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Nueva asociación entre la UE y América Latina en los albores del siglo XXI

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A raíz de los resultados positivos de la estrategia de cooperación con América Latina iniciada en 1995, la Comisión desea estrechar los lazos con esta región habida cuenta de los intereses compartidos y de la visión similar que tienen del contexto internacional. Los objetivos de la Unión Europea consisten en una asociación estratégica para aumentar el poder de negociación, una cooperación económica y comercial para integrarse armoniosamente en el sistema económico mundial y una mayor ayuda para la cooperación. Se trata de hacer frente de manera coordinada a los nuevos retos, con la participación de la sociedad civil.

ACTO

Comunicación de la Comisión, de 9 de marzo de 1999, sobre una nueva Asociación Unión Europea/América Latina en los albores del siglo XXI [COM (99) 105 final - no publicada en el Diario Oficial].

SÍNTESIS

Es preciso favorecer la consecución de los objetivos políticos y económicos de la Unión Europea (UE) a escala internacional creando asociaciones con otras regiones. Así, por ejemplo, la asociación con América Latina iniciada en Río en 1992, que se funda en valores compartidos y prioridades comunes, entre las que figuran la búsqueda de la paz y la seguridad, la consolidación de la democracia y el fomento de los derechos humanos.

La Comisión afirma que la experiencia europea puede servir de referencia en América Latina en ámbitos como la democracia participativa, la integración económica, la cultura y la formación de directivos en un entorno de diversidad cultural y lingüística. La Comisión propone un diálogo entre la UE y América Latina basado en el principio del multilateralismo, la integración regional y la cohesión social. 3. La Comisión considera necesario estrechar sus relaciones con América Latina y consolidar la estrategia de 1995 (elaborada para el período 1996-2000), al tiempo que se hace frente a los nuevos retos, como la globalización. 4. Los tres ejes de actuación principales siguen centrándose en los ámbitos político y estratégico, los sectores económico y comercial, y la cooperación. La Comisión acoge con satisfacción los progresos realizados por América Latina en la gestión de los asuntos de interior (refuerzo institucional y consolidación de la democracia y del Estado de Derecho) y la integración en la escena económica y la política internacional (liberalización económica, apertura de los mercados, adhesión a la Organización Mundial del Comercio, etc.).

Los nuevos retos

No obstante, la Comisión cree necesario desarrollar una labor continua para hacer frente a los nuevos retos:

  • la consolidación de los sistemas democráticos;
  • la integración armoniosa en la economía mundial;
  • el refuerzo de los procesos regionales de integración;
  • la distribución más equitativa de la riqueza, que requiere previamente una determinada estabilidad macroeconómica;
  • una industrialización respetuosa de los principios del desarrollo sostenible;una atención continua a la inversión en capital humano.

Simultáneamente, la Comisión aboga por una labor conjunta para contrarrestar las consecuencias negativas de la mundialización, fenómeno que afecta tanto a la UE como a América Latina. Considera indispensable evitar la agravación o la aparición de disparidades entre regiones más avanzadas y regiones menos avanzadas. El encauzamiento de este fenómeno requiere reforzar las políticas internas de los países en desarrollo, reorientar la cooperación internacional hacia los países con mayores dificultades, liberalizar progresivamente la economía y consolidar la arquitectura financiera internacional con mecanismos de supervisión y reglamentación propios.

Un nuevo impulso a la asociación

Las relaciones entre la UE y América Latina han atravesado tres etapas sucesivas. En primer lugar, se concedía carácter prioritario a la cooperación al desarrollo, a continuación, a la apertura hacia la asociación económica y, en la actualidad, al enfoque regional y las relaciones basadas en el respeto de la democracia y los derechos humanos. La Comisión propone reforzar la estrategia respecto de esta zona, que se basa en un diálogo con tres vertientes: la creación de una alianza estratégica, el desarrollo sostenible y la participación de la sociedad civil.

La asociación estratégica tiene por objeto incrementar el poder de negociación en la escena internacional, sobre la base de una visión común del mundo. La UE y América Latina desean un sistema internacional fundado en el principio del multilateralismo, regido por normas consensuales de aplicación universal y mecanismos de vigilancia multilaterales. Por tanto, ambas tienen interés en trabajar conjuntamente.

Los ámbitos prioritarios son los siguientes.

  • La organización: reforma de las Naciones Unidas, creación de mecanismos de prevención y de resolución de conflictos, etc.;
  • La legislación y su aplicación: no proliferación de armas de destrucción masiva, control de los flujos migratorios, lucha contra los distintos tipos de tráfico ilegal, etc.;
  • El fomento de valores comunes: derechos humanos, democratización, desarrollo sostenible, estabilidad financiera y equidad social.

Para llegar a esa alianza estratégica, debería intensificarse el diálogo a tres niveles: América Latina en su conjunto, las agrupaciones regionales y la sociedad civil. En el primer nivel se abordarían los principales temas horizontales de interés común, con la posibilidad de organizar encuentros específicos de alcance sectorial, temático o técnico. Sin embargo, la Comisión considera que los interlocutores políticos privilegiados de la UE han de seguir siendo las agrupaciones regionales, pues de ese modo se ven favorecidos los vínculos políticos y los mecanismos de concertación y se incrementan la representatividad exterior y la flexibilidad, lo cual permite adaptarse mejor a la realidad. La sociedad civil debería participar en el diálogo para democratizar y desburocratizar la cooperación política.

El estrechamiento de la cooperación económica y comercial tiene por objeto integrar de manera armoniosa las economías respectivas en el sistema económico mundial, mediante sistemas productivos respetuosos del medio ambiente y normas de protección social. Para ello es preciso intensificar la cooperación en los siguientes ámbitos:

  • el desarrollo de los mercados y la integración regional, que favorecerán una demanda interna solvente;
  • la estabilización de los flujos financieros;
  • el fomento de la inversión duradera, lo cual requiere mayor estabilidad, transparencia y previsibilidad;
  • la dinamización del comercio a través del sistema de preferencias generalizadas (SPG), que se aplica a todos los países de la zona, excepto México y el Mercosur/Chile, que disponen de un marco relacional propio.

La cooperación financiera también debe intensificarse. La UE es el principal proveedor de fondos de América Latina, principalmente en forma de subvenciones. Ahora se trata de velar por la calidad de las intervenciones financiadas y de garantizar una gestión irreprochable. El impacto debe maximizarse mediante una asistencia más específica, acompañada de un marco jurídico de intervención completo y preciso, de una estrecha concertación entre los proveedores de fondos y de una mayor atención a las evaluaciones. En los sectores de intervención, se concederá carácter prioritario a las medidas complementarias y las acciones complementarias de las políticas, que, en aras de la coherencia, se ciñen a un número limitado de sectores de actividad.

La Comisión indica los siguientes temas fundamentales de cooperación:

  • el fomento de los derechos humanos;
  • el apoyo institucional y la consolidación de la democracia y el Estado de Derecho;
  • la lucha contra la pobreza y la exclusión social;
  • la enseñanza y la formación
  • el apoyo a la integración regional y la cooperación económica e industrial;
  • la cooperación descentralizada en el ámbito de la cultura y los valores comunes.

La UE y los países de América Latina

Las relaciones de la UE con América Latina en su conjunto constan de dos vertientes: el diálogo político en el marco el grupo de Río (que ha permitido progresos considerables en la adopción de posiciones comunes) y la cooperación centrada en las líneas de la estrategia de 1995, que ha dado resultados positivos. Además de ello, la UE es el mayor proveedor de fondos a América Latina con una aportación de más del 60 % del total recibido por la región (alrededor de 2 200 millones de euros), y el segundo socio comercial e inversor de la región.

Con Centroamérica, la cooperación se lleva a cabo conforme a las bases sentadas por el acuerdo marco de 1993, válido hasta la ratificación y la entrada en vigor del nuevo acuerdo de diálogo político y de cooperación firmado en diciembre de 2003. La renovación en 1996 del diálogo político de San José y la declaración de Florencia de ese mismo año contribuyeron a dar un nuevo impulso a la participación de la UE en el desarrollo de la región. Los ejes prioritarios son la consolidación del Estado de Derecho, la modernización de las administraciones públicas, las políticas sociales, el desarrollo del comercio y la integración regional.

Por otra parte, en 1996, la UE procedió a definir un marco para el diálogo político con la Comunidad Andina: la declaración de Roma, que prevé encuentros a nivel presidencial y ministerial. En diciembre de 2003, el diálogo condujo a la firma de un acuerdo de diálogo político y de cooperación, que, una vez ratificado, sustituirá a la declaración de 1996. La lucha contra la droga y el tráfico de estupefacientes es uno de los principales desafíos a los que se enfrenta la región; de ahí que se le dedique un diálogo de alto nivel UE-Comunidad Andina. Además de ello, la Comunidad Andina goza de un sistema de preferencias generalizadas en sus relaciones comerciales con la UE.

Las relaciones de la UE con Chile se fundan en el acuerdo marco de cooperación de 1996, que sustituye al de 1990. En noviembre de 2002 se firmó un Acuerdo de Asociación y desde febrero de 2003 se han aplicado algunas disposiciones (comercio, marco institucional, etc.) de manera provisional.

En el caso del Mercosur, el instrumento básico es el acuerdo marco interregional de cooperación entre la UE y el Mercosur, firmado en diciembre de 1995, que entró en vigor el 1 de julio de 1999 y que persigue la intensificación del diálogo político, la implantación progresiva de una zona de libre comercio y el estrechamiento de la cooperación.

En 1997 se firmó con México un Acuerdo de Asociación económica, de concertación política y de cooperación (acuerdo global), que entró en vigor el 1 de octubre de 2000. Existe asimismo un Acuerdo interino sobre comercio. Se ha adquirido el compromiso de intensificar el diálogo político, liberalizar el comercio a través de una zona de libre comercio y crear instrumentos de cooperación.

ACTOS CONEXOS

Declaración (EN ) (FR ) de la Cumbre de Río de 29 de junio de 1999.

Comunicación de la Comisión al Consejo y al Parlamento Europeo, de 31 de octubre de 2000, «Seguimiento de la primera cumbre celebrada entre América Latina, el Caribe y la Unión Europea» [COM (2000) 670 final - no publicada en el Diario Oficial].
En la presente Comunicación se exponen los principios generales y las acciones que la Comisión se propone emprender para contribuir a la consecución de los objetivos prioritarios establecidos en la Cumbre de Río de junio de 1999 entre la UE, América Latina y el Caribe, impulsando así su seguimiento.

Última modificación: 20.05.2008
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