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Bruselas, 7 de octubre de 2009

La crisis revela la urgente necesidad de intensificar y ampliar la coordinación y supervisión macroeconómicas en la zona del euro

El euro ha actuado como escudo de protección fundamental frente a las turbulencias de la mayor crisis económica y financiera acaecida desde la Segunda Guerra Mundial. Pero, además, la crisis muestra la importancia de abordar las divergencias de competitividad como una cuestión de interés común y sin más aplazamientos. La Declaración anual de 2009 sobre la zona del euro señala cómo hacerlo: mediante un ajuste interno eficiente que sitúe a la zona del euro en una senda de crecimiento sostenido y equilibrado y restablezca la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas.

«El euro ha actuado como escudo de protección en la crisis, incluso en los países de fuera de la zona del euro, pero no resuelve por sí solo los desequilibrios internos y externos. La zona del euro y el Eurogrupo deben redoblar sus esfuerzos para considerar las políticas económicas y presupuestarias una cuestión de interés común y abordar las divergencias de competitividad », ha asegurado Joaquín Almunia, Comisario encargado de Asuntos Económicos y Monetarios, quien ha añadido: «El lanzamiento de un nuevo Marco para el crecimiento, acordado por los líderes del G-20 en Pittsburgh, acrecienta la importancia de que la zona del euro hable con una sola voz para garantizar la debida defensa de sus intereses a escala mundial .».

El euro ha protegido a la zona del euro de las turbulencias de los tipos de cambio y de interés, que tan perjudiciales fueron en crisis anteriores. Asimismo, ha desempeñado un papel importante como punto de anclaje de unas políticas macroeconómicas sólidas en el caso de los Estados miembros que persiguen activamente la adopción del euro, o cuya moneda está vinculada a éste. La capacidad del BCE para actuar rápidamente en colaboración con los grandes bancos centrales ha contribuido a la estabilidad de todo el sistema monetario internacional.

Ahora bien, la crisis también ha puesto al descubierto la vulnerabilidad de algunos Estados miembros que han ido acumulando desequilibrios macroeconómicos. Las mismas condiciones macroeconómicas favorables que facilitaron la expansión del crédito en todo el mundo permitieron a algunos Estados miembros de la zona del euro financiar un crecimiento económico rápido pero cada vez menos equilibrado, ya que la afluencia de capital no siempre se canalizaba hacia sus usos más productivos. En sentido inverso, los países con un superávit por cuenta corriente sufrieron una caída inmediata del crecimiento en cuanto se ralentizó la demanda mundial, pues el motor de la demanda interna nunca llegó a tomar el relevo. Un trabajo incompleto en materia de saneamiento presupuestario y supervisión financiera, así como en la manera en que los Estados miembros coordinan las políticas económicas en la UEM, ha agravado esta vulnerabilidad y mermado la capacidad de la zona del euro para responder a la crisis.

El G-20 impone un mayor desafío a la zona del euro

Tal como se subrayaba en la Comunicación de la Comisión de 2008 «UEM@10: Logros y retos tras diez años de Unión Económica y Monetaria», para obtener el máximo rendimiento de la moneda única, los miembros de la zona del euro deben coordinar mejor sus políticas macroeconómicas, integrar en la supervisión los aspectos de la estabilidad macrofinanciera y la competitividad y mejorar su capacidad para hablar con una sola voz.

En la coyuntura actual, reviste especial importancia cumplir estos objetivos para garantizar una transición fluida de la todavía frágil recuperación a un crecimiento autosostenido y equilibrado, y para volver a situar las finanzas públicas en una senda sostenible. El aumento del potencial de crecimiento, lo que incluye buscar fuentes de recursos nuevas y más equilibradas, y la reducción de los niveles de deuda, inflados por la crisis, no son objetivos específicos de la zona del euro. No obstante, ésta comparte una moneda y tiene los mismos tipos de interés y de cambio, por lo que puede obtener más ventajas de la coordinación de sus políticas; combatir las causas subyacentes de una evolución negativa de la competitividad entre sus miembros debe formar parte integrante de su estrategia para salir de la crisis. La retirada bien planeada y coordinada de las medidas de estímulo presupuestario y apoyo a las empresas cuando llegue el momento, junto con la presentación de planes creíbles de reforma estructural, mejoraría las perspectivas de estabilidad de los precios y facilitaría la aplicación de la política monetaria única. La coordinación debe consistir esencialmente en ponerse de acuerdo sobre el calendario, el ritmo y la secuenciación adecuados para la normalización de las políticas aplicadas.

Asimismo, la Declaración anual aboga por una representación más efectiva en los organismos y foros financieros y económicos. Con un G-20 sólidamente establecido como la nueva plataforma de coordinación mundial de las políticas económicas, debe reconocerse la identidad económica e institucional única de la zona del euro. En este contexto, el Eurogrupo debe aspirar a desarrollar una posición común que contribuya a la aplicación del «Marco para un crecimiento fuerte, sostenido y equilibrado» mundial acordado por el G-20 en Pittsburgh.

La Comisión insta a los Estados miembros a que muestren la voluntad política y el liderazgo necesarios para plasmar los planteamientos comunes en actuaciones concertadas. Es de esperar que el Tratado de Lisboa impulse la mejora de la gobernanza económica de la zona del euro mediante el reconocimiento formal del Eurogrupo y su presidente y el fortalecimiento del papel de supervisión de la Comisión.

Los asuntos económicos planteados en la Declaración anual se exploran con más detalle en un informe anual complementario que, entre otras cosas, analiza de manera pormenorizada la respuesta política a la crisis y la emergencia del G-20 como foro esencial en el ámbito de la gobernanza económica mundial.

http://ec.europa.eu/economy_finance/thematic_articles/article15859_en.htm


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