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Romano Prodi Presidente de la Comisión Europea 2000-2005: Hacer la Nueva Europa Parlamento Europeo Estrasburgo, 15 de febrero de 2000

European Commission - SPEECH/00/41   15/02/2000

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SPEECH/00/41

Romano Prodi

Presidente de la Comisión Europea

2000-2005: Hacer la Nueva Europa

Parlamento Europeo

Estrasburgo, 15 de febrero de 2000

Señora Presidenta,

Señorías:

El comienzo de mi mandato en Comisión llega bajo los mejores auspicios: el alba del tercer milenio. Es un momento ideal para contemplar los retos y oportunidades que nos aguardan y los logros de la integración europea.

Lo primero que llama la atención es una paradoja. Por una parte, la integración europea nos ha dado medio siglo de paz y prosperidad sin precedentes en la historia de nuestro continente. Con el lanzamiento del euro, tenemos ahora un mercado único plenamente unido, que permite a la UE erigirse en potencia económica mundial capaz de hacer frente a los desafíos de la globalización.

Por otra parte, los ciudadanos de Europa están desencantados e impacientes. Han perdido la fe en las instituciones europeas. Están perdiendo la paciencia con la lentitud de nuestros avances contra el desempleo. La perspectiva de la ampliación divide a la opinión pública entre la esperanza y el miedo: esperanza de estabilidad y progreso, miedo a una Europa sin identidad ni fronteras.

El escepticismo y la ansiedad de estos días no se superan apelando a los éxitos de ayer: debemos convencer a los europeos de a pie de que los políticos y los gobernantes de Europa son capaces de actuar con decisión y eficacia, de que pueden modernizar Europa y dirigirla hacia un futuro brillante.

Es una tarea mayor y más urgente ahora que la ampliación está en curso. La ampliación es esencial si queremos extender por el continente la paz, la estabilidad y los valores que compartimos. Pero de la forma en que nosotros y los países candidatos llevemos adelante el proceso de ampliación dependerá la debilidad o fortaleza de nuestra capacidad de prosperidad y progreso.

Ante todo, debemos dar seguridad a los ciudadanos de nuestros Estados miembros de que la ampliación es no solamente una necesidad engorrosa: es una oportunidad histórica única, que nos interesa política y económicamente a todos.

Tenemos dos interrogantes clave: ¿qué necesita Europa ahora? ¿Qué necesita la Unión Europea para servir a Europa?

En primer lugar, Europa necesita un crecimiento vigoroso y estable para vencer el desempleo y la exclusión social y para dar a la UE un mayor peso en nuestra región y en el mundo.

En segundo lugar, Europa necesita seguridad. La seguridad exterior se obtiene reduciendo la inestabilidad y las tensiones en nuestras fronteras. La seguridad interior se obtiene combatiendo la delincuencia, incluida la delincuencia organizada. Y la delincuencia debe abordarse en su raíz, que a menudo no es otra sino el desorden institucional, la deficiencia de la educación, la injusticia social y la falta de alma de los centros urbanos y de los extrarradios. La seguridad significa también un medio ambiente seguro y productos de consumo seguros, y en especial alimentos seguros.

En tercer lugar, Europa necesita sentido y metas. Los europeos somos herederos de una civilización profundamente arraigada en valores religiosos y cívicos. Nuestra civilización se enriquece con su apertura a otras culturas. Lo que necesitamos ahora es una perspectiva humanista. De manera cotidiana y sistemática, nuestro sistema económico y social debe reconocer la primacía de la dignidad humana. Debe garantizar a todos los ciudadanos un acceso genuino a la libertad, a la comunicación interpersonal, a la cultura y a la vida espiritual.

En cuarto lugar, Europa necesita proyectar su modelo de sociedad en el mundo. No debemos limitarnos a defender nuestros propios intereses. Tenemos una singular experiencia histórica que ofrecer, la experiencia de haber liberado al pueblo de la pobreza, de la guerra, de la opresión y de la intolerancia. Hemos forjado un modelo de desarrollo y de integración continental basado en los principios de democracia, libertad y solidaridad - y es un modelo que funciona. Un modelo consensual de soberanía compartida en la que cada uno de nosotros acepta pertenecer a una minoría.

No es imperialismo querer extender estos principios y compartir nuestro modelo de sociedad con los pueblos de Europa del sur y del este que aspiran a la paz, a la justicia y a la libertad. Europa debe ir más lejos.

Debemos aspirar a convertirnos en una potencia civil mundial al servicio del desarrollo mundial sostenible. Después de todo, sólo con un desarrollo mundial sostenible podrá Europa garantizar su propia seguridad estratégica.

Hasta aquí las necesidades de Europa. Pero ¿qué necesita la Unión Europea para servir a Europa?

Necesita:

  • centrarse en sus verdaderas prioridades de cara a la ampliación, preguntándose lo que realmente debe hacerse a nivel de la UE y lo que deben hacer los Estados miembros o la sociedad civil. Aquí se requiere un fuerte consenso.

  • una correcta combinación de políticas que asegure la estabilidad del euro y el crecimiento sostenible. La base de este crecimiento será un mercado único dinámico, una mayor competitividad y un esfuerzo real en investigación e innovación,

  • nuevas y eficaces medidas de protección del medio ambiente en Europa, de armonización de nuestros sistemas de protección social y de coordinación de nuestros sistemas tributarios. La política fiscal debe consolidar la UEM, repartir la presión fiscal de forma más equitativa entre el capital y el trabajo y contribuir así a la reducción de las cargas.

  • crear un espacio europeo de justicia y seguridad. Para defender nuestra seguridad y nuestra libertad, la UE necesita instituciones fuertes, eficaces y responsables. Necesita un proceso de decisión basado en el triángulo de un Consejo que refleja las sensibilidades nacionales y la legitimidad del poder compartido de los Estados soberanos, un Parlamento que ofrece legitimidad democrática en el plano europeo, y una Comisión plenamente responsable que inspira y gestiona, actuando siempre en el interés europeo.

Dominar la globalización exigirá concebir una nueva forma de gobierno mundial para gestionar la economía mundial. A nivel europeo, exigirá una integración europea más estrecha.

Entramos aquí en una nueva fase decisiva. Hasta ahora, la integración europea ha sido un proceso en gran medida económico - establecimiento del mercado único, introducción de la moneda única. En adelante será un proceso cada vez más político. Y no podemos elegir, es una necesidad: la integración política de Europa debe avanzar de la mano de su ampliación geográfica. Las nuevas fronteras de esta integración son los asuntos de Justicia e Interior, la Política Exterior y de Seguridad Común, la cooperación en defensa y la cuestión crucial de los valores políticos fundamentales. Estos capítulos afectan al núcleo de la soberanía nacional y requieren un nivel de consenso político aún mayor que los temas dominantes de los años 80 y 90.

La Comisión ha traducido esta dimensión política en cuatro importantes compromisos que desvelamos la pasada semana en nuestros objetivos estratégicos para 2000-2005:

  • Promover nuevas formas de gobierno europeo

  • Estabilizar nuestro continente y reforzar la voz de Europa en el mundo

  • Hacia una nueva agenda económica y social, y

  • Mejor calidad de vida para todos.

Sobre el primer compromiso - promover nuevas formas de gobierno europeo - hemos anunciado un Libro Blanco. Su contenido será doble. En primer lugar, planteará preguntas fundamentales: qué políticas necesitamos en una Unión Europea de hasta 30 miembros, cuál es la mejor forma de alumbrar esas políticas. En segundo lugar, se preguntará qué instituciones necesitamos para el siglo XXI y propondrá una nueva división del trabajo entre la Comisión, las otras instituciones, los Estados miembros y la sociedad civil. Una forma nueva y más democrática de cooperación entre los diversos niveles de gobierno en Europa.

¿Por qué creemos necesaria una acción en esta línea? Permítanme explicarlo.

Primero, las políticas.

La Unión Europea se ha desarrollado a lo largo del tiempo como en una especie de superposición de estratos geológicos: primero la unión aduanera, luego el mercado interior, últimamente la moneda única. Las políticas se desenvolvían en paralelo, a medida que se hacían necesarias y a medida que se iba asentando cada estrato geológico.

Hasta ahora no ha habido un "plan maestro" general para el diseño y coordinación de las políticas. Nuestras intentos de encauzar políticas como la ambiental o la igualdad de oportunidades en todas las demás políticas no han sido plenamente fructíferos.

Pero la Unión Europea se encamina, a medio o largo plazo, hacia una gran ampliación que nos obligará a replantear radicalmente muchas de nuestras políticas actuales y la forma de elaborarlas. Debemos preguntarnos:

  • ¿Ven y entienden los ciudadanos lo que hacemos? En otras palabras, ¿saben y entienden los contribuyentes europeos adónde va su dinero y por qué?

  • ¿Hacemos las cosas con suficiente sencillez y eficacia? En otras palabras, ¿nos hemos dejado de papeleos innecesarios?

  • ¿Son correctas nuestras prioridades? ¿O son resultado de accidentes de la historia?

En efecto, debemos revisar a fondo todas nuestras políticas a la luz de nuestras prioridades. Las políticas inadecuadas deben ser radicalmente reinventadas o, por el contrario, descartadas.

Un ejemplo concreto: la política de competencia. El actual sistema de aplicación se diseñó en los primeros años del mercado común, en 1962, para asegurar la aplicación a escala comunitaria de los principios y normas de competencia establecidos en el Tratado. Se adoptó un sistema fuertemente centralizado, que reservó en exclusiva a la Comisión la facultad de adoptar determinadas decisiones.

Ahora la situación ha cambiado. La actividad económica transfronteriza ha aumentado sustancialmente debido al mercado único y la moneda única. Los comportamientos anticompetitivos ya no pueden controlarse (y ni siquiera examinarse) correctamente sólo a nivel europeo. Todos los Estados miembros han establecido autoridades de defensa de la competencia y la cultura de la competencia se ha extendido.

Así pues, la Comisión propone descentralizar sus facultades exclusivas a las autoridades y tribunales nacionales de competencia. De este modo la Comisión podrá cumplir mejor sus tareas de fondo en esa materia - desarrollar e interpretar la normativa y ocuparse de los casos de competencia de verdadera dimensión comunitaria.

En otras palabras, la Comisión cumplirá mejor su papel de guardiana de los Tratados sin hacerse necesariamente cargo de todas las tareas de ejecución.

Por tanto, pronto emprenderemos una profunda revisión de nuestras políticas, no para auditarlas por enésima vez, sino para cuestionar a fondo su impacto y su pertinencia política.

Este estudio estará listo para la próxima revisión de las perspectivas financieras en 2006. En ese momento decidiremos qué políticas necesitan realmente financiación comunitaria y cuál debe ser el equilibrio del gasto entre políticas internas y externas y entre políticas internas.

En segundo lugar, tenemos que preguntarnos qué debemos hacer a nivel europeo y qué deben hacer los Estados miembros, las regiones o la sociedad civil. Lejos de abogar por el papel centralizador de "Bruselas", creo que es el momento de ir a cierto grado de descentralización radical. Es hora de entender que Europa no sólo está regida por las instituciones europeas, sino también por las autoridades nacionales, regionales y locales - y por la sociedad civil.

Los ciudadanos no están satisfechos con la manera de actuar a nivel europeo. No critican sólo el comportamiento reciente de la Comisión: se sienten muy lejos de todas las instituciones europeas y no nos creen capaces de alumbrar la sociedad que quieren. Piden, con toda razón, más participación en la configuración de la nueva Europa.

Así pues, el reto no es simplemente reformar la Comisión - por importante que sea. No se trata simplemente de mejorar el funcionamiento de las instituciones - aunque también sea esencial. El desafío es repensar radicalmente la manera en que hacemos Europa. Rehacer Europa. Imaginar un tipo completamente nuevo de gobierno para el mundo del mañana.

Quisiera ser claro en este punto. La Europa ampliada necesitará ciertamente instituciones fuertes. Pero deben ser instituciones democráticamente legitimadas que actúen de una manera transparente y responsable y gocen de la plena confianza de los ciudadanos. La gente quiere una democracia mucho más participativa, más concreta. No apoyarán el proyecto europeo a menos que participen plenamente en la definición de los objetivos, la elaboración de las políticas y la evaluación del avance. Y tienen razón.

Creo que tenemos que olvidarnos de niveles jerárquicos de competencia, separados por el principio de subsidiariedad, y empezar a pensar, en cambio, en una red en la que todos los niveles de gobierno diseñan, proponen, aplican y supervisan las políticas en común.

Por cierto, no podemos hablar de gobierno y de democracia participativa si no somos capaces de asegurar que las mujeres - que son la mitad de la población - estén adecuadamente representadas en el debate y en las decisiones. Debemos asegurarnos de que todas las políticas europeas tengan en plenamente en cuenta la dimensión de género. Europa ha estado en la vanguardia de las políticas y de la legislación en materia de derechos laborales de las mujeres. Ahora debemos volcarnos sobre este tema en términos políticos.

Empezaremos de inmediato a trabajar en el Libro Blanco y espero que esté listo en la primavera de 2001. Como es lógico, se desarrollará en paralelo con la CIG y con nuestras reformas institucionales, puesto que se centra en parte en definir qué instituciones necesitamos en el siglo XXI.

No tengo prejuicios sobre la respuesta a esta pregunta. Ninguna institución - ni siquiera aquella de la que soy ahora Presidente - puede considerar que su forma actual, y hasta su existencia a largo plazo, sean sacrosantas. Deseo un debate a fondo sobre este punto con todas las partes implicadas - y muy especialmente con esta cámara y con los representantes de la sociedad civil europea. El propósito del Libro Blanco es estimular ese debate, y para ello contendrá propuestas de actuación sustanciales y concretas.

Señorías, la acción es más elocuente que las palabras. La acción eficaz de las instituciones europeas es su mayor fuente de legitimidad. La mayor amenaza para el apoyo popular a Europa sería seguir multiplicando las promesas incumplidas. No es el euroescepticismo el que debe preocuparnos: es la apatía de la gente, cuando ve que hablamos demasiado y hacemos demasiado poco.

Estoy decidido a colmar la brecha entre retórica y realidad en Europa. Los ciudadanos quieren una Europa de resultados. Esta Comisión está decidida a producir resultados.

Esta Comisión, por tanto, hará dos cosas: avanzaremos para culminar con éxito nuestras reformas internas, y revisaremos nuestras prioridades para centrarnos en nuestras tareas de fondo.

La reforma profunda de la Comisión es esencial, dada la complejidad de los desafíos que tenemos por delante. Supondrá una revisión completa de nuestros métodos de trabajo.

Debemos mejorar nuestras capacidades de gestión, asegurar el buen uso del dinero de todos, modernizar nuestra administración. La experiencia revela hasta qué punto es necesario.

Pero hay mucho más. Debemos crear las condiciones para pasar de una organización de procedimientos a una organización de políticas. Es esto lo que realmente nos jugamos en el proceso de reforma.

La Comisión debe convertirse en el motor de la formación de la nueva Europa. Y debe centrarse en esta tarea, distanciándose de las tareas más tradicionales que hasta ahora ha venido desempeñando.

Para lograrlo, nuestro personal es nuestro principal activo. Sólo con la pasión, la inteligencia y la independencia de nuestro personal podremos tener éxito. Queremos que se sienta plenamente responsable, plenamente involucrado en la tarea ardua, pero creíble, de hacer una nueva Europa.

Pediré a cada Comisario que, en sus áreas de competencia, revisen sus prioridades en estos meses, de forma que la Comisión pueda cumplir sus compromisos de fondo durante los próximos años. Nuestra meta es desprendernos de actividades menos prioritarias para liberar recursos. Cuando hayamos decidido con exactitud cuáles son las prioridades de fondo de la Comisión reasignaremos al personal a esas tareas.

Será nuestra respuesta a una de las principales críticas del Comité de Expertos Independientes - la inadecuación entre recursos y tareas. Demostraremos que podemos contribuir a su adecuación desprendiéndonos de actividades. Hasta entonces, sabemos que esta cámara no aceptará aumentar el personal de la Comisión.

Sin embargo, para adecuar plenamente actividades y recursos humanos, es indudable que tendremos que contratar más personal, por lo que no dudaré en volver a esta cámara con una lista detallada de nuestras necesidades y de las actividades que de otro nos veremos forzados a interrumpir.

Mi objetivo fundamental es asegurar que la Comisión Europea se centre en su verdadera tarea y la haga con eficacia y calidad: y por tanto, a menos que se nos den los recursos necesarios, nos negaremos a aceptar tareas que no sean de fondo.

La mejor ilustración de esta necesidad de mayor eficacia es la necesidad de mejorar la gestión de la ayuda exterior. La UE es el más generoso donante de ayuda al desarrollo en el mundo, pero nuestros resultados son lamentables si hablamos de la oportunidad y eficacia de nuestra aportación. Parte del problema estriba en la escasez de personal y en la complejidad de nuestros sistemas internos. Las reformas que he descrito contribuirán a superar estos problemas. Pero los excesos normativos impuestos por el Consejo son igualmente culpables. También será preciso ocuparse de ellos.

Es una tragedia cotidiana que seamos incapaces de suministrar nuestra ayuda al desarrollo de forma más ágil y eficaz. Tenemos excelentes colaboradores en el terreno, en lugares peligrosos, y debemos apoyarlos con sistemas administrativos eficientes. De otro modo no usamos bien nuestros recursos y socavamos la imagen internacional de la Unión. En nombre de los pueblos de Europa, en nombre de la humanidad, tenemos que ser más eficientes. El oportuno suministro de la ayuda significa salvar vidas.

La Comisión está decidida a responder. La reforma estructural de fondo no es una opción, es una necesidad. Necesitamos mejorar nuestras estrategias de ayuda y nuestros presupuestos para que reflejen las necesidades de los beneficiarios y nuestras propias prioridades. Esta debe seguir siendo una tarea de fondo de la administración de la Comisión. Al mismo tiempo, necesitamos replantear radicalmente la utilización de recursos externos para la gestión y ejecución de proyectos. El Parlamento ha hecho propuestas constructivas para sustituir las empresas de asistencia técnica por nuevos organismos más transparentes y responsables. Nuestras ideas en la materia son altamente coincidentes.

El éxito en este punto es vital para toda nuestra estrategia de reforma. La ayuda exterior será, por tanto, tema destacado del Libro Blanco que presentaremos dentro de algunas semanas.

La situación de los Balcanes es una prueba crucial de nuestra capacidad de acción eficaz, y de ella depende nuestra credibilidad. Si en algún sitio tiene que desaparecer la diferencia entre retórica y realidad es aquí.

No cabe esperar que los pueblos de esta parte de Europa olviden el pasado reciente, pero tampoco tienen por qué seguir viviendo en él. Hay signos esperanzadores de que las cosas están cambiando para mejor.

La población de Croacia ha desmentido a los pesimistas y mostrado que es posible el cambio democrático. Apoyaremos al máximo al nuevo Gobierno en el programa de reforma que ha prometido a los croatas - al igual que apoyaremos a los reformadores de toda la región, cumpliendo los acuerdos de Dayton en Bosnia y Hercegovina, apoyando al Gobierno democráticamente elegido de Montenegro, abriendo negociaciones de estabilidad y cooperación con la FYROM y trabajando en pos del mismo objetivo en Albania.

En Kososvo, mientras tanto, seguiremos prestando un apoyo total a la reconstrucción.

Tenemos un papel principal en apoyo del Pacto de Estabilidad y trabajamos en estrecha cooperación con otros agentes como los Estados Unidos y el Banco Mundial.

Seguimos adelante con el proceso de Estabilización y Cooperación, que constituye la vía hacia Europa.

Y nos estamos dando las herramientas para esta labor.

  • Acabamos de abrir la nueva Agencia Europea de Reconstrucción para Kosovo.

  • Estamos elaborando un nuevo reglamento que agiliza y simplifica nuestra ayuda a la región, que les presentaremos a ustedes en las próximas semanas.

  • Sobre todo, trabajamos sin desmayo para acelerar la entrega de nuestra ayuda en el terreno, estableciendo procedimientos acelerados y formas más eficaces de actuación.

  • Acabamos de anunciar la creación de una Task Force Balcanes en la DG de Relaciones Exteriores, que se encargará de impulsar nuestra política.

Pero quiero que hagamos más. Deseo que:

  • encontremos la forma de liberalizar el comercio dentro de la región, y también con los Estados de la Unión Europea y los países candidatos a la adhesión.

  • ayudemos a construir los eslabones de infraestructura - las redes y corredores paneuropeos necesarios para una buena comunicación en la región - y a limpiar el Danubio lo más rápidamente posible.

  • intensifiquemos nuestros esfuerzos para afianzar en esos países una sociedad civil fundada en instituciones pluralistas, el Estado de derecho y la libertad de opinión.

  • aumentemos nuestros esfuerzos para ayudar a estos Estados y regiones a trabajar juntos en los ámbitos económico y político. Nuestro compromiso en los Balcanes es una paz estable y un crecimiento económico fuerte, y no sólo el cese temporal de conflictos seculares.

Al tiempo que la Unión protege a sus propios ciudadanos contra la extensión de la delincuencia organizada, debe también ayudar a los países balcánicos a luchar contra esta amenaza cada vez mayor, especialmente ayudándolos a formar fuerzas de policía modernas y profesionales.

Nuestros esfuerzos en el sudeste de Europa serán largos y costosos, pero no renunciaremos a nuestras responsabilidades. La Unión se lo debe a los pueblos y Estados de esa región, que son, como nosotros, conciudadanos europeos. A cambio, pedimos que ellos nos ayuden a nosotros comprometiéndose sinceramente con la reforma.

La situación en esta parte de Europa - y, en otro contexto, en Chechenia - muestra la importancia de estabilizar nuestro continente y asegurar la paz, la democracia y el respeto de los derechos humanos. Y por eso es esencial que hagamos con éxito la ampliación y desarrollemos una política coherente de cooperación.

Pero la democracia y el respeto de los derechos humanos deben ser también preservados con la máxima vigilancia en la UE actual. Una de las cosas que haremos este año con este fin será contribuir a la elaboración de nuestra Carta de Derechos Fundamentales. La nueva situación de Austria lo hace más necesario aún.

Quisiera recordarles lo que dije en esta cámara a principios de mes sobre el papel político de la Comisión ante la situación austríaca. Cuando un Estado miembro tiene problemas los tiene toda la Unión. Una institución supranacional no debe aislar a un Estado miembro de la UE, sino guardarlo firmemente en el redil. Y eso es lo que hará la Comisión.

Vigilaremos de cerca la situación de Austria. La supervivencia de la UE depende del apego a sus principios fundamentales de libertad, democracia y respeto de los derechos humanos. Estos principios reflejan el compromiso de todos los Estados miembros con la integridad de la persona, por encima de sus creencias, situación u origen.

Estos principios son también constitutivos del Estado de Derecho, y quiero asegurarles de nuevo que la Comisión será firme en su determinación de aplicar el Estado de Derecho. No toleraremos la menor vulneración de los derechos de las personas o de las minorías.

Así, el 7 de febrero envié un mensaje al Canciller Schussel felicitándolo por su nombramiento - como a cada nuevo jefe de Gobierno de un Estado miembro. Mi mensaje está redacto en el lenguaje habitual en tales ocasiones. Pero el pasaje central y más importante se dirige al Canciller Schussel en términos inequívocos.

"Estoy seguro, escribo en mi carta al Canciller, de que usted, como se señala en su declaración 'Responsabilidad de Austria - un futuro en el corazón de Europa', exhibirá el mismo compromiso que sus antecesores con la construcción de Europa y la defensa de los valores europeos comunes de libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales y del Estado de Derecho".

Recordaré también a esta cámara que la Comisión, el pasado mes de noviembre, presentó una propuesta de Directiva contra el racismo. Apelo al Consejo para que apruebe rápidamente esta propuesta, y exhorto a esta cámara a adoptar con prontitud su dictamen para hacer avanzar las negociaciones.

Permítanme, Señorías, que recapitule ante ustedes otras cosas que esta Comisión se compromete a hacer en los próximos cinco años. Las hemos definido muy claramente en nuestro documento de estrategia.

  • Llevaremos con la mayor energía las negociaciones de ampliación y contribuiremos al desarrollo de una eficaz cooperación con nuestros vecinos más próximos, como Rusia y los países mediterráneos.

  • Y luego está el resto del mundo. Una de las prioridades de la política exterior de Europa en los próximos años será un nuevo y gran esfuerzo de ayuda a África para lograr su estabilidad política y su desarrollo sostenible. Es la única manera de solucionar a largo plazo el doble azote de la guerra y del hambre que tanto aflige a los pueblos de ese continente.

  • También trabajaremos, a pesar del revés de Seattle, en el relanzamiento de la Ronda del Milenio. Será preciso dominar las fuerzas de la globalización para asegurar las necesidades del mundo y el desarrollo mundial sostenible. Para que una nueva ronda tenga éxito, tanto Europa como los Estados Unidos deben mostrar mayor sensibilidad ante las necesidades de los países menos desarrollados.

  • Impulsaremos el desarrollo de una nueva agenda económica y social diseñada para aumentar la competitividad y crear empleo. La cumbre de Lisboa del mes de marzo será un hito importante en este esfuerzo. El pleno empleo debe convertirse de nuevo en un objetivo político central.

  • Contribuiremos a hacer de Europa un lugar mejor y más seguro donde vivir, actuando en materia de medio ambiente y aplicando el programa de Tampere y las medidas del Libro Blanco sobre seguridad de los alimentos. Quisiera, en particular, llamar su atención sobre la emergencia del Danubio. Se trata de un trágico ejemplo de la necesidad de acción europea frente a las catástrofes ambientales y, en especial, de una estructura de "protección civil" europea. Es una necesidad urgente.

    • Por último, asumiremos un papel central en el debate sobre la forma de gobernar una Europa ampliada conciliando la diversidad y la descentralización con la necesidad de instituciones fuertes y acción coordinada. De ahí nuestro Libro Blanco sobre el gobierno europeo.

    No son aspiraciones vagas: nos hemos marcado objetivos que se pueden medir. Para alcanzarlos necesitaremos la cooperación activa de todas las instituciones - pero nosotros haremos cuanto podamos para persuadir y seducir. Estoy dispuesto a que se nos juzgue en los ámbitos en los que la Comisión tiene competencias de actuación. En cuanto al resto, será la Unión entera la que deberá ser juzgada.

    ¿Cómo sabremos, dentro de cuatro o cinco años, si los ciudadanos europeos están satisfechos con los resultados? ¿Cómo evaluar el comportamiento de la UE? Propongo una prueba muy simple: una mayor participación en las elecciones parlamentarias europeas de 2004.

    Mientras tanto, hago un llamamiento a los ciudadanos de Europa a romper la barrera de la apatía e interesarse más por lo que hacemos. Vigílennos. Observen lo que hacemos. Consulten el registro de mi correspondencia. Y dígannos lo que ustedes piensan. Estamos comprometidos con las más elevadas cotas de transparencia y responsabilidad.

    Señorías, vivimos una etapa de oportunidades sin precedentes. La perspectiva económica es buena, y la singular combinación del crecimiento estable, la revolución de la sociedad de la información y la expansión del mercado europeo nos brinda el "círculo virtuoso" que necesitamos.

    Si actuamos con audacia y determinación, juntos, podemos hacer la nueva Europa que quieren nuestros ciudadanos y que debemos a las generaciones futuras.

    Una Europa justa, humana, integradora.

    Una Europa estimulante, dinámica, emprendedora.

    La Europa de todos.

    Trabajemos juntos para hacer de esta década una década de realizaciones y logros excepcionales.

    Una década que la historia recuerde como la década de Europa.

    Muchas gracias.


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