Dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos son los valores fundamentales proclamados al comienzo del Tratado de Lisboa. Todos los Estados miembros los comparten y debe respetarlos todo país que desee incorporarse a la Unión.
La defensa de esos valores y de la paz y bienestar de sus pueblos pasa a ser objetivo primordial de la Unión. A él se añaden otros más específicos, como el fomento de la justicia y la protección social y la lucha contra la exclusión social y la discriminación.
El Tratado de Lisboa contiene progresos importantes en materia de derechos fundamentales y abre el camino a la adhesión de la UE al Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales.
Asimismo, garantiza la aplicación de la Carta de los Derechos Fundamentales. Con ello, la UE se dota de un catálogo de derechos civiles, políticos, económicos y sociales que son jurídicamente vinculantes tanto para sus instituciones como para los Estados miembros a la hora de aplicar la legislación europea. La Carta enuncia todos los derechos fundamentales en seis capítulos: Dignidad, Libertades, Igualdad, Solidaridad, Ciudadanía y Justicia. También proclama otros derechos que no figuran en el Convenio Europeo (protección de datos, bioética y derecho a una buena administración) y consolida las medidas contra la discriminación por razón de sexo, raza y color. La Carta se refiere además a los derechos sociales en las empresas, como el derecho a la información y consulta de los trabajadores o el derecho de negociación y acción colectiva (huelga).
Pero además, el Tratado de Lisboa introduce un nuevo derecho que permite a todos dar su punto de vista sobre las cuestiones europeas: la posibilidad de que un grupo de al menos un millón de ciudadanos de un número significativo de Estados miembros firme una petición que inste a la Comisión a presentar una propuesta legislativa.

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