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Políticas para mejorar la vida

Encabezar la lucha contra el cambio climático, desarrollar una ambiciosa política espacial o garantizar la seguridad del suministro energético son algunos ejemplos de lo que ahora puede hacer la UE gracias al Tratado de Lisboa.

La Unión desarrolla muy variadas actividades que repercuten en nuestra vida cotidiana; pero no son menos complejos y diversos los desafíos que afronta Europa. El Tratado nos ayudará a seguir avanzando en un mundo de creciente competencia y cambios demográficos. Su introducción no sólo será positiva para el crecimiento y la competitividad, sino también en aspectos sociales: de ahora en adelante, toda política europea deberá favorecer el empleo, una protección social adecuada y la lucha contra la exclusión social.

Cambio climático y medio ambiente

El cambio climático es una de nuestras mayores amenazas actuales, pues afecta tanto a nuestra vida social y económica como a nuestro medio ambiente. Combatirlo en la escena internacional constituye, junto con el desarrollo sostenible, el frente principal de la política medioambiental europea. Desarrollo sostenible y protección del medio ambiente ya figuraban en los Tratados vigentes; pero el de Lisboa establece definiciones claras para permitir a la Unión una actuación más contundente.

Energía

El suministro energético es de crucial importancia para todos: baste recordar cómo para muchos europeos han aumentado las facturas en los últimos años. El Tratado de Lisboa permite a Europa garantizar el suministro y favorece el uso de recursos sostenibles y competitivos.

El Tratado contiene un capítulo expresamente dedicado a la energía en el que se definen las competencias fundamentales y los objetivos generales de la política energética: el funcionamiento de los mercados, la seguridad del suministro, la eficiencia y el ahorro, el desarrollo de formas nuevas y renovables y la interconexión de redes. Por vez primera existe un principio de solidaridad en virtud del cual, si un país miembro atraviesa graves dificultades de suministro energético, los demás le ayudarán a abastecerse.

Protección civil

El Tratado de Lisboa pretende facilitar la prevención y protección frente a catástrofes tanto naturales como provocadas por el hombre. La nueva base jurídica permite apoyar las medidas de los Estados miembros en este campo y fomentar la cooperación operativa. Ahora que empiezan a aparecer las primeras señales visibles del cambio climático en Europa (inundaciones e incendios), la cooperación entre los Estados miembros es más necesaria que nunca.

Salud pública

El bienestar de los ciudadanos europeos ocupa un lugar central en el Tratado de Lisboa, que prevé mejorar las políticas sanitarias. El Tratado contempla medidas cuyo objetivo directo es proteger la salud pública, incluidas las relativas al tabaco y el consumo excesivo de alcohol. Para mayor protección del paciente, la UE puede ahora establecer normas aplicables a los productos y dispositivos médicos. Por último, el Tratado ayuda a los Estados miembros a reaccionar en caso de alerta precoz de amenazas transfronterizas graves, tales como la gripe aviar. El Tratado permite a los Estados miembros movilizar todos sus recursos de manera coordinada y eficaz en caso de que las amenazas se concreten.

Servicios públicos

El Tratado de Lisboa reconoce el papel de los servicios públicos para la cohesión social y regional: los transportes, las escuelas y la asistencia sanitaria son vitales para todos nosotros. Un protocolo especial anexo al Tratado establece las claves de unos servicios de interés general eficaces y oportunos.

Política regional

El Tratado también consolida la cohesión económica, social y territorial en la Unión: por primera vez se incluye entre los objetivos de la UE el principio de cohesión territorial. El Tratado de Lisboa refuerza el papel de las regiones; la nueva definición del principio de subsidiariedad (la UE sólo actúa cuando los resultados puedan mejorar los que alcanzarían los Estados miembros) alude a los niveles local y regional.

Investigación

El Tratado de Lisboa sitúa en el núcleo de la política de investigación la creación de un Espacio Europeo de Investigación por el que investigadores, conocimientos y tecnologías circulen libremente. En un momento en que aparecen nuevos agentes mundiales deseosos de lanzar proyectos espaciales, el Tratado establece una nueva base jurídica para una política espacial coherente. Reconoce así explícitamente que Europa no puece pasar por alto los beneficios económicos y estratégicos de una política espacial.

Política comercial

A todos interesa que el comercio se mantenga justo y libre. El Tratado de Lisboa hace extensiva la política comercial europea a la inversión directa extranjera. Los instrumentos de la propiedad intelectual - marcas, diseños, patentes, derechos de autor - favorecen la innovación, el crecimiento y la competitividad. El Tratado de Lisboa facilita su protección uniforme en toda la Unión.

Deporte

El Tratado de Lisboa abre la puerta a una verdadera dimensión europea del deporte. Las nuevas disposiciones permiten que la Unión apoye, coordine y complemente las medidas de los Estados miembros, favorecen la neutralidad y transparencia de las competiciones y facilitarán la cooperación entre organismos deportivos Pero además, protegen la integridad física y moral de los y las deportistas, con especial atención a los jóvenes.

Economía

La zona del euro, compuesta por los países que han adoptado la moneda común, también funcionará mejor con el Tratado de Lisboa. La Comisión puede ahora dirigir advertencias "directas" a aquellos Estados miembros cuya falta de disciplina presupuestaria pueda amenazar el buen funcionamiento de la eurozona.

Protección de datos

El Tratado de Lisboa establece de modo inequívoco que toda persona tiene el derecho – por lo demás consagrado en la Carta de los Derechos Fundamentales - a la protección de sus datos personales.

Turismo

El Tratado de Lisboa contempla nuevas disposiciones específicas sobre turismo con el objetivo de convertir a la UE en el primer destino turístico mundial.

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