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IP/10/703

Bruselas, 8 de junio de 2010

Pesquerías mediterráneas: las prácticas pesqueras sostenibles no se pueden aplazar

Más del 54 % de las poblaciones de peces del Mediterráneo que han sido analisados por científicos, sufre de sobrepesca. Para poner remedio a esta situación, la UE adoptó, ya en 2006, el «Reglamento del Mediterráneo», cuyo objeto es mejorar la gestión de la pesca para conseguir unas pesquerías sostenibles, proteger el frágil medio marino y restablecer unos niveles sanos de población de los peces. Se aplica a los Estados miembros de la UE ribereños del Mediterráneo. Para dejar tiempo a los Estados miembros a fin de prepararse para aplicar este Reglamento, se acordó un largo período de transición de tres años en el caso de varias de sus disposiciones. Desde el 1 de junio, el Reglamento está plenamente en vigor y deben aplicarlo los Estados miembros interesados. Sin embargo, estos siguen en gran parte sin tomar las medidas necesarias para dar pleno cumplimiento al Reglamento y la Comisión lamenta esta situación. Insta asimismo a los Estados miembros a actuar con urgencia aplicando medidas basadas en los conocimientos científicos y tendentes a garantizar un alto grado de sostenibilidad.

Maria Damanaki, Comisaria de Asuntos Marítimos y Pesca, insiste en que las disposiciones adoptadas mediante el Reglamento del Mediterráneo en diciembre de 2006 deben aplicarse plenamente en este momento. Según ha declarado, «estaré muy atenta a la plena aplicación del Reglamento del Mediterráneo. Ha terminado el período de transición. Insto a los Estados miembros a actuar ya.».

Ha añadido que «los Estados miembros han tenido más de tres años para prepararse y cumplir las normas, unas normas que los Estados miembros aprobaron por unanimidad en 2006 mediante un compromiso que modificó la propuesta de la Comisión, más ambiciosa. Resulta difícil de aceptar que los Estados miembros no quieran o no puedan aplicar hoy ni siquiera el compromiso de 2006. Estoy realmente decepcionada.».

Además, la Comisaria Damanaki ha afirmado lo siguiente: «La situación de varias poblaciones de peces en el Mediterráneo es alarmante y los pescadores capturan menos cada año. Si las medidas se consideraban necesarias en 2006, urgen con más razón ahora. Tenemos que invertir la tendencia preocupante de unas prácticas pesqueras insostenibles y del empobrecimiento de los recursos marinos, y hay que hacerlo ya. Pero para que así sea, todo el mundo debe asumir sus responsabilidades y respetar las normas acordadas.».

El Reglamento del Mediterráneo1 avanza hacia la integración de la dimensión ambiental en la política pesquera y la creación de una red de zonas protegidas donde las actividades pesqueras estén restringidas para preservar las zonas de reproducción, los fondos de desove y el ecosistema marino. También establece normas técnicas sobre los métodos de pesca permitidos y la distancia de la costa y establece disposiciones sobre especies y hábitats protegidos.

El Reglamento deja mayor discreción a los Estados miembros para que adapten sus medidas a las situaciones locales precisas, pero este planteamiento no funciona y fallará si los Estados miembros no hacen sus deberes.

Cuando el Reglamento entró en vigor a principios de 2007, preveía un largo período de introducción progresiva (hasta el 31 de mayo de 2010) de algunas disposiciones. Así pues, parece razonable esperar que las administraciones nacionales hayan tenido tiempo suficiente para proceder a la transición y garantizar la aplicación. Sin embargo, aún hoy parecen no estar preparadas y el grado de cumplimiento del Reglamento parece plantear problemas.

Inspecciones recientes de la Comisión han permitido detectar infracciones graves relativas a la luz de malla mínima de las redes de pesca, al tamaño mínimo de los peces y otros organismos marinos y a otras cuestiones de selectividad. Y todo esto a pesar de que todas las disposiciones pertinentes son vinculantes desde que el Reglamento entró en vigor hace tres años. Además, los Estados miembros no han cumplido sus obligaciones de presentar planes de gestión dentro de los plazos o de designar nuevas zonas de pesca protegidas, tal como disponía el Reglamento.

Conviene recordar que el Reglamento sigue permitiendo determinadas prácticas pesqueras mientras los dictámenes científicos indiquen que su efecto en las especies y los hábitats es aceptable y se gestionen de acuerdo con un plan nacional.

La Comisión Europea lamenta profundamente esta situación, que forzosamente tendrá un efecto directo en la situación de las poblaciones y la sostenibilidad de las pesquerías. Ha instado enérgicamente a los Estados miembros a actuar rápidamente para corregir la situación y está cooperando estrechamente con ellos para solucionar los problemas pendientes. No obstante, en caso de infracción grave, a la Comisión no le cabrá otra posibilidad que tomar medidas enérgicas para garantizar el cumplimiento de la normativa.

La pesca mediterránea no se puede gestionar de forma razonable recurriendo únicamente al Reglamento del Mediterráneo y a la Unión Europea. Es crucial la participación de todos los países ribereños y la UE es muy activa en organizaciones multilaterales tales como la Comisión General de Pesca del Mediterráneo (CGPM) y la Comisión Internacional para la Conservación del Atún del Atlántico (CICAA), a fin de mejorar los conocimientos científicos y, sobre todo, de crear unas condiciones de competencia equitativas con el objetivo global de fomentar la sostenibilidad.

Para más información:

Memo/10/243

1 :

Reglamento (CE) nº 1967/2006 del Consejo, de 21 de diciembre de 2006.


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