Navigation path

Left navigation

Additional tools

Nueva York, 26 de septiembre de 2012 Herman Van Rompuy Presidente del Consejo Europeo Alocución dirigida a la Asamblea General de las Naciones Unidas en su 67.° período de sesiones

European Council - PRES/12/402   26/09/2012

Other available languages: EN FR DE DA NL IT SV PT FI EL CS ET HU LT LV MT PL SK SL BG RO

CONSEJO EUROPEO
EL PRESIDENTE

ES

Nueva York, 26 de septiembre de 2012

(OR. en)

EUCO 178/12

PRESSE 402

PR PCE 152

Herman Van Rompuy
Presidente del Consejo Europeo
Alocución dirigida a la Asamblea General de las Naciones Unidas en su 67.° período de sesiones

D. Herman Van Rompuy, Presidente del Consejo Europeo, se ha dirigido hoy en Nueva York, en nombre de la Unión Europea, a la Asamblea General de las Naciones Unidas reunida en su sexagésimo séptimo periodo de sesiones.

Centrando su intervención en la evolución de los acontecimientos en el mundo árabe, el Presidente Van Rompuy ha reiterado el apoyo de la UE a los procesos de transición democrática originados por la Primavera Árabe: "Cada país es responsable de trazar su propio rumbo y de hacer justicia a las aspiraciones de su pueblo. La Unión Europea está resuelta a acompañar a estos países en cada etapa del camino. Nuestro compromiso es a largo plazo. Quiero reafirmar que seguimos creyendo en el mensaje de la Primavera Árabe."

En relación con las violentas protestas que se han producido recientemente, D. Herman Van Rompuy ha declarado ante los dirigentes mundiales que "todos y cada uno de los que nos encontramos en esta sala tenemos nuestra parte de responsabilidad en la defensa y el fomento de la tolerancia y el respeto."

A propósito de la guerra civil que está arrasando Siria, el Presidente del Consejo Europeo ha hecho un llamamiento a favor de una transición política dirigida por Siria, y ha manifestado que "los responsables de la represión no tienen cabida en el futuro de Siria y deben hacerse a un lado."

Como conclusión de su intervención, el Presidente Van Rompuy se ha referido a la situación de la economía mundial y ha pedido esfuerzos coordinados encaminados a la recuperación económica a escala mundial: "A pesar de que seguimos en crisis, la determinación que demostramos a raíz del caso Lehman parece haber decaído, y hemos de reavivarla. Todas las grandes economías tienen que asumir la responsabilidad que les corresponde para volver a encaminar la economía mundial hacia la senda del crecimiento."

Sr. Presidente de la Asamblea General, Sr. Secretario General de las Naciones Unidas, Excelencias, Señoras y Señores:

El avance de la democracia, realizado en grandes oleadas sucesivas desde la creación de las Naciones Unidas, está experimentando una nueva aceleración de la que todos podemos alegrarnos.

Me refiero en particular, sin subestimar en modo alguno las dificultades y desgracias de otros países del mundo, a la positiva evolución en Myanmar, en Somalia, en las jóvenes democracias de todo el mundo, como Timor Oriental. Pero, ante todo, en lo que pienso hoy día es naturalmente en la transformación que está teniendo lugar en el mundo árabe.

Cuando estos cambios históricos se extendieron por todo el mundo árabe, provocaron en los observadores, tanto dentro como fuera de la región, emociones profundas y encontradas. Había miedo: miedo a un baño de sangre, a la inestabilidad en la región, al auge del extremismo; también incertidumbre sobre el porvenir; pero había al mismo tiempo en todo el mundo un sentimiento abrumador de solidaridad, comprensión y esperanza.

En Europa, tan cerca geográficamente y con nuestras sociedades tan estrechamente vinculadas a las de los países que estaban sufriendo estas convulsiones, éramos también plenamente conscientes de que, como vecinos, los cambios –y los riesgos y las oportunidades que se abrían – nos afectarían directamente.

Había grandes esperanzas, por supuesto. Resultaba tentador leer los acontecimientos en Túnez o El Cairo como las primeras páginas de un cuento de hadas… Pero este es el libro de la Historia. Contiene también páginas negras, algunas de las cuales se están escribiendo trágicamente en este mismo momento. Y estamos sujetos a una simple verdad: conseguir un cambio duradero lleva tiempo. Las instituciones democráticas de nuevo cuño no funcionan con fluidez por ensalmo. No hay varita mágica que permita enderezar la economía o crear puesto de trabajo para millones de hombres y mujeres jóvenes. Las tensiones profundas no se disuelven de pronto con la partida del dictador.

Queda por delante el largo sendero de la transición. Por el camino habrá sin duda desilusiones, giros equivocados, obstáculos y contratiempos. Pero creo firmemente que a pesar de todas las dificultades, este viaje está bien encaminado.

Además, no hay marcha atrás. Depare lo que depare el futuro, la Primavera Árabe constituirá un punto de inflexión. El movimiento es irreversible. La voz del pueblo, una vez liberada -experiencia inolvidable para quienes nunca antes fueron escuchados- no puede ser silenciada.

Cada país es responsable de trazar su propio rumbo y de hacer justicia a las aspiraciones de su pueblo. La Unión Europea está resuelta a acompañar a estos países en cada etapa del camino. Nuestro compromiso es a largo plazo. Quiero reafirmar que seguimos creyendo en el mensaje de la Primavera Árabe.

Los Europeos estamos bien situados para saber que el cambio político no es indoloro y que no se produce de la noche a la mañana. Sabemos de largas transiciones. Al comienzo de la integración europea, y yo ya había nacido, la mayoría de los países que ahora son miembros de la Unión aún no eran democracias. Consideramos que una transición de tal magnitud no debe juzgarse por su velocidad sino por su dirección y por los progresos alcanzados por medio de incontables pasos adelante.

El punto de partida es la celebración de elecciones libres y limpias, por lo que saludamos los logros de Túnez, Libia, Egipto y otros países que han organizado con éxito elecciones democráticas en las que numerosos ciudadanos votaron libremente por primera vez en su vida; elecciones para las que con gusto prestamos asesoramiento a las autoridades nacionales y locales.

A fin de garantizar a todos, con el tiempo, puestos de trabajo, justicia social y libertad de expresión, este colosal proceso democrático tendrá que superar cada día los obstáculos de la corrupción, la burocracia y los privilegios económicos, y mantener la determinación política de hacer de la integración una realidad. Esta labor requerirá un esfuerzo importante y la contribución de muchos. Por nuestra parte, en toda la región, ofrecemos consejo a empresarios y funcionarios, contribuimos a formar jueces y policías y apoyamos a los periodistas y a los grupos de la sociedad civil.

Nuestra experiencia nos ha demostrado que las sociedades son más fuertes cuando las mujeres pueden participar plenamente en la vida política y económica de sus países, cuando sus voces son escuchadas y sus elecciones son respetadas.

Cuando se llega al poder se puede caer en la tentación de denegar a algunos los derechos de los que todos se han visto privados hasta hace poco. Sin embargo, una democracia solo puede florecer cuando da a todo ciudadano -cualquiera que sea su sexo, religión, lengua o identidad étnica- la misma voz y el mismo voto, garantizados en la ley y en la práctica.

Por último, los pueblos vecinos pueden lograr más cosas cuando colaboran entre sí. Por eso, deseamos compartir la experiencia de nuestra propia Unión Europea sobre cuestiones como las redes de conexión energética o la eliminación de los obstáculos regionales al comercio.

Uno de los grandes logros de la Unión Europea ha sido poder unir y reconciliar a antiguos enemigos en un anhelo común de paz, democracia y prosperidad.

El respeto, la tolerancia y la no violencia son valores fundamentales sin los cuales es imposible una convivencia armoniosa.

Son valores frágiles: defenderlos exige una vigilancia constante, especialmente en un mundo globalizado y digital en el que todo tipo de mensajes pueden propagarse con una rapidez inaudita y pueden ser explotados con toda facilidad.

La tolerancia es la capacidad de aceptar la crítica, de brindarse al diálogo y de abstenerse de la violencia, y es, como tal, una prueba de confianza en uno mismo. El respeto por la fe y las convicciones ajenas es, en el mismo sentido, un valor fundamental para la convivencia. La tolerancia y el respeto adquieren pleno significado en una sociedad abierta que protege la libertad de expresión. Todos y cada uno de quienes estamos en esta sala somos responsables de defender y promover el respeto y la tolerancia, en nuestros países y entre ellos. La violencia, asesinatos como el del Embajador de los EEUU, Christopher Stevens, no pueden justificarse en ningún caso, sean cuales sean sus motivaciones.

Señor Presidente, hoy quiero sumar la voz de Europa a la de quienes han hablado para condenar la encarnizada guerra civil de Siria. Ante la masacre de decenas de miles de personas, el mundo se ha unido en el horror y la condena, pero -seamos francos- no hemos sido capaces de frenar esta brutal violencia.

Sí, Europa y otras organizaciones aportan ayuda humanitaria a los refugiados, sí, apoyamos a las personas que arriesgan su vida para recoger pruebas de las masacres, sí, nuestros diplomáticos en Damasco hacen cuanto está en sus manos para apoyar los esfuerzos de las Naciones Unidas en pos de una solución pacífica, pero seguiremos siendo impotentes si la comunidad internacional no se une con la resolución común de poner fin a esta violencia sin sentido que amenaza con incendiar toda la región.

Señor Presidente, quiero poner de relieve el excelente trabajo y la firme resolución del Secretario General y del Enviado Especial, Sr. Brahimi, de encontrar una solución para superar esta tragedia. También me congratulo de las iniciativas adoptadas para reunir a los principales agentes de la región en un planteamiento internacional coherente. A principios de año, los líderes europeos hicieron un llamamiento a todos los miembros del Consejo de Seguridad para que colaborasen en un esfuerzo por frenar la violencia. Hoy este llamamiento es todavía más urgente.

El país necesita avanzar rápidamente hacia una transición política dirigida por Siria, que atienda a las aspiraciones democráticas del pueblo sirio y que respete plenamente los derechos civiles y humanos de las minorías. Esta es la única salida posible. No hay lugar para los responsables de la represión en el futuro de Siria, deben -deben- retirarse.

Cuanto más dure este conflicto, más se radicalizará la gente, más sangre se derramará innecesariamente y más tiempo llevará cicatrizar las heridas.

La situación de seguridad sigue siendo compleja y frágil en muchas partes del mundo. Los acontecimientos de la Primavera Árabe no deben distraernos de la urgente tarea de lograr la paz en Oriente Próximo. ¡Todo lo contrario!

Hay también otros problemas apremiantes: resolver la inestabilidad y la situación humanitaria en la región del Sahel; promover la paz y la estabilidad en la región de los Grandes Lagos; persuadir a la República Popular Democrática de Corea de que abandone sus programas de misiles y armas nucleares; y encontrar una solución negociada a la cuestión nuclear iraní, un tema en el que la Unión está directamente implicada.

Tenemos que tratar todos estos problemas, sabiendo que las soluciones duraderas exigen la voluntad política de los países involucrados. En este mismo orden de cosas, es importante que las tensiones en la zona marítima de Asia Oriental y Sudoriental se calmen y que los litigios se resuelvan pacíficamente, en un espíritu de cooperación y de respeto del Derecho internacional.

Hay muchos retos mundiales que tenemos que afrontar juntos. En ninguno de ellos, desde la lucha contra el cambio climático hasta la reducción de la pobreza en el mundo, tendremos éxito sin una cooperación multilateral. Por eso, la Unión Europea apoya plenamente unas Naciones Unidas más fuertes, más eficaces y más eficientes.

Señor Presidente, Señoras y Señores, los ciudadanos de todos nuestros países quieren trabajo. La cooperación mundial es indispensable también en este caso; es además, la mejor manera de garantizar una recuperación económica mundial.

Nuestras economías se han hecho completamente interdependientes: ningún país puede resolver solo sus propios problemas; ningún país puede permitirse ignorar los problemas de los demás. ¿Somos conscientes de ello? Sí. ¿Y actuamos en consecuencia? No lo suficiente.

En 2008, cuando comenzó la crisis financiera mundial, hubo un breve momento de toma de conciencia en todo el mundo, un sentimiento de urgencia que llevó a crear nuevos foros, a contraer compromisos comunes y a entablar acciones coordinadas. Y hoy, a pesar de que seguimos en crisis, la determinación que demostramos a raíz del caso Lehman parece haber decaído y hemos de reavivarla.

Todas las grandes economías tienen que asumir la responsabilidad que les corresponde para volver a encaminar la economía mundial hacia la senda del crecimiento. El crecimiento mundial depende de que realicemos reformas estructurales en cada uno de nuestros países y reduzcamos los desequilibrios macroeconómicos entre ellos.

En Europa, estamos haciendo la parte que nos corresponde de este trabajo . No escatimamos ningún esfuerzo para superar las dificultades actuales de la zona del euro. Hemos creado sólidos cortafuegos para garantizar la estabilidad de nuestra moneda común; estamos reformando nuestras economías para que sean más competitivas y generen puestos de trabajo para el futuro. Hemos empezado a construir una unión bancaria para gestionar y contener mejor los riesgos del sector financiero; y en los próximos meses definiremos nuestra ruta, la configuración que deseamos dar a nuestra Unión Económica y Monetaria en los próximos diez años.

Hemos hecho ya un largo camino, y hoy estamos viendo los primeros resultados de este esfuerzo colectivo. Aunque todavía queda un trecho por hacer, estoy convencido de que estos esfuerzos tendrán éxito y de que Europa saldrá de esta experiencia más fuerte tanto desde el punto de vista económico como político.

He venido aquí para transmitir este mensaje, y añadiré esto: para nosotros, para nosotros europeos, en la gestión de esta crisis financiera no se trata solo de operaciones monetarias, de equilibrar presupuestos, se trata del futuro de nuestro proyecto europeo.

Este proyecto nació para superar las guerras y las dictaduras que durante tanto tiempo asolaron nuestro continente. Desde hace sesenta años, nuestra Unión nos ha permitido terminar con el odio nacionalista entre países y constituirnos en un continente unificado por la paz, y por la búsqueda de la justicia social y de la prosperidad. Preservar y afianzar estos valores exige esfuerzos cotidianos. Nada se puede considerar definitivamente adquirido.

A esta Asamblea, a las Naciones Unidas, le corresponde, desde un punto de vista mundial, trabajar sin descanso para la consecución de estos mismos objetivos, que nos afectan a todos, para acometer un camino de mayor armonía y progreso en el mundo.

Gracias.


Side Bar

My account

Manage your searches and email notifications


Help us improve our website