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- Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, artículos 38 a 44

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La política agrícola de la UE —oficialmente denominada Política Agrícola Común o PAC— garantiza el equilibrio entre una producción alimentaria europea adecuada, la existencia de comunidades rurales económicamente viables y medidas para afrontar los retos medioambientales como el cambio climático, la gestión hidrológica, la bioenergía y la biodiversidad.

El queso parmesano auténtico, merecedor del sello de calidad de la UE.
Hace cincuenta años, el principal fin de la política agrícola de la UE era abastecer de alimentos a una Europa que intentaba recuperarse de una década de escasez inducida por la guerra. Para ello fue necesario subvencionar la producción y frenar la caída de los precios comprando los excedentes. Pero estas prácticas son agua pasada.
En la actualidad, la política de la UE pretende lograr que los productores de todo tipo de alimentos, ya sean cereales, carne, productos lácteos, fruta, verdura o vino, sean capaces de:
Ahora que los consumidores son cada vez más exigentes con la calidad de los alimentos, las marcas de calidad voluntarias de la UE les ayudan a elegir con conocimiento de causa. Estas etiquetas —que indican el origen geográfico y el uso de ingredientes o métodos tradicionales, incluida la producción ecológica— también contribuyen a que los productos agrícolas europeos sean competitivos en los mercados mundiales.
Las diversas reformas de la política agrícola de la UE también han fomentado la innovación en el sector de la agricultura y la transformación de alimentos, gracias a proyectos de investigación europeos que han incrementado la productividad y reducido el impacto medioambiental, aprovechando, por ejemplo, los subproductos y residuos de las cosechas para producir energía.
Las redes de seguridad financiera para ayudar a los agricultores siguen estando ahí, pero se utilizan de manera mucho más selectiva.
Así, por ejemplo, pueden utilizarse para aliviar emergencias puntuales, como catástrofes naturales o brotes de enfermedades animales como la fiebre aftosa, o mitigar los efectos de graves desequilibrios comerciales que puedan hacer peligrar a sectores completos de la economía rural.
La UE complementa los ingresos de los agricultores con ayudas directas que les permitan vivir dignamente, pero a cambio deben cumplir una serie de normas sobre higiene de las instalaciones, seguridad alimentaria, sanidad animal y bienestar de los animales, biodiversidad y conservación del paisaje.

Una amplia oferta a precios razonables, principio fundamental de la política agrícola de la UE.
La UE, que es el principal importador mundial de productos alimenticios y el mayor mercado de alimentos procedentes de los países en desarrollo, ha reformado recientemente sus sistemas de ayudas de tal modo que las subvenciones a las exportaciones agrícolas tienen ahora menos posibilidades de distorsionar los mercados mundiales.
Además, en la Ronda de Doha de conversaciones internacionales sobre el comercio, la UE ha propuesto eliminar por completo las subvenciones a la exportación para 2013, así como reducir considerablemente los derechos de importación de los productos agrícolas.
A pesar de las importantes reformas acometidas en los últimos años, será necesario poner en marcha otras nuevas una vez que expire el actual paquete de financiación en 2013.
Entre los retos pendientes figuran la necesidad de doblar la producción mundial de alimentos antes de 2050 para hacer frente al crecimiento de la población y al aumento del consumo de carne entre los consumidores que cuentan con más medios, todo ello con el telón de fondo de los efectos del cambio climático (pérdida de biodiversidad, deterioro de la calidad del suelo y del agua, etc.)
Cuando en 2010 se consultó a los europeos sobre estas reformas, contestaron que querían que la política agrícola de la UE ayudase a los agricultores no solo a producir alimentos sino también a conservar los recursos y paisajes naturales, a mejorar el bienestar de los animales y a mantener la viabilidad de las comunidades rurales, entre otras cosas.
En respuesta a la consulta, la UE ha publicado una serie de propuestas de reforma que reflejan estas peticiones y que hacen hincapié en prácticas agrarias sostenibles, la innovación, la investigación y la divulgación de los conocimientos, así como en un sistema de ayudas a los agricultores europeos más justo, que los prepare para afrontar los retos del mañana.
La política agrícola europea es la más integrada de todas las políticas de la UE, por lo que supone una gran parte de su presupuesto. Pero, en general, se trata de la suma que los gobiernos nacionales dedicarían a este sector de cualquier modo; la diferencia es que en este caso es la UE quien se ocupa de la gestión en lugar de los gobiernos nacionales.
Pese a todo, el nivel de gasto en el sector agrícola como porcentaje del presupuesto de la UE se ha reducido drásticamente en años recientes, pasando de un máximo que llegó a rozar el 70% en los años setenta a tan solo un 34% en 2007-2013.
Esto refleja tanto el aumento de las competencias de la UE en otros sectores como el ahorro derivado de las reformas, reformas que han permitido a la UE acoger a doce nuevos países miembros desde 2004 sin aumentar el gasto en el sector agrícola.