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Joaquín Almunia
Comisario europeo para asuntos económicos y monetarios
Gobernanza Económica: Los Retos
Réunión plenaria del Comité Económico y Social Europeo (CESE)
Bruselas, 15 de febrero 2006

European Commission - SPEECH/06/87   15/02/2006

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SPEECH/06/87












Joaquín Almunia

Comisario europeo para asuntos económicos y monetarios




Gobernanza Económica: Los Retos























Réunión plenaria del Comité Económico y Social Europeo (CESE)
Bruselas, 15 de febrero 2006

Introducción

Señoras y señores:

Agradezco su invitación a participar en esta reunión plenaria del Comité Económico y Social Europeo. El CESE es una fuente de consulta muy apreciada por la Comisión. Sus dictámenes, en respuesta a una consulta formal o de propia iniciativa, son una manera excelente de que oigamos, y escuchemos, la opinión de la sociedad civil organizada.

Este Comité ha opinado en múltiples ocasiones sobre problemas relacionados con la coordinación de la política económica. Y en su orden del día tienen hoy de nuevo dos dictámenes de iniciativa en esta materia. Compartimos, como es obvio, la idea de que la buena gobernanza económica es de gran importancia para la Unión Europea. Y por tanto quisiera compartir con ustedes mis ideas sobre el particular.

Hay un tercer dictamen en el orden del día que trata de la creación de una base consolidada común del impuesto de sociedades en la Unión Europea. Me referiré a este dictamen sin entrar en profundidad, pues es una cuestión de competencia de mi colega el Comisario Kovács.

La buena gobernanza económica, en la medida en que fomenta la estabilidad macroeconómica y la reforma estructural, genera mejores resultados macroeconómicos. Me referiré a los avances que estamos logrando en estas áreas.

Me centraré en tres temas:

  • En primer lugar, los progresos sustanciales en Europa en materia de estabilidad macroeconómica. La política común monetaria y de tipo de cambio en los países de la zona euro y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento han sido cruciales en este punto.
  • En segundo lugar, hablaré de las reformas estructurales. Abordaré los grandes desafíos económicos a los que Europa se enfrenta este campo y explicaré nuestra respuesta a estos retos en la agenda de Lisboa y a través de las Directrices integradas.
  • En tercer lugar, como ya he dicho, me referiré al asunto de la base consolidada común del impuesto de sociedades en la Unión Europea.

Para terminar diré unas palabras sobre la cooperación entre la Comisión y el CESE.

1. Estabilidad macroeconómica

Uno de los grandes logros de la Unión Económica y Monetaria (UEM) ha sido la creación de la estabilidad macroeconómica en Europa. La "estanflación" de los años 70 y primeros 80 fue una experiencia saludable para Europa. La mala respuesta de política monetaria y fiscal a los dos grandes choques del petróleo trajo consigo el estancamiento de la producción y el alza de los precios. Fue sin duda una demostración de las consecuencias de un marco de política macroeconómica deficiente.

La UEM nos ha dado tasas de inflación bajas y estables. La inflación de precios al consumo ha bajado de alrededor del 7% en los años 80 y más del 4% a principios de los 90 para situarse hoy en torno al 2%. Sin embargo, últimamente la inflación ha estado ligeramente por encima del 2%, reflejando en parte la subida del precio del petróleo.

Dominar la inflación es la mejor contribución que la política monetaria puede hacer a largo plazo al crecimiento sostenible.

En primer lugar, una inflación baja facilita la observación de los cambios de los precios relativos. De este modo los hogares y las empresas pueden tomar decisiones más informadas de consumo y de inversión, lo que promueve la eficiencia. En segundo lugar, los inversores tendrán menos tendencia a exigir una "prima de riesgo de inflación" para compensar la tenencia de activos de mayor riesgo. Es decir, una inflación baja mejora la eficiencia de los mercados de capitales, lo que también estimula el crecimiento económico. En tercer lugar, la estabilidad de los precios reduce la necesidad de que los hogares y las empresas detraigan recursos de aplicaciones productivas para protegerse de la inflación. Una vez más, se promueve así la eficiencia y por tanto el crecimiento a largo plazo.

Además, la UEM ha eliminado el riesgo de tipo de cambio en la zona euro. Ha mejorado así la transparencia de los precios, se han eliminado las "primas de riesgo de cambio", se ha estimulado la integración del mercado financiero y se han abaratado las transacciones dentro de la eurozona. Todos estos factores deben contribuir a aumentar el crecimiento en la zona.

La disciplina fiscal también ha ayudado a sostener la estabilidad macroeconómica en la UEM. La reducción de los déficits presupuestarios desde principios de los años 90 ha contribuido a crear condiciones más favorables para la inversión y fomentado la confianza. A corto plazo, las posiciones fiscales sanas han permitido que los estabilizadores automáticos actúen con relativa libertad en respuesta a baches económicos. A medio y largo plazo, el Pacto promueve las finanzas públicas sostenibles y favorece la reasignación de recursos públicos conforme a las prioridades de Gobierno. Son un marco apropiado para una gestión presupuestaria prudente que favorece el crecimiento. Y por tanto corresponde al interés económico de todos los países.

Si bien la experiencia del Pacto ha sido positiva en conjunto, su aplicación durante los primeros años de la UEM reveló insuficiencias y, por tanto, la necesidad de reformarlo. Así en marzo de 2005 se acordó un PEC mejorado. El dictamen elaborado por los miembros de este Comité Sra. Florio y Sr. Burani sobre la reforma del PEC, es bastante crítico. Quisiera contestarles presentando mi parecer sobre esta reforma y explicar cómo, de hecho, el Pacto revisado está funcionando bien en la práctica.

La reforma refuerza el fundamento económico de las normas. Quisiera dar tres ejemplos concretos:

  • En el PEC revisado, ya no se pone el acento sólo en los resultados nominales sino también en los esfuerzos fiscales. Ahora los plazos para corregir los déficits excesivos tienen en cuenta las condiciones cíclicas, la sostenibilidad de la deuda y la situación específica de cada país. Los déficits excesivos deben corregirse aplicando medidas estructurales.
  • La reforma incluye nuevos incentivos para que los Estados miembros redoblen sus esfuerzos de consolidación en los momentos de bonanza económica. De este modo se podrá evitar la aparición de déficits excesivos.
  • La reforma da más peso a la consideración de la sostenibilidad a largo plazo.

Creo firmemente que la plena aplicación del PEC revisado producirá mejores resultados que la aplicación parcial del pacto original. No son ilusiones. Hay muy buenos argumentos para pensar que un marco basado en reglas, que tiene una sólida base económica sana y que deja un margen de apreciación, dará mejores resultados. Mencionaré solamente tres elementos clave.

  • Las nuevas disposiciones mejorarán la calidad de las decisiones y recomendaciones adoptadas en virtud del PEC. Y cuanto más económicamente sólidas sean las decisiones y recomendaciones, más difícil será oponerse a ellas.
  • Sí, hay más margen de apreciación, pero hay varias disposiciones muy claras que impiden los abusos. Cualquier déficit por encima del 3% que no esté próximo al valor de referencia o no sea temporal se considerará excesivo. Los déficits excesivos deberán corregirse de forma rápida y permanente.
  • Por último, la reforma aclara el papel y las responsabilidades de la Comisión, el Consejo y los Estados miembros. No estoy de acuerdo con aquellos que dicen que el papel de la Comisión ha quedado debilitado. Dado que cualquier actuación en materia de déficit excesivo debe basarse en una recomendación de la Comisión, el hecho de que el marco se base ahora tanto en una apreciación individual de cada caso, como en una matriz de criterios económicos más matizada, no rebaja la importancia de las evaluaciones de la Comisión, sino que la acrecienta.

Finalmente, quisiera señalar que nuestras experiencias iniciales con el Pacto revisado son alentadoras y que muestran una mayor apropiación nacional del marco. En los casos de Italia y de Portugal, la revisión del Pacto permitió poner plazos para la corrección de los déficits excesivos que son realistas en cuanto a la velocidad apropiada del ajuste. El caso del Reino Unido confirma también que el nuevo Pacto está siendo aplicado correctamente.

En conjunto, creo que la reforma del PEC ha logrado un equilibrio razonable entre fundamentación económica y sencillez, entre margen de apreciación y rigor del sistema de reglas. La plena aplicación de sus disposiciones contribuirá ampliamente a afrontar los grandes retos a los que se enfrenta actualmente la política presupuestaria en la UE.

Está claro, por tanto, que la UEM ha contribuido notablemente a la estabilidad macroeconómica mediante la baja inflación, el euro y la consolidación fiscal. Sin embargo, hay margen para nuevos avances hacia la estabilidad macroeconómica, no sólo entre los nuevos Estados miembros, que están aún, y se entiende, en proceso de convergencia, sino también entre los antiguos.

Volveré ahora a los retos a medio y largo plazo, y en especial a la necesidad de reformas estructurales.

2. Reforma estructural: principales retos y estrategia de Lisboa renovada

Los desafíos más apremiantes para Europa son actualmente la falta de crecimiento y de nuevos empleos, las presiones competitivas cada vez mayores de una economía mundial en integración y las consecuencias del envejecimiento de la población. La manera en que abordamos estos retos fundamentales será crucial para la prosperidad futura de la Unión y el bienestar de sus ciudadanos.

Tras una larga ralentización, estamos ante los primeros signos de mejora de las perspectivas económicas de la UE. Pero, a pesar de estas buenas noticias, la economía de la UE sigue falta de resistencia a los choques. El potencial de crecimiento sigue siendo escaso, alrededor del 2%. La mano de obra está muy infrautilizada, como atestiguan los bajos niveles de empleo, así como un desempleo elevado y persistente.

Por otra parte, las proyecciones demográficas son muy desfavorables para Europa. La sostenibilidad de las finanzas públicas sufrirá tensiones en muchos países de la UE. Según el informe de la Comisión y el CPE aprobado ayer por el Consejo Ecofin, el coeficiente de dependencia en la UE se duplicaría en el próximo medio siglo: Europa pasaría de tener cuatro personas en edad de trabajar por ciudadano mayor a tener solo dos. El simple efecto del envejecimiento de la población podría reducir la tasa de crecimiento potencial entre 2031 y 2050 al 1,3%, prácticamente la mitad de la actual. Como es fácil de imaginar, la sostenibilidad del modelo social europeo estará sometida a fuerte presión. Aumentan los gastos en pensiones y salud al tiempo que la reducción de la oferta de mano de obra comprometerá nuestra capacidad de mantener un crecimiento económico elevado.

Por último, la economía europea es parte de una economía mundial cada vez más integrada. Aquí el resto es convertir la globalización en una ventaja para la UE. Podemos hacerlo. Debemos aprovechar la globalización para hacer a la UE más competitiva. Un informe reciente de la Comisión muestra que la actual fase de globalización puede generar aumentos sustanciales de la renta en el próximo medio siglo, pero sólo si aprovechamos plenamente las oportunidades que ofrece. Pero exigirá también un considerable ajuste económico a corto y medio plazo en algunos sectores de la economía europea.

¿Cómo hacer frente a estos retos? En primer lugar, debemos aumentar nuestro potencial de crecimiento mediante la mejora de la productividad y el incremento del empleo. Y en segundo lugar, debemos hacer de la UE una economía global y dinámica, más resistente y adaptable. De esta forma podremos dedicarnos a los sectores y procesos de crecimiento y abrir nuevos mercados, amortiguando al mismo tiempo el ajuste social y económico interno.

Para ello debemos establecer una serie de reformas estructurales a escala comunitaria en los mercados de productos, trabajo y capital. Necesitamos más inversión para aumentar nuestro capital humano, físico y de conocimiento, y necesitamos reorganizar nuestra economía. Y estas reformas estructurales deben sostenerse sobre políticas macroeconómicas orientadas al crecimiento y la estabilidad.

El Consejo Europeo de primavera de 2005 constató la urgencia de actuar para reforzar la competitividad de Europa e impulsar su potencial de crecimiento, y relanzó la estrategia de Lisboa con mayor acento en el aumento del crecimiento y del empleo. El instrumento político para lograrlo es el paquete de Directrices integradas, que comprende los principales instrumentos de coordinación de la UE, las Orientaciones Generales de Política Económica y las Directrices del Empleo. La gobernanza de la estrategia de Lisboa ha sido modificada para darle la forma de un partenariado entre la Comunidad y los Estados miembros. El resultado es un reparto más claro y más ágil de tareas y responsabilidades.

En un primer momento, los Estados miembros presentaron sus programas nacionales de reforma en el otoño de 2005. Estos programas establecen las estrategias nacionales de reforma de los Estados miembros, siguiendo las líneas generales establecidas en las Directrices integradas, pero adaptándolas a sus necesidades particulares. El informe anual publicado por la Comisión a finales de enero evalúa los programas nacionales de reforma y el avance de la estrategia renovada, y muestra que la UE está bien encarrilada. Sin embargo, el camino será largo y exigente. El informe define cuatro ámbitos de acción urgente: conocimiento e innovación; potencial empresarial; globalización y envejecimiento; y política energética. Las medidas en estas áreas deben estar ejecutadas en 2007 y complementar las prioridades a medio plazo especificadas en las Directrices integradas.

Como he dicho, en estas Directrices integradas constituyen un elemento importante las Orientaciones Generales de Política Económica, las GOPE. Son el principal instrumento de política económica de la Unión para avanzar en la agenda de Lisboa. Compruebo con satisfacción que esta sesión plenaria debate también las GOPE y comparto la evaluación que figura en el proyecto de dictamen elaborado por el Sr. Metzler. Políticas macroeconómicas sanas y sostenibles y reformas estructurales amplias son esenciales para la confianza, el crecimiento y el aumento del potencial de producción. Nuestro nivel de vida en el futuro depende del avance en la construcción de la economía del conocimiento. Como bien subrayan ustedes, para ello se necesitan esfuerzos continuos de mejora de la educación, la formación y la investigación, componentes básicos de una economía altamente innovadora.

3. Base consolidada común de los impuestos de sociedades

En cuanto al próximo dictamen del ponente Sr. Nyberg sobre la creación de una base consolidada común de los impuestos de sociedades en la Unión Europea, no puedo estar más de acuerdo sobre su importancia para las empresas con actividad en toda la Unión Europea.

Contra lo que algunos pudieran pensar, o desear que pensáramos, no se trata de acabar con la competencia fiscal o de vulnerar los derechos de los Estados miembros a decidir los tipos impositivos. Lo que realmente se discute es la eliminación de barreras fiscales importantes en el mercado único con objeto de liberar todo el potencial de empleo y crecimiento de la economía europea. Los estudios realizados demuestran que las empresas con filiales en otro Estado miembro tienen costes relativos al cumplimiento de las obligaciones fiscales superiores a los de las empresas que solo cuentan con filiales nacionales. Los estudios muestran también que la armonización de las bases impositivas sería beneficiosa en términos de PIB y de bienestar.

Estoy seguro de que el Comité Económico y Social Europeo estará de acuerdo en que una base impositiva común debería idealmente reunir los cuatro criterios siguientes:

  • En primer lugar, debería contener un grupo único de normas fiscales. Debería también permitir la compensación transfronteriza de las pérdidas mediante la consolidación, de modo que el beneficio imponible ya no se determinaría sobre la base de los precios de transferencia sino mediante fórmulas acordadas en común.
  • En segundo lugar, y en la medida de lo posible, debería incorporar las Normas Internacionales de Información Financieras actualmente obligatorias para las cuentas consolidadas de las empresas europeas cotizadas. Está claro que no todas las disposiciones de estas normas son perfectamente adecuadas a efectos tributarios. Son, sin embargo, un punto de partida útil que los expertos en fiscalidad y contabilidad deberían tener en cuenta.
  • Es también esencial que la base consolidada común ofrezca a todas las empresas un sistema impositivo viable y atractivo, sobre todo a la Societas Europeae, que no puede desarrollarse sin un régimen fiscal adecuado.
  • Por último, deberíamos aprovechar esta oportunidad única para crear una base tributaria que tenga propiedades económicas deseables, aunque ello signifique apartarse algo de los regímenes tradicionales de los impuestos de sociedades. Una buena base tributaria sería simple, aplicable, amplia y estable, y tendría costes de cumplimiento bajos. Además, debería permitir una recaudación de impuestos eficiente y dificultar la evasión fiscal, buscar la neutralidad entre inversores y tratar adecuadamente a las diferentes categorías de contribuyentes.

Es una gran satisfacción que los 25 Estados miembros hayan decidido colaborar con la Comisión Europea sobre el proyecto de base consolidada común de los impuestos de sociedades. Espero que este Comité apoye la iniciativa. Confío en que la buena voluntad y el sentido común permitirán encontrar rápidamente una solución viable.

4. Resumen y reflexiones sobre una cooperación reforzada entre la Comisión y el CESE

Recapitularé ahora los puntos principales de mi intervención:

  • En primer lugar sostuve que en Europa se han hecho grandes progresos en materia de estabilidad macroeconómica. La reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento ha mejorado la fundamentación económica de las normas y su aplicación viene siendo esperanzadora. Y expliqué por qué no estoy de acuerdo con su informe cuando dice que el papel de la Comisión ha quedado debilitado.
  • Seguidamente expuse los grandes retos económicos a los que Europa se enfrenta actualmente. Me referí al amplio consenso sobre la necesidad de acción urgente en cuatro ámbitos: conocimiento e innovación; potencial empresarial; globalización y envejecimiento; y política energética. Mencioné el papel de la agenda renovada de Lisboa y de las GOPE en este proceso.
  • Por último, considero que una base sólida, común y consolidada de los impuestos de sociedades es esencial para el mercado único.

Quisiera concluir esta intervención con algunas reflexiones sobre la cooperación futura entre la Comisión y el CESE. Como ya he dicho, el CESE ha contribuido de forma significativa al análisis de temas relacionados con la gobernanza económica en la UE y en la zona euro. Los dos dictámenes que figuran en el orden del día de la sesión plenaria son resultado de fructíferos debates en los grupos de estudio del CESE y en la Sección sobre la UEM y la cohesión económica y social. La DG ECFIN ha participado muy activamente en los trabajos preparatorios, exponiendo su posición sobre la evaluación y recomendaciones hechas en los proyectos de dictamen, y los debates organizados por el CESE con el Sr. Jean Pisani-Ferry y la Sra. Berès han facilitado antecedentes útiles en este sentido.

Sin embargo, serían deseables unas relaciones interinstitucionales aún más estrechas y una mayor cooperación. De este modo se aprovecharían mejor las sinergias potenciales entre nosotros. Con este objeto, el 7 de noviembre de 2005 se firmó un nuevo acuerdo marco que aboga por un papel más activo del CESE en la preparación de la acción comunitaria y por una colaboración más estrecha con la Comisión. El primer paso será definir los asuntos de interés estratégico común, y decidir seguidamente cómo coordinar nuestros trabajos sobre esos temas para lograr los mejores resultados. Personalmente estaría encantado de poder debatir con ustedes problemas de interés común en estas sesiones plenarias con mayor frecuencia. Y por eso vuelvo a agradecerles la invitación de hoy.

Muchas gracias por su atención.


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