmar la Carta Social. En la actualidad, dicha Carta cuenta con 47 signatarios, incluidos todos los Estados miembros.

Para garantizar estos valores fundamentales en Europa, creo que debemos mejorar la calidad del diálogo social a nivel europeo. En Europa la renovación solo podrá triunfar si recibe las aportaciones de todos los interlocutores sociales y si todos ellos, los sindicatos, los trabajadores, los empresarios y las organizaciones sociales en general, la asumen como propia.

Debemos recordar que nuestra Europa es una Europa de ciudadanos. Como ciudadanos, todos nos beneficiamos de Europa. Contamos con una identidad y una ciudadanía europea, además de nuestra ciudadanía nacional. La ciudadanía europea nos aporta un conjunto de derechos y oportunidades. La oportunidad de cruzar libremente las fronteras, de estudiar y trabajar en el extranjero. También aquí debemos alzarnos y preservar y desarrollar estos derechos y oportunidades, tal como la Comisión está haciendo ahora mismo con nuestras propuestas relativas a Schengen. No toleraremos un retroceso de nuestros derechos como ciudadanos. Defenderemos la libertad de circulación y todas las libertades de nuestra Unión.

Señorías:

Como bien saben, las actividades de la Comisión abarcan muchos otros ámbitos. No puedo abordarlos todos aquí, pero se recogen en la carta que he enviado al Presidente del Parlamento y que todos ustedes han recibido.

No obstante, antes de concluir, permítanme hablar de la responsabilidad exterior de la Unión Europea. Quiero una Europa abierta, una Europa comprometida con el mundo.

La acción europea en el mundo no solo es la mejor garantía para nuestros ciudadanos, para la defensa de nuestros intereses y valores, también es una acción indispensable en el mundo. Ahora está de moda hablar del «G-2».

Yo creo que el mundo no quiere un «G-2». Ni siquiera los dos países en cuestión estarían interesados en ello. Sabemos la tensión que la bipolaridad originó durante la Guerra Fría. Creo que Europa es más indispensable que nunca si aspiramos a un mundo justo y abierto.

Considero que el mundo en mutación en que vivimos necesita una Europa que asuma todas sus responsabilidades. Una Europa influyente, una Europa de 27 miembros, y pronto 28 con la adhesión de Croacia. Una Europa que siga mostrando el camino, ya sea en materia de comercio o de cambio climático, con vistas a las grandes citas que nos esperan, desde Durban a Río + 20, donde Europa debe mantener su posición de liderazgo.

Fijémonos en nuestros vecinos del sur. La Primavera Árabe supone un profundo proceso de transformación que tendrá consecuencias muy importantes no solo para estos países, sino también para nosotros, para nuestra Europa. Este un motivo de orgullo para Europa. Fuimos los primeros en estar del lado de los tunecinos, los egipcios y los libios que querían democracia y libertad. Por ello Europa apoya estas aspiraciones legítimas, especialmente a través de nuestra Asociación para la Democracia y la Prosperidad.

La Primavera Árabe, al menos así lo espero, abre también una puerta a la esperanza de paz para toda la región, a la idea de un Estado Palestino que viva en paz con Israel, como Europa desea.

Pero volvamos también nuestra mirada y nuestra atención a los vecinos del Este. Este viernes asistiré a la Cumbre que la Asociación Oriental celebra en Varsovia. Me traslado allí como emisario de un deseo de relaciones políticas y de integración más estrecha entre nosotros y nuestros socios de la región. La Unión Europea tiene un poder de transformación extraordinario. Sirve como inspiración para muchas personas en todo el mundo y, si estos países aplican reformas profundas, podemos ayudarles y asociarlos más estrechamente desde un punto de vista político, y también integrarnos más en el ámbito económico.

Finalmente, dirijamos también nuestra mirada y nuestra atención a los más pobres y estemos a la altura de nuestros compromisos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Seamos también realistas y reconozcamos que para que Europa ejerza toda su influencia, si Europa quiere ser realmente una potencia, debemos fortalecer nuestra Política Exterior y de Seguridad, que tiene que resultar creíble. Es necesario apoyarse en una dimensión de seguridad y defensa común si se quiere contar realmente en el mundo.

Lejos queda el tiempo en que algunos podían oponerse a la idea de una defensa europea por temor a que pudiera socavar la Alianza Atlántica. Ya habrán observado como hoy en día son nuestros amigos estadounidenses, ellos mismos, los que nos piden hacer más en tanto que europeos. El mundo ha cambiado y está cambiando radicalmente. ¿De verdad deseamos contar en el mundo?

Por ello, en un momento en que los presupuestos de defensa están bajo presión, debemos hacer más juntos con todos los medios a nuestro alcance.

La Comisión asume su parte de responsabilidad y prosigue sus esfuerzos hacia un mercado único de la defensa y el aprovechamiento de las competencias que le brinda el Tratado para desarrollar una base de industrias europeas de defensa.

Señorías:

No seamos ingenuos: el mundo está transformándose y, para que Europa cuente y pueda defender los intereses de sus ciudadanos, necesitamos una dimensión política y una dimensión de defensa si queremos ser alguien e influir en el futuro del mundo.

Señorías:

Concluyo ya.

Al final de nuestro mandato, en 2014, hará exactamente un siglo que en nuestro continente estalló la Gran Guerra, el período negro al que sucedió la Segunda Guerra Mundial, una de las páginas más dramáticas de la historia de Europa y del mundo. Hoy en día estoy convencido de que podemos afirmar que tales horrores son inimaginables en Europea porque disponemos de la Unión Europea, porque gracias a la visión de Europa, mediante la integración económica y política hemos edificado la garantía de la paz en nuestro continente. Por este motivo, no podemos permitir que se vea amenazada esta gran obra que hemos recibido de las generaciones precedentes. Y no será nuestra generación la que la cuestione. Seamos claros: si se comienza a fragmentar Europa, si se comienza a dar marcha atrás en las grandes conquistas de Europa, existiría sin duda un riesgo de fragmentación de nuestro objetivo.

Como ya he dicho, en el fondo la crisis que nos atenaza es un problema político. Pone a prueba nuestra voluntad de vivir juntos. Por ello, debemos profundizar la Unión Europea, por ello hemos construido instituciones comunes. Por ello debemos garantizar el interés europeo.

En la realidad de hoy en día la cooperación intergubernamental no es suficiente para sacar a Europa de esta crisis y dotarla de un futuro. Muy al contrario: un determinado intergubernamentalismo puede conducir a la renacionalización y la fragmentación. Un determinado intergubernamentalismo podría significar la muerte de la Europa unida que nosotros deseamos.

No olvidemos que las decisiones que tomemos o no tomemos ahora moldearán nuestro futuro. Una cosa que desearía transmitirles es que me duele ver como otros, en otras partes del mundo, nos dicen a nosotros los europeos, con un cierto paternalismo, lo que debemos hacer. Creo francamente que tenemos problemas, problemas muy serios, pero creo que no tenemos por qué pedir disculpas por nuestras democracias. No tenemos que disculparnos por nuestra economía social de mercado. Así pues, considero que debemos pedir a nuestras instituciones, pero también a nuestros Estados miembros, también a París, Berlín, Atenas, Lisboa, Dublín, una reacción de orgullo de ser europeos, una reacción de dignidad y de responder a nuestros socios «Gracias por sus consejos, pero somos capaces de superar juntos esta crisis». Yo tengo este orgullo de ser europeo.

Y el orgullo de ser europeo no se deriva solamente de nuestra gran cultura, nuestra gran civilización, todo lo que hemos aportado al mundo. No es solo el orgullo por el pasado, es el orgullo por nuestro futuro. Esta confianza es la que debemos recrear entre nosotros. Creo que es posible.

Algunos dicen que es muy difícil, que no es posible. En este punto desearía recordar las palabras de un gran hombre, un gran africano, Nelson Mandela: «Siempre parece imposible hasta que se hace. Hagámoslo». Nosotros podemos lograrlo con confianza, podemos lograr la renovación de nuestra Europa.

Muchas gracias por su atención.


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