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Política de Seguridad y de Defensa Común

INTRODUCCIÓN

La Política de Seguridad y de Defensa Común (PSDC) sustituye a la antigua Política Europea de Seguridad y de Defensa (PESD). El Tratado de Lisboa cambia esta denominación dedicando a esta política una nueva sección en los tratados constitutivos. En consecuencia, el Tratado de Lisboa marca la importancia y la especificidad de la PSDC que, sin embargo, sigue siendo parte integral de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC).

Además de este nuevo reconocimiento, el Tratado de Lisboa introduce nuevas disposiciones cuyo objetivo es el desarrollo de la PSDC. Las principales innovaciones buscan instaurar de forma progresiva una defensa europea común.

De este modo, los Estados miembros pueden participar en misiones militares o humanitarias, y quedan en lo sucesivo vinculados por una cláusula de solidaridad en materia de defensa europea. Disponen de más medios para cooperar de forma más estrecha en este ámbito, sobre todo en la Agencia Europea de Defensa o a través de la aplicación de una cooperación estructurada permanente.

En la línea de los tratados anteriores, la PSDC sigue constituyendo un problema fundamentalmente intergubernamental. El Consejo de la UE decide principalmente por unanimidad. Por otro lado, los Estados miembros proporcionan la financiación y los medios operativos de las misiones llevadas a cabo en el marco de la PSDC.

AMPLIACIÓN DE LAS MISIONES LLEVADAS A CABO EN EL MARCO DE LA PSDC

La PSDC ofrece un marco de cooperación en el que la UE puede llevar a cabo misiones operativas en países terceros. El principal cometido de estas misiones es el mantenimiento de la paz y el refuerzo de la seguridad internacional. Se basan en los medios civiles y militares suministrados por los Estados miembros.

Hasta la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, las misiones que podían conducirse en el marco de la PSDC eran:

  • las misiones humanitarias y de evacuación;
  • las misiones de prevención de conflictos y de mantenimiento de la paz;
  • las misiones de fuerzas de combate para la gestión de crisis.

El Tratado de Lisboa añade a esta lista tres nuevas misiones:

  • las acciones conjuntas en materia de desarme;
  • las misiones de consejo y asistencia en materia militar;
  • las operaciones de estabilización al final de los conflictos.

El Consejo define los objetivos y las modalidades generales de aplicación de estas misiones. Con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, en lo sucesivo este puede delegar la ejecución de una misión en un grupo de Estados miembros que así lo deseen y que dispongan de los medios civiles y militares necesarios para ello. Por lo tanto, los Estados miembros encargados de llevar a cabo las operaciones deben informar regularmente al Consejo del estado de la misión. Actúan en mayor colaboración con el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.

Por otro lado, el Tratado de Lisboa reconoce la posible intervención de las fuerzas multinacionales en la aplicación de la PSDC. Estas fuerzas son el resultado de la alianza militar entre determinados Estados miembros que han decidido aunar sus medios, equipos y efectivos. Las principales “Eurofuerzas” son:

  • Eurofor, que agrupa fuerzas terrestres de España, Francia, Italia y Portugal;
  • Eurocorps, que agrupa fuerzas terrestres de Alemania, Bélgica, España, Francia y Luxemburgo;
  • Euromarfor, que agrupa fuerzas marítimas de España, Francia, Italia y Portugal;
  • el Grupo Aéreo Europeo, que agrupa fuerzas aéreas de Alemania, Bélgica, España, Francia, Italia, Países Bajos y Reino Unido.

CLÁUSULA DE DEFENSA MUTUA

El Tratado de Lisboa introduce por primera vez una cláusula de defensa mutua que vincula de forma específica a los Estados miembros de la UE. Gracias a ella, un Estado miembro que sea objeto de un ataque armado en su territorio podrá contar con la ayuda y la asistencia de otros Estados miembros que estarán obligados a prestarle auxilio.

Dos restricciones limitan esta cláusula:

  • la cláusula de defensa mutua no afecta a la política de seguridad y defensa de algunos Estados miembros, sobre todo de aquellos que son tradicionalmente neutros;
  • la cláusula de defensa mutua no afecta a los compromisos adquiridos en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) (EN) (FR).

LA AGENCIA EUROPEA DE DEFENSA

El Tratado de Lisboa amplía y detalla las competencias de la Agencia Europea de Defensa. Esta medida busca principalmente mejorar las capacidades militares de los Estados miembros. Para ello, la Agencia debe:

  • fijar objetivos comunes a los Estados miembros en materia de capacidad militar;
  • poner en marcha programas y garantizar una gestión que alcance los objetivos fijados;
  • armonizar las necesidades operativas de los Estados miembros y mejorar así los métodos de adquisición de los equipos militares;
  • gestionar las actividades de investigación en materia de tecnología de defensa;
  • contribuir al refuerzo de la base industrial y tecnológica del sector de la defensa y a la mejora de la eficacia de los gastos militares.

COOPERACIÓN ESTRUCTURADA PERMANENTE

La cooperación estructurada permanente designa una forma de cooperación todavía más profunda entre algunos Estados miembros en el campo de la defensa. Es objeto de un protocolo adjunto al Tratado de Lisboa.

En este marco, los Estados miembros participantes se comprometen a desarrollar de forma aún más intensiva su capacidad de defensa y a suministrar unidades de combate para las misiones programadas. Las contribuciones de los Estados miembros participantes también son objeto de una evaluación regular por parte de la Agencia Europea de Defensa.

La cooperación estructurada permanente debe ser autorizada por el Consejo, que decide por mayoría cualificada a petición de los Estados participantes. Su aplicación no requiere ningún límite de Estados miembros. Cada Estado miembro puede elegir libremente dejar o integrar la cooperación permanente, siempre que cumpla las condiciones de compromiso.

Última modificación: 07.05.2010
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